Rangers cae en playoff de Conference League tras derrota frente a Jagiellonia
La derrota global por 3-2 empuja a los Light Blues al playoff de Conference League y deja a Rangers ardiendo por dentro y por fuera. Derek McInnes ya había avisado: el equipo jugaba con fuego al no tapar los agujeros en defensa. Ahora, las llamas amenazan con devorar también a una directiva estadounidense cada vez más cuestionada.
La presión se traslada del césped al palco
Andrew Cavenagh y su grupo americano llegaron al encuentro con el eco aún fresco de la reunión de accionistas del lunes, donde aficionado tras aficionado cargó contra un historial de fichajes que no convence a nadie. Necesitaban un resultado que borrara el 2-1 encajado en Polonia y enfriara el malestar. No lo consiguieron.
En lugar de alivio, Ibrox volvió a convertirse en un hervidero. La rabia que ya se vio la temporada pasada con el fiasco del intento de nombrar a Russell Martin como técnico vuelve a asomar. Y esta vez, con McInnes sin victorias tras cuatro partidos, el ambiente se enrarece aún más.
Rangers necesitaba un arranque fuerte y lo tuvo, al menos en el marcador. A los 19 minutos, Lawrence Shankland firmó su primer gol con el club desde el punto de penalti. Un momento soñado para el capitán, que llevaba dos semanas esperando ese estreno que en su cabeza probablemente pesaba como los 31 años que acaba de cumplir.
Parecía el impulso perfecto para cambiar la eliminatoria. Pero el equipo se fue apagando tras el descanso. La segunda parte fue tibia, sin colmillo, y el castigo llegó con el tanto de Nik Prelec, el gol que devolvió a los polacos la ventaja global y que selló el pase a la ronda de playoff de Europa League.
Rangers, en cambio, cae por primera vez a la Conference League. Solo un triunfo ante el Jablonec checo garantizará la presencia en la fase de liga. El margen de error se ha reducido al mínimo.
Ibrox explota
El pitido final desató la furia. Ibrox despidió al equipo entre abucheos dirigidos a todo lo que se movía: jugadores, cuerpo técnico y, de rebote, también a McInnes. Pero el foco, por rendimiento y por responsabilidad, apunta con fuerza al palco.
En doce meses al mando, la directiva estadounidense ha gastado millones de dólares y ha entregado muy poco a cambio. Nueve fichajes este verano y el mismo problema de siempre: un equipo sin creatividad, incapaz de controlar los partidos y sin una identidad clara con balón.
Nada cambiará mientras Cavenagh y su equipo no se tomen en serio el modelo de captación. Esa es la sensación que cala entre los aficionados, que ven cómo el proyecto se tambalea sin que aparezca una idea firme a la que agarrarse.
El incómodo eco de Klopp
En este contexto, la comparación del CEO Jim Gillespie en la junta de accionistas sonó casi provocadora. Puso a McInnes en paralelo con Jürgen Klopp, no por estilo de juego, sino por liderazgo y gestión del vestuario. Pero en Ibrox no se ha visto ni rastro de ese fútbol de alta intensidad que hizo famoso al alemán.
Y la realidad de la semana ha sido implacable con el técnico. Las lesiones de Youssef Chermiti y Tuur Rommens golpearon a un grupo que ya iba justo de ideas y de voces fuertes en el campo, pese a la llegada de tres ex capitanes. Todo lo que podía torcerse, se torció.
En ese escenario, la comparación con Klopp más que ayudar, pesa. McInnes necesita resultados, no paralelismos grandilocuentes.
El regalo envenenado de cumpleaños para Shankland
Shankland cumplió 31 años el lunes y tres días después recibió un “regalo” inesperado de parte de Yuki Kobayashi. El defensa japonés, ex Celtic, cometió un penalti inexplicable al sacar la mano en un intento de frenar un centro de su compatriota Yokota. Solo él sabrá qué se le pasó por la cabeza.
Esa mano absurda le abrió la puerta al capitán de Rangers para marcar el gol que llevaba toda la vida imaginando con esa camiseta. Lo transformó con calma, como si llevara años haciéndolo en Ibrox.
Pero más allá del momento emotivo, la realidad es dura: el inicio de Shankland en el club está siendo complicado. Y sin una estructura creativa detrás, sin futbolistas capaces de generarle balones claros, su temporada amenaza con convertirse en una batalla constante contra la falta de servicio.
Naderi, bajo la lupa
La lesión de larga duración de Chermiti, con rotura de ligamentos de rodilla, deja a Rangers obligado a encontrar respuestas en ataque. Una de ellas debería ser Ryan Naderi, fichado por unos 5 millones de libras procedente del Hansa Rostock el pasado enero.
El problema es que el delantero solo suma tres goles desde entonces. La afición ya cuestiona aquella carrera contrarreloj del último día de mercado para atarlo, y el partido de esta noche no ayudará a cambiar opiniones. Para un ariete de 1,93 metros, hay demasiados momentos en los que parece un boxeador grogui, más que una referencia dominante.
McInnes también duda. Tanto que la secretaría técnica ya estudia alternativas en el mercado, con el nombre de Kevin Kelsy, delantero de Portland Timbers, sobre la mesa como posible sustituto para el lesionado Chermiti, fichado por 9 millones.
Naderi no es el único que siente el aliento de la competencia en la nuca. Pero mientras él busca su mejor versión, Yokota se ha ganado un sitio con actuaciones que le hacen difícil de mover, pese a que McInnes reconoce que sigue buscando otro extremo derecho. Sin la ambición del ex Hannover para encarar y centrar, el equipo se quedaría casi sin chispa ofensiva.
Es pronto todavía, pero Rangers necesita que más fichajes de este verano se acerquen al nivel que está mostrando el pequeño atacante. De lo contrario, la temporada puede hacerse eterna.
Un equipo en permanente mutación
Si algo define la era McInnes hasta ahora es la inestabilidad en las alineaciones. Cinco cambios respecto al once que empató con Dundee United en Tannadice para la ida en Polonia. Seis más para la derrota del domingo ante Hibs. Y esta vez, otros cinco retoques, además de un giro táctico hacia un 3-5-2.
El baile no acabó ahí. Thelo Aasgaard dejó su sitio al descanso a Ross Mc, lo que eleva a siete los cambios al descanso en solo cuatro partidos. Difícil construir automatismos con esa rotación constante.
La falta de defensas disponibles empujó al técnico a apostar por una zaga de tres, pero el equipo nunca se vio cómodo. Djeidi Gassama actuó de carrilero, aunque el mauritano nunca se ha caracterizado por su rigor defensivo. Resultado: metros y metros libres para el extremo de Jagiellonia, Rodrigo Conceicao, desde el inicio.
No extrañó ver la entrada de McCrorie y el regreso a la línea de cuatro tras el descanso. Pero el ajuste táctico trajo otro efecto indeseado: el equipo perdió ritmo. Rangers dejó de atacar con la misma velocidad e intensidad que en la primera parte. Ese bajón abrió la puerta a que Jagiellonia se asentara, creciera y encontrara el gol que le permite seguir soñando en Europa.
Rangers, mientras tanto, mira al playoff de Conference League con más dudas que certezas. La pregunta ya no es solo si este equipo puede reaccionar. Es si la estructura que lo sostiene está preparada para soportar la presión cuando Ibrox vuelve a rugir de esta manera.





