Rodri defiende a Lamine Yamal: la permisividad arbitral es preocupante
En plena euforia por el pase a la final, Rodri no quiso dejar pasar un detalle que, según él, se repite ya demasiado: los golpes que recibe Lamine Yamal sin castigo arbitral. El centrocampista fue directo, sin rodeos, al señalar lo que considera un patrón preocupante.
«Lo que está claro es que llevamos tres partidos con este tema del número de faltas», lanzó tras el encuentro. «Entiendo que algunas pueden no serlo, pero hablamos de 10 o 15 acciones en las que el chaval va al suelo, le entran, y las tienen que pitar, porque si no los defensas van a seguir haciendo lo mismo. La permisividad ha sido bastante flagrante hoy».
Las estadísticas del partido, sin embargo, dibujan otra realidad: los registros oficiales recogen solo una falta recibida por Lamine Yamal. Una única acción. Esa, precisamente, la del minuto 22 que terminó en penalti y que Mikel Oyarzabal transformó para abrir el marcador.
La ironía estuvo servida. Esa misma decisión encendió la indignación del seleccionador de Francia, Didier Deschamps, que también cuestionó el arbitraje de Barton. Dos visiones enfrentadas, un mismo foco: el listón del colegiado.
El trabajo invisible de Lamine
Entre la polémica, Rodri se encargó de subrayar lo que para él importa de verdad: el impacto de Lamine Yamal en el plan de partido. El extremo, que había cumplido 19 años apenas un día antes de la semifinal, fue una pieza clave en la estrategia para contener a Kylian Mbappé y desactivar el filo ofensivo de Francia.
No necesitó firmar una exhibición estadística. Solo lleva un gol en el torneo, pero su peso competitivo se mide en otros parámetros: ayudas defensivas, coberturas, metros recorridos, duelos en banda. Trabajo sucio, silencioso, pero decisivo.
Ante las cámaras de TVE, Rodri no escatimó elogios: «Lamine Yamal ha hecho un partido fantástico, sobre todo sin balón ha estado sensacional y nos ha ayudado muchísimo». Una frase que resume bien el respeto que el vestuario le ha otorgado ya a un jugador que, pese a la edad, se comporta como si llevara una década en la élite.
La final, como cima de una carrera
Sellado el billete para el gran escenario, Rodri ya tiene la mente en lo que viene. Lo define sin titubeos: el punto más alto de su trayectoria profesional. Da igual si al otro lado aparece Argentina o Inglaterra; lo que le espera, lo sabe, es un partido jugado a una intensidad brutal.
Su reivindicación sobre el arbitraje no es un desahogo aislado, sino una advertencia de cara a ese duelo definitivo. Si el nivel de contacto se dispara y el silbato no acompaña, el talento de jugadores como Lamine Yamal quedará expuesto a un castigo constante.
«Muy feliz, muy orgulloso, sobre todo de mi equipo, de mi país, de lo que esto representa para nosotros», confesó el mediocentro. «Tenemos que descansar y recuperarnos bien porque seguramente tenemos por delante el partido más importante de nuestras vidas. Descansar y un partido enorme».
Ahí está el mensaje. Entre la denuncia y el elogio, entre la protección al joven talento y la ambición por tocar la gloria, Rodri marca el tono de una selección que ya mira a la final con una certeza: el margen de error, también para los árbitros, se ha acabado.






