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Ødegaard guía al Arsenal en Nápoles con un gol decisivo

El Arsenal arrancó su andadura en esta Champions League con un triunfo trabajado, áspero y, al final, liberador. Un 0-1 en el campo del Napoli que llevó la firma de siempre: Martin Ødegaard. Capitán, referencia y, esta vez, martillo.

Durante buena parte de la noche, el plan de Mikel Arteta chocó una y otra vez contra un muro celeste. El equipo londinense, todavía con la herida fresca de la final perdida la temporada pasada, acumuló ocasiones, posesión y territorio, pero el marcador se negó a moverse. Nápoles se preparaba para una de esas noches en las que el favorito se desespera.

Hasta que habló el capitán.

Un golpe seco desde la frontal

Quedaban 15 minutos cuando Ødegaard recibió al borde del área. El Napoli defendía hundido, protegiendo su punto como un tesoro. No había espacio para el pase filtrado, tampoco para una combinación más. Había que decidir. Y el noruego decidió.

Control, mirada rápida y disparo seco, ajustado, que besó el poste antes de entrar. Un gol de los que silencian estadios. Ni el propio Ødegaard tuvo claro qué había pasado en el primer instante. “Ni siquiera lo vi entrar”, admitió después, todavía con la adrenalina en la voz. Con la zaga italiana encerrada, “en algún momento tenía sentido tirar desde fuera del área”, explicó.

Ese derechazo no solo abrió el marcador. Abrió también la Champions del Arsenal con una declaración de intenciones.

Arteta, encantado: un capitán que decide partidos

Mikel Arteta no escondió su satisfacción. El técnico subrayó lo que viene repitiendo desde el inicio de curso: Ødegaard ya no es solo el organizador fino, el que marca el ritmo. Es también el hombre que inclina resultados.

“Martin está aportando goles que impactan directamente en los resultados, que es lo que queremos de nuestros jugadores de ataque, que sean decisivos, y hoy lo ha sido otra vez”, valoró en declaraciones a TNT Sports.

Los números le dan la razón. El tanto en Nápoles fue el cuarto gol de Ødegaard en cinco partidos esta temporada, contando la Community Shield. Un arranque que contrasta con el curso anterior, marcado por las lesiones y un registro pobre: apenas un gol en 36 encuentros oficiales.

Ahora, con el brazalete en el Arsenal y el peso del equipo sobre sus hombros, el noruego parece haber encontrado una versión superior de sí mismo.

Del calvario de las lesiones al brillo mundialista

El contexto hace el momento aún más llamativo. En mayo levantó la Premier League tras una campaña en la que jugó lastrando problemas físicos y sin continuidad real. Muy lejos del futbolista que deslumbró en verano con su selección.

En el último Mundial, como capitán de Noruega, repartió cuatro asistencias en la carrera hasta los cuartos de final. En Nápoles reapareció ese Ødegaard: influyente, atrevido, con la confianza suficiente para asumir el disparo decisivo cuando el partido se espesaba.

Su evolución no se mide solo en talento, sino en peso competitivo. Antes dirigía. Ahora, además, sentencia.

Un asedio sin premio… hasta el minuto 75

El gol fue la guinda a un asedio constante. El Arsenal firmó 26 remates, un récord del club en un partido como visitante en la Champions League. Un volumen que explica la sensación de dominio, pero también el riesgo de irse de vacío.

La lista de ocasiones desperdiciadas fue larga. Bukayo Saka falló una muy clara en la primera parte, solo ante el marco. Mikel Merino tuvo otra de oro, un cabezazo a bocajarro que salió demasiado centrado y permitió la intervención de Alex Meret.

El guardameta del Napoli, sin embargo, no pudo acabar el encuentro. Una lesión en el muslo lo obligó a ser sustituido al descanso, un contratiempo más para un equipo que resistió como pudo ante la avalancha inglesa.

Ødegaard, pese a la falta de pegada colectiva, se quedó con la lectura positiva: “Jugamos un fútbol brillante y deberíamos haber marcado muchos más goles, pero al final lo conseguimos”.

Un inicio que marca el tono

Para un Arsenal que quiere “ir un paso más allá” que la temporada pasada, arrancar la fase de liga de la Champions con una victoria fuera de casa tiene un valor enorme. No solo por los puntos, también por el mensaje: este equipo ya sabe sufrir, insistir y ganar cuando el partido se le tuerce.

Y, sobre todo, sabe a quién mirar cuando el reloj aprieta y el gol no llega.

Si Ødegaard mantiene esta versión goleadora y “decisiva” que reclama Arteta, la pregunta ya no es si el Arsenal puede competir con los gigantes del continente. La cuestión es hasta dónde puede llevarlos el capitán que, en Nápoles, convirtió una noche frustrante en un aviso serio a toda Europa.