tribunadegol full logo

La Noruega de Haaland: un equipo más que un goleador

Erling Haaland será el rostro del regreso de Noruega a un Mundial tras 28 años. Eso es indiscutible. Pero reducir a la selección de Stale Solbakken a los goles del delantero del Manchester City sería no entender nada de lo que está construyendo el técnico. Su plan es más complejo, más coral y, en varios aspectos, bastante poco ortodoxo.

Banda izquierda: juventud descarada

Por fuera, los encargados de alimentar a Haaland tampoco se quedan cortos. En la izquierda, todo apunta a que el dueño del puesto será Antonio Nusa, estrella emergente del RB Leipzig. Solo tiene 21 años, pero juega como si llevara una década en la élite: desequilibrante, escurridizo, capaz de desaparecer de la marca con un simple cambio de ritmo y de salir indemne de choques y entradas.

Su fase de clasificación fue un aviso serio. Seis contribuciones de gol en seis partidos, con actuaciones de peso ante rivales grandes: vio puerta y asistió en el 3-0 a Italia y volvió a participar en el 4-1 del duelo de vuelta. No es solo un extremo habilidoso; es productivo, y eso, en un torneo corto, marca diferencias.

Por detrás asoma Andreas Schjelderup, otro talento precoz, 22 años y un cierre de temporada sobresaliente con Benfica a las órdenes de José Mourinho. Diez goles y asistencias combinadas en apenas 14 partidos de liga y un doblete ante el Real Madrid en la Champions de enero lo han puesto en el escaparate. Hoy no es indiscutible, pero en Noruega muchos le ven como una estrella en formación. Si Nusa baja el nivel o el calendario aprieta, Schjelderup está preparado para irrumpir.

Derecha con gigante y truco táctico

El costado derecho rompe el molde. Ahí aparece Alexander Sorloth, delantero centro de 1,96 que Solbakken desplaza a la banda… al menos sobre el papel. El atacante del Atlético de Madrid parte abierto, pero en cuanto Noruega tiene la pelota se mete hacia dentro y se sitúa cerca de Haaland para poblar el área. En la clasificación respondió: ocho contribuciones de gol en ocho encuentros.

Su temporada de 20 goles con el Atlético, sin ser titular indiscutible, explica por qué el seleccionador no duda en darle galones, aunque sea en una posición que no es la suya. Solbakken lo definió recientemente como un jugador físico, leal, capaz de ocupar varias zonas del frente de ataque, peligroso tanto para marcar como para asistir y, sobre todo, un futbolista que trabaja sin descanso incluso cuando el rol no es el que más le gusta. En un grupo de la muerte, ese tipo de sacrificio no es negociable.

Si Noruega busca un perfil más clásico de extremo, aparece Oscar Bobb, de Fulham, un recurso interesante aunque su adaptación en Craven Cottage esté siendo lenta. Más atrás en la rotación, pero dentro de la lista, se cuela Jens Petter Hauge. No participó en la clasificación, pero sus actuaciones con Bodo/Glimt, incluidas victorias memorables en Champions frente a Man City e Inter, le han devuelto al escaparate internacional.

Odegaard, el director de orquesta

El centro del campo es otra zona donde Noruega pisa fuerte. Allí manda Martin Odegaard, capitán del Arsenal y cerebro del equipo. A su alrededor, Solbakken ha armado un triángulo robusto con Sander Berge, mediocentro defensivo de Fulham, y Fredrik Aursnes, otra pieza clave de Benfica, más cercano al rol de interior llegador.

Aursnes protagoniza una de las historias más singulares de esta Noruega. A los 30 años, decidió retirarse de la selección para “tener más tiempo y libertad para priorizar otras cosas en la vida además del fútbol”. Dos años después, en febrero, dio marcha atrás. No jugó la clasificación, pero ha regresado con tanta fuerza que apunta a titular en el Mundial. Una vuelta que refuerza la sala de máquinas con experiencia y oficio.

Detrás de ellos, la segunda línea mantiene el nivel: Patrick Berg, capitán de Bodo/Glimt, aporta criterio y pausa; Kristian Thorstvedt y Morten Thorsby, asentados en Italia, suman físico, recorrido y conocimiento del fútbol de máximo nivel.

