Mourinho apacigua tensiones entre Tchouameni y Valverde
José Mourinho no ha necesitado el silbato de mediador ni el chaleco antibalas. La tensión que marcó la relación entre Aurélien Tchouameni y Federico Valverde la pasada temporada —con dos altercados en mayo y uno de ellos acabando con el uruguayo en el hospital por un golpe en la cabeza— ha quedado atrás sin que el técnico de Real Madrid tenga que intervenir.
El vestuario, asegura, se ha arreglado solo.
“Yo no he hecho nada. Ellos lo han hecho todo”, explicó el entrenador antes del duelo ante Rayo Vallecano, casi con una mezcla de sorpresa y satisfacción. Y empezó a desgranar la escena diaria: empatía, amistad, trabajo conjunto, enfado cuando toca ser sustituido… pero siempre con apoyo al compañero que entra, incluso si aparece en el último minuto. “El grupo es fantástico”, remató.
Nuevo contrato, nuevo brazalete, nuevo clima
El verano cambió el guion. Tchouameni firmó un nuevo contrato y Valverde heredó la capitanía tras la salida de Dani Carvajal. Dos movimientos que podían haber alimentado viejos recelos, pero que han desembocado en todo lo contrario: un vestuario alineado.
La reconciliación se vio a plena luz en la reciente victoria en Champions League ante Inter Milan. Tchouameni, recién regresado de su participación en el Mundial y estrenándose esta temporada, saltó al campo en los minutos finales en lugar de Trent Alexander-Arnold. Al término del encuentro, las cámaras captaron el gesto que muchos esperaban: abrazo con Valverde y sonrisas en el centro del campo.
Mourinho confesó que llegó a prepararse para intervenir cuando los internacionales regresaran a Valdebebas. Estaba listo para ejercer de pacificador si el conflicto seguía latente. No hizo falta.
“Si yo no supiera nada, si entrara en el vestuario sin conocer la historia, pensaría que son grandes amigos”, admitió en rueda de prensa. “Cuando volvieron del Mundial, obviamente estaba atento para ver si tenía que actuar como mediador, pero no tuve que hacer nada”.
Vinicius, en el ojo del huracán… y bajo el paraguas de Mou
Con el centro del campo en calma, Mourinho abrió otro frente: la defensa de Vinicius Jr. El brasileño, que cerró un verano cargado de especulaciones sobre su futuro con la firma de un contrato de larga duración hasta 2032, ha arrancado la temporada con menos estruendo del habitual: un solo gol en cinco partidos entre todas las competiciones.
Los focos se han girado hacia sus cifras. El técnico, en cambio, mira el contexto y los datos físicos. Y lanza un aviso: el Vinicius decisivo está a punto de aparecer.
“El mejor Vinicius llegará pronto. El del año pasado, cuando el Bernabéu estaba aterrorizado contra Benfica y él acabó ganando la eliminatoria”, recordó Mourinho. “Ese Vinicius que ganaba partidos él solo todavía no ha llegado. Pero llegará”.
En plena era de gráficos y porcentajes, el portugués se agarra a los registros internos del club para sostener su discurso. “En una era de datos y estadísticas, está muy cerca de su máxima velocidad. Ha batido sus récords de sprints de alta intensidad, récords de recuperaciones, de recuperaciones en el último tercio… Está llegando”.
Críticas, títulos y un proverbio portugués
Cuando la conversación giró hacia las críticas de la prensa española al delantero de 26 años, Mourinho endureció el gesto. Defendió que el ruido no nace del vacío, sino del peso que Vinicius tiene en este Real Madrid. No habla de promesas, habla de un futbolista con tres Ligas, dos Champions League y dos FIFA Club World Cups, entre otros títulos, ya en su currículum con el club blanco.
Para explicar por qué se le apunta tanto, tiró de raíces. “En Portugal hay un proverbio, no sé si es igual en España: ‘solo se tiran piedras a los árboles que dan fruto’”, lanzó, casi como sentencia.
Y encadenó la metáfora con la realidad del brasileño: “¿Qué ha hecho Vini aquí en los últimos años? ¿Cuántas Champions League ha ganado? ¿Cuántos goles ha marcado? Es un árbol con muchos frutos. Y la gente tira piedras porque quiere fruto”.
El mensaje queda claro: el conflicto en el centro del campo se ha apagado sin ruido y el vestuario se ha reordenado. Ahora, con Tchouameni y Valverde remando en la misma dirección y Vinicius bajo el paraguas de su entrenador, la pregunta ya no es si el grupo está unido, sino hasta dónde puede llegar este Real Madrid cuando el brasileño vuelva a encender del todo la chispa.






