Martin Odegaard, el nuevo capitán decisivo del Arsenal
El gesto lo decía todo. Minuto 79 en el Stadio Diego Armando Maradona, partido en el alambre, y Martin Odegaard cazó el balón en la frontal. Un control, un toque para perfilarse y un latigazo seco, imparable. Gol. Otra vez él. Otra vez decisivo.
Arsenal salió de Nápoles con una victoria corta en el marcador (0-1), pero enorme en mensaje. Y en el centro de todo, de nuevo, su capitán.
De un curso roto por las lesiones a un inicio arrollador
Hace apenas unos meses, Odegaard atravesaba una temporada 2025/26 marcada por las lesiones y la frustración: solo un gol con Arsenal en todo el curso. Hoy, arranque de campaña, el panorama es radicalmente distinto. Cuatro tantos en cinco partidos entre todas las competiciones. Dos de ellos, en noches grandes: el que cerró el triunfo ante Chelsea en la Premier League el domingo, y el que decidió el duelo de Champions League en Nápoles.
Mikel Arteta no lo esconde. Para él, la transformación tiene una base clara: “Primero, tiene que estar disponible y el año pasado se perdió muchísimos partidos por lesiones”, explicó en la sala de prensa, ya con los tres puntos en el bolsillo.
La continuidad física ha liberado al capitán. El resto lo ha hecho el tablero.
Un rol más alto, más libre, más letal
Odegaard ya no vive tanto en la base de la jugada. Ahora flota. Se mueve entre líneas. Ataca zonas que antes apenas pisaba. Y los números lo respaldan: sus toques en el área rival han pasado de 2,5 por 90 minutos la temporada pasada a 4,3 por 90 en este inicio.
Arteta lo resumió con una idea que se ve en el campo: “Puede empezar a moverse por diferentes alturas en el equipo, sobre todo en fase ofensiva, y cuando lo metemos en esas posiciones es un jugador realmente peligroso”.
El técnico también apuntó a algo clave: las nuevas sociedades. “Tiene ese punto extra y diferentes relaciones a su alrededor, y eso ayuda”, subrayó. Con más compañeros capaces de progresar la pelota, Odegaard ya no necesita bajar tanto. Puede esperar más arriba, atacar espacios, cambiar ángulos, desorganizar defensas.
“Ahora tenemos muchos jugadores que pueden recibir ahí y progresar el balón mucho mejor que en el pasado”, explicó Arteta. “Cuando eso pasa, él tiene que tomar diferentes alturas, ángulos y posiciones para desordenar al rival, y lo ha hecho muy bien”.
Tzolis, la conexión que enciende al capitán
Entre esos nuevos socios, un nombre se repite: Christos Tzolis. El fichaje veraniego suma ya cuatro asistencias, tres de ellas para goles de Odegaard, incluida la del misil en Nápoles. La sociedad se ha armado a velocidad de vértigo.
En el Maradona, esa química se notó desde el primer tramo. El ataque de Arsenal dañó por ambas bandas y por dentro, con Tzolis y compañía atrayendo rivales y abriendo pasillos que el noruego aprovechó con instinto asesino.
El dato es contundente: 26 remates de Arsenal, su cifra más alta registrada en la Champions League desde que hay datos (2003/04). Un xG de 4,05 que habla de un asedio que mereció más goles. Solo entró uno. El del capitán.
Todo pasa por él
El análisis de Nick Wright lo dibuja bien: Odegaard “emanó clase y confianza” desde los primeros minutos en Nápoles. Quiso siempre la pelota. La pidió al pie, al espacio, entre líneas. Y, una vez la tenía, encontraba grietas donde otros solo ven camisetas azules.
Su gol llegó tras una secuencia de 29 pases. Una jugada larga, paciente, que terminó en el único lugar donde Napoli no podía permitir que terminara: en la bota izquierda del noruego, al borde del área. Definición seca, quirúrgica.
Pero su impacto fue mucho más allá del tanto. Acabó el partido como el jugador con más toques, más pases y más ocasiones creadas sobre el césped. Napoli no encontró la manera de acercarse a él. Cada vez que recibía, el ritmo cambiaba. El estadio se tensaba.
Hubo acciones que no acabarán en los resúmenes, pero que explican su estado de forma. La vaselina medida para habilitar la carrera de Ben White, que derivó en la ocasión clarísima que Piero Hincapié no supo convertir, fue solo una de varias muestras de su ingenio ante una defensa cerrada.
Jugó suelto. Jugó con descaro. Jugó como si el partido le perteneciera.
Mentalidad de líder, colmillo de goleador
Arteta fue directo al grano: “Martin está contribuyendo con goles. Eso impacta en los resultados, que es lo que queremos de nuestros jugadores de ataque, que sean decisivos, y hoy, desde luego, lo fue”.
El técnico también subrayó un matiz mental que se está volviendo evidente: “Se está metiendo mucho más en esas posiciones en los últimos partidos y ahora sientes que tiene el estado emocional de saber que el balón puede entrar, y hoy ha marcado un gol increíble”.
Ese cambio se nota. Odegaard ya no parece solo el organizador fino que borda el último pase. Es un mediapunta que huele el área, que llega a remate, que no se esconde cuando la jugada pide un disparo. Su lenguaje corporal lo delata: pecho erguido, mirada fija hacia adelante, siempre un paso por delante de la jugada.
Arsenal, mientras tanto, recoge los frutos. Un equipo que ya era reconocible en su estructura ahora tiene, además, a un capitán que decide partidos en Europa y en la liga en cuestión de días.
Si este es el nuevo Odegaard, si su cuerpo aguanta y su cabeza sigue en esta frecuencia, la pregunta ya no es qué puede dar él. La pregunta es hasta dónde puede llegar este Arsenal con su capitán jugando así.






