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Patrick Vieira regresa a Senegal como seleccionador

Patrick Vieira se sentó ante los micrófonos en Dakar y no habló de táctica ni de sistemas en su primera frase. Habló de sentimiento. De origen. De pertenencia.

“Es un honor”, dijo. “Una decisión del corazón”.

El nuevo seleccionador de Senegal, de 50 años, vuelve al país donde nació para dirigir por primera vez a un combinado nacional, después de una carrera como técnico que le llevó por New York City, Nice, Crystal Palace, Strasbourg y Genoa. Ahora, el reto es mayor. Y, para él, más íntimo.

Un campeón del mundo que vuelve a sus raíces

Vieira nació en Senegal, pero se hizo leyenda con Francia: campeón del mundo en 1998 y de Europa en 2000 con Les Bleus, pieza clave del Arsenal de los Invincibles, uno de los grandes mediocentros de su generación. Ese currículum no se negocia.

Lo que sí ha cambiado es su rol. Ya no es el futbolista dominante del centro del campo, sino el arquitecto de un proyecto nacional que llega en un momento de máxima exigencia.

“Ser seleccionador de Senegal es un sueño absoluto”, confesó en la rueda de prensa de presentación con los Teranga Lions. “Nací aquí, mis padres nacieron aquí, y realmente es un regreso a casa”.

Desde las primeras conversaciones con el presidente de la federación, Vieira lo tuvo claro. No dudó. Vio una generación excepcional, un país que se ha acostumbrado a competir con los mejores y una afición que ya no se conforma con participar.

“Soy consciente de las expectativas de la gente, de los 20 millones de senegaleses. Y sé que con la experiencia y la determinación que tengo, podré llevar este proyecto hasta el final”.

Un vestuario marcado por el éxito… y la herida reciente

Vieira toma el relevo tras el despido de Pape Thiaw y hereda una selección que vive entre la gloria y la cicatriz.

En enero, Senegal conquistó la Copa Africana de Naciones 2025 con un 1-0 en la prórroga ante Marruecos. Una final intensa, ganada sobre el césped, pero que aún no tiene desenlace definitivo fuera de él. La historia dio un giro brusco en marzo: una protesta por un penalti en la final, con jugadores y miembros del cuerpo técnico abandonando el campo, derivó en que el trofeo fuera entregado a los anfitriones norteafricanos. Ahora, el destino oficial del título está en manos del Tribunal de Arbitraje Deportivo.

Y está también la herida del Mundial 2026. Senegal cayó en los octavos de final de manera cruel: ganaba 2-0 a Bélgica en el minuto 85 y terminó eliminada 3-2 en la prórroga. Un desplome que todavía duele.

Con ese contexto, Vieira no llega a levantar ruinas, sino a intentar dar el siguiente paso de una selección que ya se mira de tú a tú con cualquiera.

“Hoy, Senegal está entre las grandes naciones del fútbol mundial”, subrayó. “Los objetivos ya no son los de hace 10 o 15 años. Con los resultados recientes, Senegal ha avanzado, ha alcanzado nuevos niveles. La exigencia también ha subido. Tenemos que sentar bases sólidas”.

No empezar de cero, sino escribir el siguiente capítulo

Vieira ha dejado claro que no viene a romper, sino a construir sobre lo que ya existe. Nada de revoluciones por decreto. Su discurso se aleja del tópico del “borrón y cuenta nueva”.

“Lo que me importa no es empezar de cero”, explicó. “Se trata de respetar lo que la federación ha puesto en marcha en los últimos años y construir la siguiente etapa, abrir un nuevo capítulo”.

Ese nuevo capítulo, insiste, no significa arrasar con todo.

“Mi trabajo no es tirarlo todo abajo, no es lanzar todo por la ventana. Se trata de mantener la fuerza de este equipo: su identidad, su unidad, su capacidad de sufrir juntos”.

En lo futbolístico, el técnico quiere una selección reconocible, agresiva, intensa. Habla de “una estructura muy precisa”, de un equipo que sepa morder y sostener el ritmo del máximo nivel.

Pero su mensaje va más allá del césped.

“Para que este proyecto funcione, necesitaré a toda la nación unida. Trabajaré con el corazón y el alma para devolver el orgullo al equipo”.

