PSV Eindhoven empata en su debut en la UEFA Champions League
PSV Eindhoven abrió su andadura en la fase de liga de la UEFA Champions League con un sabor amargo. Un 1-1 ante Shakhtar Donetsk en el Philips Stadion que sabe a poco para el campeón neerlandés, dominante durante muchos tramos, pero incapaz de transformar su superioridad en una primera victoria continental.
Ruben van Bommel fue el hilo conductor de casi todo lo peligroso que generó PSV. Desbordó, encaró, apareció por dentro y por fuera. Faltó lo esencial: el gol.
Golpe antes del descanso, respuesta tras el túnel
Cuando el primer tiempo se apagaba, el partido se torció. En el añadido, Gleiker Mendoza silenció al estadio con el 0-1 para el equipo de Arda Turan, castigando a un PSV que no encontraba el ritmo alto de balón que había exhibido días antes en el 3-1 liguero ante Ajax.
El tanto dejó tocado al conjunto local, que había sufrido con la calidad técnica de Shakhtar en la circulación y en las salidas bajo presión. PSV no encontraba la velocidad ni la precisión de su mejor versión. El descanso llegó casi como un alivio.
Tras el paso por vestuarios, el guion cambió. El equipo neerlandés subió líneas, aceleró pases y empezó a encerrar al rival. La presión constante acabó abriendo la puerta del empate: Sergiño Dest apareció en la segunda mitad para firmar el 1-1 y devolver la vida al Philips Stadion.
A partir de ahí, el encuentro se inclinó definitivamente hacia la portería ucraniana.
Van Bommel, amenaza constante… sin premio
Con el empate en el marcador, PSV olió la posibilidad de remontada y se lanzó a por ella. Van Bommel, especialmente, se convirtió en una pesadilla para la zaga de Shakhtar. Atacó el espacio, buscó diagonales, probó desde fuera.
En uno de los mejores tramos del equipo, ya en pleno dominio, el extremo rozó el gol de la noche con un disparo envenenado que se marchó por muy poco. Era la jugada que podía haber cambiado el relato del partido. Se quedó en casi.
Al final, PSV se vio obligado a conformarse con un punto en su estreno europeo. Un empate trabajado, sí, pero que no encaja con la ambición de un vestuario que salió al césped con la intención de mandar un mensaje en el grupo.
“La sensación es que podíamos haber sacado tres puntos”
Van Bommel no escondió su frustración tras el encuentro. El atacante reconoció que el equipo sufrió de inicio ante la calidad técnica de Shakhtar y que nunca llegó a imponer del todo el alto ritmo de juego mostrado ante Ajax.
Admitió también su malestar personal por no haber transformado su constante amenaza en algo más tangible. Para él, no basta con generar peligro si el marcador no se mueve.
“Al final, dejamos el campo con la sensación de que podíamos haber sacado tres puntos. La amenaza está bien, pero ahora mismo me falta retorno”, explicó el extremo, subrayando que el equipo se marcha decepcionado, aunque con la conciencia de que aún quedan siete partidos por delante en esta fase.
La sombra del choque con Aaron Bouwman
El nombre de Van Bommel no solo estuvo en el foco por su actuación. La conversación posterior al partido giró también hacia el duro choque aéreo a alta velocidad con Aaron Bouwman en la reciente victoria ante Ajax, una acción que dejó al joven defensor hospitalizado con contusiones en pulmones y huesos del pecho y desató un intenso debate.
El jugador de PSV se mostró claramente arrepentido por la acción y asumió su responsabilidad, pero lanzó un mensaje directo a comentaristas y aficionados sobre la forma en que se juzga a los futbolistas en caliente, especialmente en redes sociales.
“Fue culpa mía y lo lamento”, reconoció. A la vez, se declaró aliviado por saber que Bouwman se encuentra relativamente bien y pidió que se piense dos veces antes de lanzar ataques contra jugadores desde la distancia.
Siete partidos por delante y mucho por ajustar
Más allá del tropiezo inicial, Van Bommel mantiene la confianza en el potencial ofensivo del equipo. La sensación dentro del vestuario es clara: hay margen para afinar la ejecución en los últimos metros y transformar dominio en victorias.
PSV regresará ahora a sus compromisos domésticos con la obligación de no perder foco entre el ruido exterior y la exigencia europea. La gestión emocional, insiste el extremo, será clave para que el grupo crezca durante la temporada.
Quedan siete jornadas de Champions League por delante. La próxima, con una misión evidente: convertir la amenaza en goles y firmar por fin la primera victoria europea del curso.






