Ronwen Williams y el desafío de Bafana Bafana en el Mundial
En Atlanta, a miles de kilómetros de casa, Ronwen Williams se prepara para uno de los partidos más importantes de su carrera. Pero el rival no es solo Czechia ni la presión de un Mundial. El capitán de Bafana Bafana también está lidiando con algo más corrosivo: el odio que le llega desde las pantallas de sus propios compatriotas y de otros rincones del continente africano.
El sueño de una generación sudafricana que creció viendo el Mundial 2010 en casa se ha ido enturbiando. No solo por el mal arranque en el torneo, con la derrota 2-0 ante Mexico en el Azteca Stadium, sino por el clima político que rodea al país y que ahora salpica de lleno a la selección.
Un Mundial atravesado por la política
El servicio de protección en redes sociales de la FIFA ha detectado niveles de abuso sin precedentes contra los jugadores de Bafana Bafana desde el inicio de este Mundial. Los incidentes registrados en apenas una semana ya superan los de todo el torneo disputado en Qatar hace cuatro años.
La fecha no podría ser más simbólica: este jueves, Día Internacional para Contrarrestar el Discurso de Odio, Bafana se juega buena parte de su futuro en el Grupo A ante Czechia en el Atlanta Stadium. Mientras tanto, a pocos kilómetros, en el National Centre for Civil and Human Rights, se hacía público el informe que confirma el calibre del acoso digital que sufre la plantilla.
La derrota ante Mexico encendió la mecha. El discurso antiinmigración dominante en Sudáfrica le echó gasolina.
El grupo de vigilancia March and March, que se define como “un movimiento ciudadano de base que aborda la creciente preocupación por la inmigración indocumentada en Sudáfrica”, ha ganado protagonismo hasta el punto de forzar al presidente Cyril Ramaphosa a anunciar medidas para reforzar las fronteras. March and March ha fijado el 30 de junio como fecha límite para que los migrantes indocumentados abandonen el país. No han dicho abiertamente qué ocurrirá después, pero las imágenes de sus marchas insinúan un escenario de posible violencia.
El fútbol, inevitablemente, ha quedado atrapado en medio.
“Nos atacan por cosas que no dijimos”
En este clima, Bafana se ha convertido en blanco de una parte del continente que mira a Sudáfrica con rabia. Muchos aficionados africanos han pasado de apoyar a la selección a lo que algunos llaman “hate watching”: seguir sus partidos esperando su caída. El capitán lo siente en primera persona.
“Sabemos lo difícil que es ahora en redes sociales, donde todo el mundo te ataca”, admite Ronwen Williams. “A veces es por información falsa. Si pierdes un partido y no rindes, como jugadores puedes aceptarlo. Puedes levantar la mano. Pero cuando hay información falsa circulando, entonces duele”.
Una frase inventada, atribuida a Williams y recogida incluso por medios de prestigio, aseguraba que el equipo estaba “apenado” por los africanos que apoyaron a Mexico y que “casi se les escapa una lágrima”. El guardameta lo desmiente con contundencia.
“He sido objetivo en los últimos días por cosas que no dije. No dije nada sobre África, ni sobre gente apoyando a Mexico. Siempre he dicho que, como África, somos uno. Nos apoyamos en los buenos y en los malos momentos”, explica. “Todos tenemos nuestra propia política, nuestros propios problemas y nuestras propias luchas en casa. Cada país los tiene. No sé de dónde viene eso. Duele. Me han atacado… también a mi país, por cosas que están pasando en casa”.
No es la primera vez que la selección paga el precio de la tensión xenófoba. En 2019, Madagascar y Zambia se negaron a disputar amistosos contra Bafana por la oleada de ataques contra extranjeros en Sudáfrica. Aquel vacío de preparación dejó a Molefi Ntseki, recién llegado al banquillo tras la etapa de Stuart Baxter, sin rodaje antes de las eliminatorias de la Copa Africana de Naciones 2021. El resultado fue devastador: Sudáfrica no se clasificó, tercera en un grupo con Ghana, Sudan y São Tomé and Príncipe.
Seis años después, la factura vuelve a pasar por el vestuario.
“Somos futbolistas, no políticos”
“Los jugadores también somos seres humanos. Lo vivimos, a veces se hace demasiado”, reconoce Williams. “Quieres centrarte en hacer tu trabajo, que es ser futbolista, pero terminas metido en política aunque no quieras entrar en ese espacio”.
El contraste con lo que el propio capitán ve en Atlanta es llamativo. “Estamos en Atlanta ahora, y veo tantos africanos… tantos sudafricanos y gente de Mexico, en una misma sala. Esa es la belleza del deporte. Esa es la belleza del fútbol”.
Su mensaje es claro: “Disfrutemos y pasémoslo bien, dejemos la política a los políticos. Dejemos que nosotros juguemos al fútbol y disfrutemos. Criticadnos por lo que pase en el campo, pero las cosas fuera del campo… no podemos manejarlas y no tienen nada que ver con nosotros. Como africanos, unámonos y sigamos adelante, porque estamos todos juntos en esto”.
El reto mental antes de Czechia
El calendario no espera. Bafana Bafana necesita reaccionar ante Czechia para no quedar al borde del abismo en el Grupo A. Los dos primeros de cada grupo avanzan directamente a octavos, y solo ocho de los doce terceros mejor clasificados completarán el cuadro de los 32 mejores. Cada punto cuenta, cada error se paga.
La pregunta es si los jugadores serán capaces de blindarse ante el ruido.
“Por triste que suene, los jugadores han aceptado que el abuso online es así ahora en el mundo”, admite Williams. El vestuario ha tenido reuniones para hablar del tema. Ahí aparece la figura de Hugo Broos, clave para marcar el rumbo. “Tenemos un entrenador experimentado en el coach Hugo, que dice que lo más importante es analizar el partido. Eso es lo más importante: bloquear el ruido, centrarnos en cómo podemos mejorar, aprender de nuestros errores y mantenernos unidos como equipo”.
El capitán sabe que, si escuchan todas las voces, están perdidos. “Si vas a escuchar la opinión de un millón de personas, vas a perder la cabeza. En este momento, el comentario más importante y la persona a la que hay que escuchar es nuestro entrenador y el cuerpo técnico. Él nos conoce, y nosotros le conocemos. Conoce nuestras fortalezas y debilidades”.
Dentro del grupo, el pacto es sencillo, casi militar: “Estamos ahí los unos para los otros. Vinimos juntos y nos iremos juntos. Así que mantengámonos unidos como equipo y sigamos concentrados”.
Entre el odio en redes y el ruido político, Bafana Bafana llega al duelo ante Czechia jugando dos partidos a la vez. Uno se disputa sobre el césped. El otro, mucho más silencioso, se libra en la mente de un grupo que sabe que este Mundial puede definir no solo su generación, sino también la forma en que el continente mira a Sudáfrica en los próximos años.





