Stuttgart derrota a Everton en amistoso con problemas de definición
En el MHPArena, en una tarde pensada para afinar detalles antes de que empiece lo serio, Everton se topó con una verdad incómoda: genera ocasiones, muchas, pero no sabe rematarlas. VfB Stuttgart se impuso 3-1 en el segundo y último amistoso de la gira por Alemania, en un partido que el marcador no termina de explicar… pero sí delata el gran problema de los de Liverpool.
Un arranque bajo presión y un castigo anunciado
Jarrad Branthwaite, con el brazalete, encabezó al equipo en un once en el que Hayden Hackney era titular y donde la pareja de centrales O'Brien–Branthwaite apenas duró unos minutos antes de romperse por lesión de Iroegbunam, sustituido por Michael Keane. Christian Nørgaard, recién fichado, ni siquiera viajó; James Garner sigue recuperándose de una cirugía menor en la ingle. En la derecha, otra vez Röhl como lateral de emergencia.
El balón fue de Stuttgart desde el inicio. Everton corría detrás, aguantando como podía, con Branthwaite imponiéndose en un par de acciones críticas. Beto, aislado, encontró una primera opción a la contra, se abrió paso con potencia… y regaló la pelota en el último toque. Un resumen anticipado de su tarde.
O'Brien concedió un córner que casi termina en gol local, con un disparo desde ángulo cerrado que se marchó desviado. Dibling intentó arrancar con balón, pero se le vio incómodo, impreciso. Hackney forzó un pase vertical imposible y, cada pérdida, era un nuevo ataque alemán.
Con el paso de los minutos, Everton empezó a respirar. El portero de Stuttgart regaló un balón a Alcaraz, que habilitó a Beto. El portugués, solo, disparó muy desviado. Había robos altos, buenas recuperaciones en medio campo, pero la jugada se moría una y otra vez en el último tercio.
Hasta que llegó el golpe. Una buena circulación de Stuttgart, un balón suelto en la frontal y Nartey reventó la pelota a la escuadra, por encima de Travers, directo al techo de la red. Un gol que hacía justicia al dominio inicial del equipo local.
Everton respondió. Branthwaite rompió líneas desde atrás, Alcaraz condujo, Röhl apareció por la derecha y su disparo fue bloqueado. Beto probó una chilena imposible, sin éxito. Alcaraz se escapó y puso un centro raso y tenso que el delantero no alcanzó por centímetros.
Dibling fue creciendo. Rompió por dentro, pero sus centros salían blandos, fáciles para los defensas. Llegaron minutos de asedio visitante: una sucesión de llegadas sin remate claro. Cada vez que la pelota pedía decisión, faltaba precisión o instinto.
Röhl encontró a Beto con un gran balón. El nueve, en posición franca, eligió centrar al segundo palo para Dibling en lugar de finalizar. El centro fue inalcanzable. Poco después, un saque largo de Travers lo volvió a dejar de cara: Beto peinó para Röhl, el alemán devolvió un centro perfecto y, con todo a favor, el portugués falló al aire. Una ocasión increíble, de esas que se recuerdan en el vestuario con cara seria.
Everton siguió llegando. Röhl centró para Dibling, cuyo disparo obligó a una buena parada baja. En el córner, Dibling puso un balón medido y Beto, otra vez, cabeceó por encima cuando solo necesitaba rozarla.
Stuttgart, casi desaparecido en ataque durante ese tramo, avisó con un zapatazo de Mittelstädt desde 25 metros que se fue alto. En el siguiente córner, un cabezazo potentísimo buscaba la escuadra hasta que Travers voló y lo sacó con una mano espectacular. El guardameta sostuvo al equipo en otra ocasión clara, desviando con el pie un disparo raso tras una combinación rápida del conjunto local.
Everton aún tuvo tiempo para una contra más antes del descanso: Alcaraz lanzó a Röhl por la derecha, pero su centro no encontró a Beto. El delantero volvió a frenar en seco en una transición que pedía atacar el espacio. El descanso llegó con una sensación clara: el partido estaba abierto, y si los ingleses supieran definir, ya irían varios goles arriba.
