Odegaard impulsa el ataque del Arsenal en la Community Shield
Martin Odegaard se deslizó entre líneas, apareció donde nadie le esperaba, sentó a Gianluigi Donnarumma y cerró la Community Shield para el Arsenal con una frialdad de veterano. El derechazo, apenas dos minutos después del descanso en Cardiff, puso el 3-0 definitivo ante Manchester City y dejó una imagen familiar: el noruego levantando otro trofeo con los Gunners.
Es “solo” la Community Shield, el título que la estadística reciente desprecia: ningún ganador ha repetido luego como campeón de la Premier League desde la temporada 2018/19. Pero el mensaje que dejó el capitán del Arsenal va mucho más allá de la superstición de agosto. Odegaard parece listo para volver a ser el motor de un equipo que aspira a trofeos mucho más pesados en mayo.
De año frustrante a punto de inflexión
A sus 27 años, Odegaard ya tiene un lugar reservado en la historia del club: fue el capitán que levantó la Premier League en mayo, poniendo fin a una espera de 22 años. Pocas imágenes más poderosas para una afición que había vivido de recuerdos.
Sin embargo, su temporada a nivel individual fue áspera. Rodilla, hombro, molestias encadenadas. Solo 16 titularidades en Liga. Un gol en 36 partidos entre todas las competiciones. Demasiado poco para un futbolista de su jerarquía técnica y de su peso en el vestuario.
El vacío que dejaba su versión menguada alimentó el debate. Se escucharon voces pidiendo la entrada de Eberechi Eze en el once y que el brazalete pasara al brazo de Declan Rice. El cuestionamiento era real.
Mikel Arteta, tras la Community Shield, puso contexto a ese bajón: «Se perdió cinco o seis meses por diferentes cosas y fue extremadamente difícil para él coger impulso», explicó el técnico. «Estoy seguro de que este año, si podemos mantenerle en forma, disponible y con los jugadores adecuados a su alrededor, vamos a ver a un Martin muy diferente».
Un mercado atascado y una solución interna
El plan del Arsenal para este verano estaba claro: reforzar el ataque. El club lleva tiempo buscando ese extremo izquierdo de élite que cierre el círculo ofensivo. La dirección deportiva apuntó alto. El club se quedó sin Morgan Rogers, sin Vinicius Jr, y las opciones realmente atractivas se han ido evaporando con el avance del mercado. Ese “fichaje de cartel” que cambie el paisaje del frente de ataque ahora mismo no tiene nombre claro.
En ese escenario, la transformación más realista —y quizá la más determinante— no pasa por una cara nueva, sino por recuperar al mejor Odegaard. Un Odegaard sano, con ritmo, que repita actuaciones como la de Cardiff semana tras semana.
El propio jugador lo asume como reto personal. Entra en los dos últimos años de su contrato, la fase en la que se decide, casi con total seguridad, el último gran acuerdo de su carrera. Necesita continuidad. Necesita cifras. Y las está buscando con hambre renovada.
«Perder tantos partidos fue realmente frustrante, pero lo he usado como motivación para volver más fuerte», confesó el capitán. No son palabras vacías: su actuación ante City encajó con ese discurso.
Señales claras en Cardiff
No fue solo el gol a Donnarumma, definido con una calma insultante. Odegaard manejó el ritmo, se ofreció entre líneas, marcó la altura de la presión y volvió a parecer ese futbolista que obliga al rival a defender mirando hacia su propia portería. Su centro bombeado fue clave en el segundo tanto del Arsenal y su huella se notó en casi cada ataque con sentido.
La diferencia respecto a la temporada pasada se percibe en los duelos. Entonces se le veía corto de chispa, algo tímido en el choque, comprensible después de tantos parones. Ahora entra con decisión. Ante City ganó cinco de sus siete duelos y nadie sobre el césped recuperó más balones que él. Señal de piernas frescas, pero también de confianza.
El noruego ha enlazado esta versión con el nivel que mostró en el último Mundial, donde solo Michael Olise repartió más asistencias que él. Después de aquel torneo, Odegaard se concedió tres semanas de descanso con su mujer y su hijo antes de volver a la pretemporada. Le hacía falta. «El año pasado fue una gran lucha, con muchos momentos difíciles. Lo peor para un futbolista es no estar en el campo», reconoció. «Tuve lesiones raras y mala suerte. Fue bueno acabar con el título aquí y luego un buen Mundial. Después tuve mi descanso. Ahora me siento bien».
Arteta detectó el cambio desde el primer día de vuelta. «Siento desde el primer día que volvió que tiene algo más en el estómago, algo que quiere demostrar, porque el equipo también lo necesita», apuntó el entrenador.
Más socios, más fútbol
Odegaard apenas había tenido minutos en pretemporada: su primera aparición llegó hace poco más de una semana, media hora ante Borussia Dortmund en la que dejó dos pases filtrados marca de la casa. Lo justo para intuir que la pierna derecha vuelve a estar calibrada.
Con Bruno Guimaraes incorporado a la plantilla, el contexto también mejora para el capitán. Más calidad técnica en la base, más balones limpios entre líneas, más posibilidades de recibir en zonas donde puede dañar. Si el brasileño logra acelerar la circulación desde atrás, Odegaard tendrá más ventanas para romper defensas con un solo toque.
La conquista de la Premier el curso pasado se apoyó sobre todo en una estructura defensiva casi inquebrantable. Sin un nueve de élite y con unos extremos irregulares, el Arsenal levantó el título desde la solidez. Esa base se mantiene. El siguiente paso es sacar un punto más de sus propios atacantes.
Bukayo Saka es el ejemplo evidente: Arteta insiste en que ha dejado atrás sus problemas de Aquiles y, si el físico le respeta, sus números pueden crecer. En la izquierda, Christos Tzolis ya ofrece síntomas de ser una mejora clara respecto a lo que había. Pero el verdadero acelerador sigue estando en la mediapunta.
El techo del Arsenal pasa por su capitán
Cuando Odegaard está bien, el ataque del Arsenal cambia de escala. Lo demostró en la temporada 2022/23, con 15 goles y siete asistencias solo en Premier League. Un año después, firmó ocho goles y 11 asistencias en la competición doméstica. Producción de jugador franquicia.
Después llegó el problema de tobillo y, con él, la interrupción del ritmo. Desde entonces, las lesiones han ido marcando su calendario. Demasiadas pausas, muy poca continuidad. El futbolista que vivía del toque constante se vio obligado a recomponerse una y otra vez.
La Community Shield ha sido el último indicio de que ese ciclo puede romperse. No solo por el gol, sino por la forma de moverse, de chocar, de mandar. Odegaard parece listo para regresar a su mejor versión, tanto física como en sus aportaciones en los últimos metros.
Ya sabe lo que es guiar al Arsenal hasta un título liguero como capitán. La cuestión ahora es si puede hacerlo de nuevo, esta vez como el auténtico latido creativo de un campeón que, mientras espera al gran fichaje que no llega, quizá haya encontrado la solución en casa.