Pero todo gira en torno a Odegaard. En el Arsenal divide opiniones por cierta irregularidad y por esa tendencia a desaparecer en algunos partidos. Con Noruega, el guion cambia. Se siente líder, asume peso y responde. Pese a perderse tres de los ocho duelos clasificatorios en una temporada marcada por las lesiones, el mediapunta firmó siete asistencias, tres de ellas en un solo encuentro ante Israel. Ningún jugador en Europa dio más pases de gol en esa fase.

En Norteamérica, su influencia será tan determinante como la de Haaland. Es quien enlaza con los extremos, quien filtra el último pase al ‘9’ del City, quien decide cuándo acelerar y cuándo enfriar. Si Odegaard está fino, Noruega crece. Si se apaga, el equipo pierde brújula.

Delantera: el plan B también asusta

Nadie en el país se imagina un Mundial sin Haaland sobre el césped. La idea es clara: que juegue cada minuto. Pero si el fútbol castiga y llega lo impensable, Solbakken tiene respuestas.

Sorloth sería el relevo natural como referencia. Ya tiene un registro goleador más que digno con la selección y llega con la confianza de esa campaña de 20 tantos en el Atlético. Cambiaría el matiz del ataque, pero no la amenaza.

La otra carta es Jorgen Strand Larsen, delantero del Crystal Palace. A sus 26 años, se ha ganado el respeto de la Premier desde su llegada en 2024. Llegará al Mundial tras firmar un doblete en un amistoso ante Suecia y con el aval de haber marcado también a Italia en la clasificación. Aunque Haaland esté sano, su participación parece asegurada, sobre todo porque Sorloth parte muchas veces desde la banda. No es un mero suplente; es un recambio capaz de sostener el nivel.

Ryerson, el lateral que lo cambia todo

La estructura ofensiva de Noruega tiene una pieza oculta que lo explica casi todo: Julian Ryerson. El lateral derecho de Borussia Dortmund es, en realidad, la gran amenaza desde las bandas.

El movimiento es sencillo, pero devastador cuando funciona. Sorloth abandona la cal y se mete como segundo delantero. Ese desplazamiento abre la autopista para que Ryerson se lance al ataque. Y cuando llega a zona de centro, su producción es brutal: 18 asistencias en la Bundesliga 2025-26 hablan por sí solas. Con Haaland y un Sorloth invertido esperando en el área, cada envío suyo se convierte en una jugada de gol potencial.

A balón parado también marca diferencias. Muchos de esos 18 pases de gol nacieron en saques de esquina y faltas laterales. En un torneo donde los detalles deciden, Ryerson es la carta que Noruega esconde a simple vista, pero que sus rivales harían bien en estudiar al milímetro.

Un regreso sin complejos al mayor escaparate

El Mundial de Norteamérica no solo devuelve a Noruega a la élite; también la lanza directamente a una prueba de fuego: un grupo con Francia, Senegal e Iraq que muchos ya etiquetan como el “grupo de la muerte”. Solbakken lo sabe y no se engaña. No vende humo.

El técnico ha dejado claro que no ve a su equipo como candidato a ganar el torneo. Prefiere otra etiqueta: la de tapado capaz de tumbar a un gigante en un buen día. Asume que el grupo será durísimo, muy apretado, y confía en que la organización y los hombres decisivos marquen la diferencia.

Para el país, el impacto es enorme. Desde que Solbakken jugó el Mundial de 1998, la afición ha visto todos los torneos desde el sofá. Esta vez, 50.000 personas salieron a recibir al equipo en pleno lunes, con cuatro grados bajo cero, cuando se certificó la clasificación. Una imagen que explica mejor que cualquier frase lo que significa este regreso.

Solbakken promete una Noruega distinta a la de otras épocas: más ofensiva, con individualidades de primer nivel dispuestas a trabajar unas por otras. No quiere desvelar su “escenario de ensueño”, se lo guarda. Pero lanza un mensaje claro: si el equipo alcanza su techo, si todos se acercan a su mejor versión, este grupo puede ganarle a cualquiera.

En un Mundial que los recibe con Haaland en primer plano y un grupo implacable, la gran incógnita no es si Noruega tiene estrellas. Es otra mucho más inquietante para sus rivales: ¿qué pasará cuando todas esas piezas encajen el mismo día?

La Noruega de Haaland: un equipo más que un goleador