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Mary Fowler: la lesión que la transformó y la hizo más fuerte

Durante diez meses, Mary Fowler miró el fútbol desde fuera. No sólo se quedó sin jugar: perdió rutina, independencia y el pilar que había sostenido su vida desde niña. Lo llama una experiencia “devastadora”. Y, aun así, habla de ese tiempo con una serenidad que descoloca.

“Raramente, lo disfruté”, admite. Una frase que no encaja con la imagen de una estrella joven que se pierde casi un año clave de su carrera. Pero en esa contradicción está la nueva Fowler.

Una lesión, 10.000 millas de casa y una vida en pausa

El diagnóstico golpeó fuerte. “El miedo a lo desconocido” la dejó “un poco ansiosa y un poco triste”. Estaba a 10.000 millas de Australia, lejos de su círculo íntimo, sin el refugio de su rutina.

Fowler siempre se ha visto como alguien independiente, que valora su espacio y su libertad. La lesión se lo arrebató. De repente, necesitaba ayuda para casi todo. “Ser lesionada me quitó eso porque necesitaba depender de la gente”, explica. Ese choque la obligó a mirarse al espejo.

Y ahí llegó el giro. Descubrió que nunca había sido una futbolista que viviera sólo para el fútbol. Que su identidad no cabía en 90 minutos ni en una estadística. “Me di cuenta de que, raramente, me habían regalado mucho tiempo para hacer otras cosas y sentí que realmente lo aproveché”.

Lo hizo a lo grande. Escribió su libro. Caminó por la pasarela en la Paris Fashion Week. Volvió a conectar con su amor por el arte. Se permitió “desconectar un poco del fútbol y de mi identidad como futbolista” para explorar quién era sin ese ancla.

Hasta los gestos más pequeños cambiaron. Antes, ir a entrenar significaba ropa cómoda y cero complicaciones. Durante la lesión, decidió que necesitaba “levantarse” de otra manera. Empezó a arreglarse más, a disfrutar de vestirse con intención. “Encontré otra alegría en eso”, cuenta. Un detalle mínimo, pero clave en su búsqueda de quién era “Mary” sin que el fútbol fuese su principal fuente de confianza.

Un vestuario ganador como sala de rehabilitación

Mientras ella reconstruía su día a día, el Manchester City volaba. El equipo se lanzó hacia el título de la WSL y convirtió la ciudad deportiva en un lugar donde la victoria se respiraba en cada sesión.

Fowler vivió ese impulso desde la camilla, las pesas y los ejercicios de fuerza. Y ahí, el cuerpo técnico de City fue determinante. Habla de una rehabilitación “tan disfrutable” gracias a la “energía” y la “profesionalidad” del staff. “Celebraban mi progreso. Siempre sentí que tenía algo bueno a mi favor”, explica.

El contexto ayudó. Ver a sus compañeras ganar, sentir el ambiente de un equipo que se acercaba a títulos, la mantuvo enchufada. Le hacía querer estar en el edificio cada día, incluso sin poder jugar. No era una espectadora distante. Era parte de algo que estaba creciendo.

El regreso: del Etihad al Asian Cup

La vuelta al césped llegó en un escenario enorme. Entró desde el banquillo en la goleada 5-1 de City sobre Chelsea en el Etihad Stadium, un resultado que prácticamente sentenció la carrera por el título de la WSL a principios de febrero. Unas pocas decenas de minutos, pero simbólicos. La puerta se abría.

El verdadero salto, sin embargo, llegó semanas después, en el Asian Cup. Australia la necesitaba. Fowler respondió: cinco titularidades en 17 días, hasta la final. El cuerpo, recién regresado; la mente, ambiciosa.

“Era un torneo raro para mí”, reconoce. Por un lado, quería rendir al máximo. Por otro, sabía que “acababa de volver”. Antes de empezar, se obligó a ajustar el listón: no entrar con expectativas irreales. Esa sinceridad consigo misma la protegió.

Aun así, marcó contra Irán y repartió asistencias clave frente a China y Corea del Sur. Hubo momentos en los que sintió que era la jugadora de antes de la lesión. En otros, el cuerpo no acompañó. “Mi cabeza me decía que hiciera algo pero mis piernas no se movían”, admite. En esos instantes, se repetía un mantra: paciencia, ya volverá.

Hambre de Mundial y una temporada para mandar

Australia ya está clasificada para el próximo Mundial, tras las semifinales alcanzadas en 2023. El Asian Cup dejó una sensación doble en Fowler. Orgullo por lo logrado. Hambre por lo que aún no ha mostrado.

