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La muerte de Nobby Stiles y el daño cerebral en el fútbol

Nobby Stiles, héroe del Mundial de 1966 e ícono del Manchester United, no solo se fue en 2020. Dejó tras de sí un caso que ahora obliga a la justicia británica a mirar de frente una de las grandes sombras del fútbol: el daño cerebral ligado al juego.

Un tribunal ha escuchado que Stiles, fallecido a los 78 años, murió con una lesión cerebral traumática. El forense Chris Morris, responsable del área de Greater Manchester South, ha ordenado la apertura de una investigación formal sobre su muerte tras conocerse los resultados de los estudios de su cerebro.

No es un trámite. Es un mensaje.

CTE, Alzheimer y una carrera marcada por los golpes

El cerebro de Stiles fue analizado por el neuropatólogo Daniel du Plessis. Su conclusión principal: causa de muerte, enfermedad de Alzheimer. Pero el informe no se detuvo ahí.

Du Plessis determinó que la muerte estuvo “contribuida” por una encefalopatía traumática crónica (CTE) en fase avanzada, además de una patología descrita como “stage three limbic predominant age related TDP-43” y enfermedad cerebrovascular de pequeños vasos. Entre esas líneas técnicas, una idea contundente: hubo una lesión traumática incluida en la causa de la muerte.

Eso bastó para que el forense Morris dijera en el tribunal de Stockport que estaba “satisfecho” de que fuera necesario un inquest completo sobre “la triste muerte del señor Stiles”. La vista se celebrará este miércoles en la misma corte.

El caso tiene, además, un matiz incómodo para las autoridades: la muerte de Stiles no fue comunicada al forense en su momento “por razones no del todo claras”, según admitió el propio Morris. La investigación solo se ha activado ahora, después de que la familia del exfutbolista aportara nueva información.

Un guerrero de 1966, una familia en lucha

Norbert “Nobby” Stiles nació en Manchester en 1942. Mediocentro defensivo, duro en el tackle, feroz en la marca. Jugó casi 400 partidos con el Manchester United y fue internacional 28 veces con Inglaterra. Su imagen bailando con la Copa del Mundo en 1966 forma parte del imaginario del fútbol inglés.

Décadas después, su final fue muy distinto al brillo de Wembley. Su hijo John ha repetido una frase que golpea tanto como cualquier titular: el fútbol “mató” a su padre.

John Stiles lidera ahora el grupo Football Families for Justice (FFJ), que exige a las autoridades del fútbol más apoyo para los exjugadores afectados por enfermedades neurodegenerativas. La familia se vio obligada a vender las medallas de campeón del mundo de Nobby para pagar los cuidados de su demencia. Un símbolo tan crudo como revelador.

No están solos. Forman parte de decenas de exfutbolistas y familias que han demandado a la Football Association, a la Football Association of Wales y a la English Football League, alegando que fueron “negligentes y en incumplimiento de su deber de cuidado” hacia los jugadores.

Los abogados de estas familias sostienen que los organismos del fútbol sabían, o debían saber, desde hace décadas que cabecear el balón de forma repetida en entrenamientos y partidos era probable que causara lesiones cerebrales.

El choque frontal con la versión oficial

El fútbol, como institución, no acepta esa conclusión tan rápido.

En marzo, los representantes legales de la Football Association dijeron al High Court que “no ha sido establecido por la ciencia” que el cabeceo o las conmociones “ocasionales” provoquen daños cerebrales permanentes. Un choque directo con la narrativa de las familias.

El debate no se limita al caso Stiles. En enero, un inquest sobre la muerte de Gordon McQueen, exdefensa de Scotland, Manchester United y Leeds United, concluyó que el hecho de cabecear el balón fue “probablemente” un factor que contribuyó a la lesión cerebral que intervino en su fallecimiento, a los 70 años. McQueen también fue diagnosticado con CTE.

Su hija, la presentadora de televisión Hayley McQueen, llegó a decir que la generación campeona del mundo con Inglaterra en 1966 ha quedado “prácticamente arrasada” por enfermedades neurodegenerativas. Una frase dura, pero difícil de ignorar cuando se observan los casos acumulados.

Datos que incomodan y un cambio a medias

El propio fútbol ha ayudado a destapar el problema. En 2019, la FA, junto con la Professional Footballers’ Association (PFA), cofinanció un estudio que arrojó una estadística escalofriante: los futbolistas profesionales tenían tres veces y media más probabilidades de morir por enfermedades neurodegenerativas que personas de la misma edad en la población general.

Esa cifra empujó a tomar medidas. La FA ha iniciado un proceso para eliminar por completo el cabeceo en el fútbol base hasta la categoría sub-11 para 2026. Un cambio profundo en la formación de los más pequeños, que llega mientras las generaciones anteriores siguen lidiando con las consecuencias.

Pero la pregunta ya no es solo cómo proteger a los niños. Es qué hacer con quienes ya pagaron el precio.

Un inquest que puede marcar un antes y un después

El inquest sobre la muerte de Nobby Stiles no devolverá la memoria al mediocentro que levantó la Copa del Mundo ni aliviará los últimos años de su familia. Pero puede convertirse en una pieza clave en la batalla legal y moral que rodea al fútbol y al daño cerebral.

Si un tribunal acepta que una leyenda de 1966 murió con una lesión cerebral traumática vinculada a su carrera, el deporte tendrá más difícil seguir mirando hacia otro lado.

El balón ya está en el aire. La cuestión es si esta vez alguien se atreverá a dejarlo caer.