tribunadegol full logo

Tottenham respira pero no despega: empate sin goles ante Nottingham

Tottenham Hotspur por fin dejó de perder. No es poco, viendo cómo había arrancado la temporada. En el City Ground, el equipo de Roberto De Zerbi sacó su primer punto del curso con un 0-0 áspero, físico, lleno de duelos y poco fútbol fluido ante Nottingham Forest. Un combate más que un partido.

El marcador no se movió, la racha de derrotas se cortó… pero la sequía continúa: tres jornadas de Premier League, ningún triunfo y ni un solo gol marcado. El alivio convive con una evidencia incómoda.

De Zerbi, satisfecho con el juego, frustrado con el resultado

El técnico italiano no se escondió tras el empate. Admitió la decepción por no ganar, pero defendió con fuerza la actuación de su equipo, subrayando un contexto clave: apenas empezó a trabajar con el grupo el jueves.

Para él, la base está. Insistió en que el equipo jugó bien, que la circulación fue buena, que en la salida de balón encontraron soluciones constantes ante la presión alta de Forest. Uno de los laterales quedaba libre casi siempre y Tottenham lo localizó durante los 90 minutos. En ese tramo, el plan funcionó.

El problema, según el propio De Zerbi, vive claramente en los últimos metros. Falta precisión en el último pase, en la elección final. Si ese engranaje se ajusta, el entrenador está convencido de que este grupo puede marcar “muchos, muchos goles”, porque calidad arriba hay de sobra. Pero ahora mismo, la teoría no se traduce en la red moviéndose.

Cambios obligados y equilibrio roto

El segundo tiempo dejó otro matiz que no gustó al técnico. El cuerpo médico le pidió sustituir a Savio y Destiny Udogie pasada la hora de partido. Entraron Kudus y Robertson, que cumplieron, pero el propio De Zerbi reconoció que quizá dos cambios tan importantes a la vez no ayudaron al equipo en ese momento.

Sin embargo, no quiso correr riesgos. Savio es “demasiado importante”, lo mismo que Udogie. Con el historial de lesiones reciente, el mensaje es claro: nada de heroísmos en septiembre. El peaje, eso sí, fue evidente. Tottenham perdió algo de balance, de conexiones, de automatismos. Y un equipo que ya sufre para generar ocasiones claras notó el golpe.

Un bloque que compite atrás… y se apaga arriba

Defensivamente, el paso adelante es real. De Zerbi aseguró que su equipo defendió “muy, muy bien”, y hay argumentos para sostenerlo. El sistema exige a la línea defensiva vivir al límite, expuesta, porque la idea es que las ventajas ofensivas compensen el riesgo atrás. Hoy, ese equilibrio está descompensado: el riesgo existe, la recompensa todavía no.

En ese contexto, la figura de Micky van de Ven se agiganta. El central se siente cómodo en el caos, en los metros abiertos, en los duelos que el sistema le obliga a afrontar. Junto a su compatriota Jan Paul van Hecke ha dado solidez a una zaga que, incluso en la derrota de la semana pasada ante Newcastle, solo se vio castigada a balón parado. Van de Ven, hoy, eleva el suelo competitivo de Tottenham más que nadie.

El techo, en cambio, está peligrosamente bajo. El propio De Zerbi lo dijo: sobre el papel, el ataque impresiona. En el césped, no.

El gran vacío: sin cerebro en tres cuartos

Ahí se concentra la gran grieta del proyecto. Tottenham puede avanzar, puede salir limpio desde atrás, puede encontrar a sus laterales libres… pero cuando pisa el último tercio, se queda sin un director de orquesta. No hay un auténtico creador en el centro del campo, un verdadero “10” que reciba entre líneas, gire y desordene.

El resultado es previsible: el balón viaja casi siempre hacia fuera. Se progresa por banda, se encaran duelos individuales, se encadena regate tras regate, pero el rival tiene tiempo de sobra para replegar, cerrar espacios y poblar el área. Forest ofreció el manual: presión alta de inicio para incomodar la salida, y luego bloque bajo, nueve o diez hombres alrededor del área, esperando el error.

Tottenham, lleno de regateadores brillantes pero sin un organizador, nunca encontró la llave. La posesión se acumuló, los intentos también, pero sin esa chispa central que rompa líneas, todo terminó en centros forzados, paredes sin filo o disparos lejanos.

¿Esperando a James Maddison… o a algo más?

El nombre que sobrevuela el problema es evidente: James Maddison. El escenario ideal para el club pasa por su regreso pleno, que recupere su mejor nivel tras prácticamente un año en blanco. Si vuelve a ser el de antes, parte del vacío creativo puede taparse.

La realidad, sin embargo, apunta a un camino más largo. La plantilla ha cambiado mucho respecto a la temporada pasada, pero la herida es la misma: un equipo que vive de la inspiración individual por fuera y que sufre para inventar por dentro. Hasta que no encadene varios partidos viendo puerta, los rivales seguirán cómodos encerrados atrás, sin necesidad de abrirse.

Tottenham ya ha aprendido que puede resistir y competir sin desmoronarse. Ahora falta lo difícil: convertir ese esfuerzo en goles. La pregunta es cuánto tiempo puede aguantar un proyecto tan ambicioso sin que el marcador empiece, por fin, a contar su historia.

Tottenham respira pero no despega: empate sin goles ante Nottingham