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Raphinha brilla en la victoria del Barça sobre Sevilla

En el Ramón Sánchez-Pizjuán, el resultado fue brillante. El camino, no tanto. Hansi Flick salió con la victoria, con un hat-trick demoledor de Raphinha y con un cabreo considerable por la primera parte de su equipo. Pragmatismo puro en una noche en la que el brillo individual del brasileño tapó, solo a ratos, las grietas colectivas del Barça.

Fofana enciende al Sánchez-Pizjuán

Sevilla salió como un tifón. Intensidad, duelos ganados, agresividad en cada balón dividido. El Barça, encogido. Y el castigo no tardó en llegar: Youssouf Fofana abrió el marcador en el minuto 18 y desató la euforia en la grada. El plan de Luis García Plaza funcionaba: presión alta, ritmo frenético y un rival obligado a correr hacia atrás.

En la banda, Flick no disimulaba la frustración. Gritos, gestos de desaprobación, constantes indicaciones. El técnico alemán vio a su equipo superado en casi todos los aspectos durante ese primer tramo. Lo reconoció sin rodeos después: “Fue un partido difícil, sobre todo la primera parte. No jugamos a nuestro nivel”.

El Barça, acostumbrado últimamente a goleadas plácidas, se encontró de golpe en un contexto incómodo, exigido, con Sevilla mordiendo cada salida de balón. El descanso llegó como un alivio para los azulgranas y como una sensación de oportunidad para los locales.

El ajuste de Flick y el show de Raphinha

En el vestuario cambió el tono. Cambió el Barça. Flick fue claro con los suyos: habían concedido demasiado, no estaban jugando al estándar que exige el escudo. “Les dije que habíamos concedido demasiado y que no estábamos jugando a nuestro nivel. Tenemos que hacerlo mucho mejor. La segunda parte fue mucho mejor”, explicó.

Y ahí apareció Raphinha. Renovado hasta 2030 y con el foco encima, respondió como lo hacen los futbolistas que marcan diferencias: con goles. Tres. Un hat-trick implacable que desarmó la defensa del Sevilla y justificó, en 45 minutos, la apuesta del club por su continuidad.

Cada vez que tocaba la pelota, el brasileño olía a peligro. Desmarques agresivos, definición fría, instinto de killer. Flick lo resumió con una frase que pesa: “Raphinha es un jugador que cambia partidos; estoy muy contento con él y con la decisión del club de renovar su contrato. Nos da mucho, fortalece al equipo”.

El Barça dejó atrás la versión dubitativa del inicio y se asentó en campo rival. Más compacto, más junto, más reconocible. No fue una exhibición coral, pero sí una respuesta de equipo grande ante una noche torcida.

Lamine Yamal, el otro detonante

En medio del vendaval de Raphinha, Flick no se olvidó de otro nombre propio: Lamine Yamal. El técnico lo colocó en la misma categoría de influencia: “También quiero destacar a Lamine, que también es un jugador que cambia partidos”.

Entre los dos, estiraron al equipo, castigaron los espacios y obligaron al Sevilla a recular. El Barça no firmó una goleada de cinco tantos, algo a lo que se ha ido acostumbrando en las últimas semanas, pero sí exhibió algo que el entrenador valora incluso más: capacidad de adaptación.

“No siempre se puede ganar de cinco goles. Lo mejor que hicimos fue recuperarnos de lo que hicimos en la primera parte”, apuntó Flick. Menos fuegos artificiales, más madurez táctica. Para él, esa fue la verdadera victoria de la noche.

Orgullo y resignación en Sevilla

En el otro banquillo, quedó una mezcla de orgullo y resignación. Luis García Plaza vio a su equipo rozar un partido perfecto durante media hora. Intensidad máxima, un gol, un líder de la Liga incómodo y obligado a sufrir. Luego, la realidad de la diferencia de nivel se impuso.

“Tuvimos una primera parte extraordinaria, pero luego no pudimos mantener ese nivel en la segunda”, admitió el técnico. No buscó excusas ni maquilló el contexto competitivo: “Como dije antes del partido, Barcelona está a años luz del resto de la liga”.

Su Sevilla, aun así, dejó una imagen valiente. Llevó al límite al líder durante ese primer tramo, lo sacó de su zona de confort y obligó a Flick a tomar decisiones. En un campeonato donde la brecha económica y deportiva es evidente, ese tipo de actuaciones se celebran puertas adentro.

Un líder con los pies en el suelo

Mientras desde fuera se mira al Barça como una máquina de goleadas, Flick levanta la mano y rebaja el ruido. No quiere un equipo que viva solo del talento ofensivo y de noches exuberantes. Prefiere uno que sepa sufrir, corregir y ganar cuando el plan inicial se tambalea.

En Sevilla, el técnico encontró justo eso: un aviso en la primera parte y una respuesta adulta en la segunda. Raphinha y Lamine Yamal encendieron los focos. La lectura fría del entrenador, en cambio, apunta a algo más profundo: un líder que empieza a entender que los títulos también se construyen en noches ásperas como esta.

La pregunta, ahora, es cuántas veces más podrá el Barça apoyarse en el genio de sus desequilibrantes antes de que la exigencia del calendario obligue a dar un paso definitivo en lo colectivo. Porque los hat-tricks pasan. La madurez, si se asienta, se queda.

Raphinha brilla en la victoria del Barça sobre Sevilla