tribunadegol full logo

Rangers de Derek McInnes empata en Tannadice

El telón de la Scottish Premiership se levantó con más dudas que certezas para Rangers. El equipo de Derek McInnes, en su estreno liguero al mando del club de Ibrox, no pasó del 1-1 ante un Dundee United intenso, ordenado y sin complejos en Tannadice. Un punto que sabe a poco para los de Glasgow y que refuerza la sensación de que el proyecto aún está a medio hacer.

Un United valiente y un Rangers irreconocible

Rangers empezó mandando en el arranque, como se esperaba. Lawrence Shankland, referencia ofensiva del nuevo proyecto tras su llegada desde Heart of Midlothian, rozó el gol con un taconazo elegante que Jack Walton desvió con reflejos felinos. Parecía el preludio de una noche cómoda.

Fue un espejismo.

Dundee United se asentó, ganó duelos, se animó con balón y comenzó a atacar con criterio. La recompensa llegó con una jugada coral de manual. Jesse Randall apareció por la derecha, puso un centro tenso al área y Zac Sapsford dejó pasar el balón con un inteligente amague. La pelota le cayó a Lachlan Rose, que definió de zurda, rasa y ajustada al palo, imposible para el debutante Ivor Pandur. Cuarto gol de la temporada para el atacante y ventaja merecida al descanso.

El Rangers de la primera parte fue plano, impreciso y sin colmillo. Djeidi Gassama, señalado por su actuación errática, terminó sustituido tras un primer tiempo en el que apenas aportó profundidad ni acierto. Para un equipo que aspira al título, la imagen resultó preocupante.

El giro de McInnes y el latigazo de Aasgaard

McInnes reaccionó en el descanso. Entraron Dan Neil y Youssef Chermiti, y el partido cambió de tono. Rangers adelantó líneas, ganó metros y por fin empezó a encadenar posesiones con sentido. Walton, sin embargo, mantuvo el muro con un par de intervenciones decisivas que sostuvieron a United en los momentos de mayor agobio.

Hasta que apareció Thelo Aasgaard.

El centrocampista noruego controló en la frontal con un primer toque que le abrió el ángulo y, sin pensárselo, soltó un zurdazo seco, violento, que superó la estirada desesperada de Walton. Golazo. El 1-1, a los 56 minutos, parecía el punto de inflexión que necesitaba Rangers para imponer su jerarquía.

No lo fue.

El tanto de Aasgaard quedó como un destello aislado en una noche irregular. Rangers no consiguió sostener el impulso, ni someter al rival como exige su escudo. El juego se rompió, el duelo se convirtió en un ida y vuelta y la sensación de control se evaporó.

Ocasiones, nervios y una oportunidad imperdonable

Con el partido estirado, ambos equipos olieron la posibilidad de llevarse los tres puntos. Chermiti ofreció más profundidad que Ryan Naderi, atacó mejor los espacios y generó dudas en la zaga local. Dan Neil pidió balón, quiso mandar en la medular y dio algo de criterio a un equipo que lo había echado en falta.

Pero las decisiones finales volvieron a traicionar a Rangers. En una acción cargada de tensión, Chermiti optó por el disparo cuando tenía a Shankland mejor colocado. La reacción del internacional escocés, visiblemente molesto, retrató el estado de frustración del vestuario de Ibrox.

El golpe más claro, sin embargo, fue para Dundee United. Daniel Bennie filtró un pase delicioso que dejó a Randall solo ante Pandur. Tiempo, espacio, calma. El escenario soñado. Pero el neozelandés eligió la vaselina fácil, telegrafiada, directa a las manos del guardameta. Una ocasión “gloriosa”, como la describiría después Jim Goodwin, que pudo cambiar la noche y el relato del estreno liguero.

United, sólido atrás, trabajador sin balón y siempre amenazante en transición, se ganó el respeto de su público y de su rival. Su tridente de perfil oceánico se combinó bien en el gol y dejó destellos de química, aunque la falta de colmillo en el tramo final les privó de un triunfo que tuvieron en la mano. Para colmo, Rose terminó sustituido con la parte alta de la pierna fuertemente vendada, un detalle que deja una pequeña nube sobre una actuación individual notable.

Un Rangers en construcción y un mensaje claro

El empate deja una lectura nítida para Rangers: el verano de transición no ha terminado. El equipo necesita más, sobre todo en bandas, donde el propio rendimiento de Gassama alimenta la sensación de que aún falta un extremo de impacto para sostener las aspiraciones al título. El propio McInnes lo asumió sin rodeos: su equipo trabajó para volver al partido, pero no hizo lo suficiente para ganarlo.

Los cambios al descanso mejoraron la cara del conjunto, sí, pero no bastaron para imponer una superioridad acorde al presupuesto y a la exigencia. Cuando el técnico llegó desde Hearts, acompañado por piezas clave como Shankland y Cammy Devlin, el mensaje era claro: competir por el campeonato desde el primer día. El debut en Tannadice, con un punto y demasiadas dudas, rebaja el discurso y obliga a una reacción rápida.

Al otro lado, Goodwin, que había pedido menos empates en su lucha por un puesto en el top seis, se marcha con sentimientos mezclados: un rendimiento competitivo, un plan de partido bien ejecutado durante muchos minutos y, al mismo tiempo, la amarga sensación de haber dejado escapar una victoria de prestigio.

La Premiership apenas acaba de arrancar, pero la pregunta ya flota en el ambiente: ¿será capaz este Rangers todavía inacabado de transformarse a tiempo en un aspirante real al título, o noches como la de Tannadice marcarán su techo esta temporada?