Debut contracorriente: calendario, sedes y bajas

No habrá tiempo para una larga pretemporada emocional. Vieira entra directamente en la competición: las eliminatorias para la Copa Africana de Naciones 2027. Dos partidos en esta ventana internacional, otros dos en noviembre y las últimas dos jornadas en marzo de 2027.

Su estreno debía ser en casa, en Dakar, ante Mozambique el viernes 25 de septiembre. Un debut soñado, con su gente, en su ciudad. Pero la realidad logística se impuso: la capital está volcada en la preparación de los Juegos Olímpicos de la Juventud 2026 y el partido se ha invertido. Senegal jugará como visitante en Mozambique.

“Por supuesto, habría preferido jugar el primer partido aquí en Dakar”, admitió. “Pero, lamentablemente, con la federación sentimos que la mejor decisión era aplazar el partido y jugar en Mozambique. Son dificultades que vamos a aceptar y gestionar”.

El viaje no acaba ahí. Después de Maputo, llegará otro desplazamiento: Etiopía, el 29 de septiembre. Dos salidas, poco margen de trabajo y una lista con ausencias de peso.

El histórico guardameta Edouard Mendy, de 34 años, ya se ha retirado de la selección. Y el gran símbolo ofensivo del país, Sadio Mané, tampoco estará en esta ventana por “un pequeño problema físico”, según explicó Vieira.

En las últimas semanas se había especulado con que Mané, también de 34 años, siguiera el camino de Mendy y colgara las botas a nivel internacional. El técnico cerró esa puerta, al menos por ahora: aseguró que el exdelantero de Liverpool y Bayern Múnich “seguramente” formará parte de su próxima convocatoria, siempre que esté en condiciones.

Tampoco estarán Krepin Diatta, lateral derecho que se ha quedado sin club, ni Ismaila Sarr, que aún no ha debutado esta temporada con Crystal Palace entre rumores de traspaso y una lesión en la ingle.

Un técnico marcado por los golpes… y por la insistencia

La carrera de Vieira como entrenador no ha tenido el brillo de su etapa como futbolista. Sus etapas han dejado aprendizajes, pero también cicatrices.

En Crystal Palace se marchó en marzo de 2023 con 22 victorias en 74 partidos en todas las competiciones. Después, una temporada en Strasbourg. Y más tarde, el salto a Genoa.

Allí vivió un giro brutal. Primero, salvó al equipo en la Serie A en la campaña 2024-25. Después, un inicio de curso siguiente con seis derrotas en nueve jornadas de liga lo dejó sin cargo, con el club en el último puesto de la tabla.

Pese a ese balance irregular, Vieira no se presenta como un técnico abatido. Al contrario.

“Siempre he sido alguien que se mantiene positivo”, afirmó. “Eso significa que aprendes, y siempre hay cosas positivas que sacar. Hoy soy mejor entrenador que en mi última etapa en Genoa, porque esa experiencia me ayudó a crecer y me hizo darme cuenta de ciertas cosas”.

Su mensaje a los aficionados senegaleses fue directo:

“Con la experiencia que tengo como entrenador, no tengo ninguna duda sobre mi capacidad para responder a las expectativas de los aficionados”.

Un recibimiento que marca el listón

El aterrizaje en Dakar ya le dejó claro el tamaño del desafío. Y también el respaldo.

Vieira llegó el jueves por la noche y las imágenes corrieron por redes sociales: bandera de Senegal en alto, rodeado de aficionados, estrechando manos en el aeropuerto de la capital. Una marea de ilusión.

“No podría haber recibido una bienvenida más cálida. Vi el entusiasmo de los aficionados y les doy las gracias”, dijo.

Luego, una frase que resume todo el viaje, desde el barrio senegalés de su infancia hasta la gloria con Francia y el regreso a la tierra donde nació:

“Tomar las riendas de esta selección no es solo una nueva etapa en mi carrera: es volver a casa”.

Ahora, el siguiente capítulo ya tiene fecha, rivales y presión. La pregunta es sencilla y brutal: ¿podrá Patrick Vieira transformar ese regreso sentimental en títulos y estabilidad para una de las grandes potencias emergentes del fútbol mundial?