Travers resiste, pero la falta de pegada condena
Sin cambios en el intermedio, Alcaraz puso el balón en juego para el segundo acto. Stuttgart salió más afilado. Travers encadenó paradas de mérito, incluida una intervención sobre la línea tras un cabezazo de Alcaraz hacia su propia portería en un córner. El portero, otra vez, evitaba el desastre.
Dibling empezó a ganar duelos, a conducir con más decisión. Beto, rodeado por dos centrales, apenas encontraba espacio. Keane fue señalado por una falta que permitió a Stuttgart volver a instalarse arriba. Dibling, insistente, combinó con Röhl, que centró sin encontrar rematador. El joven inglés robó un balón y forzó una falta peligrosa, pero Everton eligió jugar hacia atrás, apagando cualquier atisbo de amenaza.
Stuttgart respondió con un latigazo al poste, con Travers ya batido. El aviso era serio. Mykolenko, en el otro lado, desperdició una buena proyección con un centro pésimo. Keane, con un envío largo, encontró a Beto, que de nuevo trabajó bien… hasta que entregó el balón a un defensa.
Armstrong tuvo su momento, bien habilitado por Dibling, pero ni siquiera logró forzar córner. Stuttgart, fiel a su plan, aceleró con una serie de paredes rápidas que terminaron en un córner y en una tanda de cambios masivos pasada la hora de juego. Everton defendió dos saques de esquina, el segundo con un cabezazo blando que dejó a Travers vendido, pero sin consecuencias.
Sean Dyche (o el cuerpo técnico presente) también movió piezas: Dewsbury-Hall, Ndiaye, Barry y George fueron entrando para dar aire y piernas. Ndiaye, más vertical, soltó rápido a Barry por la derecha, aunque el joven extremo se quedó sin apoyo y perdió la pelota. Branthwaite preocupó al banquillo llevándose la mano al muslo —o quizá a la rodilla—, pero tras hablar con los fisios decidió seguir.
En una de las pocas acciones en las que Beto encontró premio, un intercambio rápido permitió a Everton pisar área. El delantero voló por encima del portero en una acción muy discutible y el árbitro señaló un penalti extremadamente blando. Beto lo convirtió con calma en el minuto 72, ajustando el disparo y firmando el 3-1 desde los once metros.
Stuttgart no se descompuso. Volvió a trenzar jugadas con criterio, obligando a Hackney a sacar un balón muy peligroso desde el corazón del área. Poco después, un centro medido terminó en un cabezazo que rozó la parte superior del larguero de King, ya en el campo tras sustituir a Travers. El guardameta de refresco tuvo también una parada rutinaria ante un disparo escorado.
Con el carrusel de cambios, el partido perdió forma. Menos asociaciones, más imprecisiones. Aun así, Stuttgart encontró el camino hacia el tercer tanto tras un despeje deficiente de Keane: la pelota volvió al área con velocidad y el remate final fue demasiado sencillo. Gol y sensación de fragilidad defensiva en el tramo final.
Everton todavía tuvo un último arreón en el larguísimo añadido, casi diez minutos. Un córner encontró la cabeza de Keane, cuyo remate fue sacado sobre la línea. Ndiaye recogió el rechace, disparó dos veces, con una de esas acciones que quizá cruzó la línea, pero sin veredicto favorable. En otro saque de esquina, Dewsbury-Hall ganó el salto y el balón se perdió por poco junto al palo.
El pitido final cerró una buena prueba física, un amistoso intenso, pero también dejó al desnudo el problema que condiciona todo lo demás: Everton genera para ganar, pero falla como un equipo que se complica la vida solo. Y en una temporada larga, en la que cada gol cuenta, la pregunta ya no es si juega bien o mal, sino cuántos puntos puede costarle esta alarmante falta de puntería.