“Fue muy gratificante llegar hasta donde llegamos y, a nivel individual, hacer lo que hice. Pero al mismo tiempo estaba muy hambrienta por lo siguiente porque, por dentro, sabía que podía hacer mucho más, sólo que todavía no estaba del todo ahí”.

Ese “todavía” es lo que la impulsa ahora. La temporada que viene se presenta como el escenario ideal para ver a una Fowler completa, sin limitaciones físicas, con todo ese aprendizaje emocional a cuestas.

Su gol contra Chelsea en las semifinales de la FA Cup fue un recordatorio de su impacto. Un disparo, un destello, un aviso: sigue siendo una futbolista capaz de cambiar partidos grandes. Y esta vez, con una campaña entera por delante en un City que acaba de romper una sequía de 10 años sin título de la WSL y seis sin levantar la FA Cup.

“En lo personal, quiero sentir que he contribuido de alguna manera”, dice. Sabe que se puede sumar desde el vestuario, desde el apoyo diario, pero no se engaña: también quiere peso en el césped. Y lo tuvo.

City, de perseguidor a objetivo a batir

Desde que llegó en 2022, Fowler vivió finales amargas. Temporadas en las que City rozó los títulos y se quedó corto en el último tramo. Por eso, levantar por fin trofeos tuvo un sabor especial.

“Fue muy especial. Incluso sin estar en el campo, fue bonito sentir lo especial que era porque he estado aquí algunos años y hemos estado cerca de ganar trofeos y nos hemos quedado cortas justo al final”, explica.

Siempre defendió que este grupo “merecía” ganar algo. “He dicho desde el principio: este grupo de chicas es tan especial. Siempre se ha sentido como un grupo que merece ganar algo, pero nunca llegábamos del todo. Así que fue muy gratificante ver por fin a las chicas poner todo ese trabajo durante la temporada y luego ganarse ese trofeo al final”.

Ahora cambia el rol. City ya no persigue: es el equipo al que todos quieren derribar. Campeón de la WSL, campeón de la FA Cup. El riesgo sería relajarse. No hay señales de eso.

El entrenador, Jeglertz, lo ve claro. Habla de un equipo con una confianza “calma”, pero con curiosidad competitiva: cómo dar el siguiente paso, cómo ser “un poco mejores”. Una actitud que, según él, ya se nota y que deberán mantener todo el año.

Fowler coincide. No ve un vestuario de egos inflados. “No somos un equipo impulsado por el ego. No creo que tengamos jugadoras arrogantes, pero sí jugadoras que esperan altos estándares y eso nos funciona muy bien”, explica. Esa exigencia interna sostiene el nivel cada semana. Es, para ella, una de las razones por las que el grupo encaja tan bien: todas disfrutan del fútbol precisamente porque se juegan cosas grandes.

Mira atrás y detecta el cambio clave. “En temporadas anteriores, quizá nos quedábamos cortas porque faltaba un poco de mentalidad de sentirnos realmente capaces de ganar. Pero ahora que lo hemos hecho, se siente como: ‘Eres muy capaz y puedes hacerlo otra vez’”.

Refuerzos de élite y una pieza que vuelve a ser total

El club ha rodeado a ese bloque con fichajes de peso. Beth Mead, dos veces campeona de Europa con Inglaterra y ganadora de la Champions con Arsenal. Niamh Charles, también campeona de la Euro con las Lionesses y parte del Chelsea dominante de los últimos años. Dos jugadoras acostumbradas a pelear por todo.

Fowler subraya un detalle: el encaje humano. “Creo que el club hace muy bien en fichar jugadoras que encajan realmente con nuestro entorno de equipo”, apunta. No se trata sólo de nombres, sino de perfiles que no rompan la química que tanto ha costado construir.

Y luego está ella. Su regreso a plena forma es un refuerzo del mismo calibre que un gran fichaje. Procesó esos 10 meses fuera con una madurez que sorprende para sus 23 años, pero nunca perdió de vista lo esencial: volver.

“No podía esperar para volver y hacer que ese momento sucediera, como el punto final de todo el trabajo que todos habían puesto para devolverme al campo”. Ese “todos” incluye médicos, fisios, entrenadores, compañeras y, por supuesto, a la propia Fowler, que convirtió una etapa devastadora en una reconstrucción personal.

Ahora, con el círculo cerrado, se abre otro. Una temporada entera por delante, un City campeón que quiere más y una Mary Fowler lista para demostrar que aquellos meses en la sombra no la frenaron, sino que la afilaron. La pregunta ya no es si ha vuelto. Es cuánto puede llegar a dominar ahora que sabe quién es, incluso cuando el balón no rueda.