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Maresca y el desafío tras Guardiola: ¿continuidad o ruptura?

El dado ya está lanzado en la Premier League. Varios grandes han cambiado de rumbo en el banquillo y, entre ellos, aparece un gigante que entra en territorio desconocido: Manchester City sin Pep Guardiola. El elegido para pilotar la nueva era es Enzo Maresca, un viejo conocido de la casa, pero debutante en un escenario de esta magnitud.

Será su tercera etapa en el club: primero como técnico de la academia en 2020-21, después como asistente de Guardiola en la histórica temporada del triplete Premier League–Champions League–FA Cup en 2022-23. Sabe lo que es convivir con la exigencia de los títulos. Otra cosa es ser él quien tenga que levantarlos.

La pregunta es sencilla, la respuesta no tanto: ¿qué tan preparado está Maresca para conducir al City a la gloria en la 2026-27?

Un calendario amable… que no perdona tropiezos

El arranque de curso le concede algo de aire. Bournemouth, Crystal Palace y Coventry City en las tres primeras jornadas. Un tramo inicial que casi cualquier técnico firmaría para coger ritmo, ajustar automatismos y rebajar pulsaciones en un vestuario plagado de campeones.

Ese inicio también sirve como colchón para los mundialistas que han llegado al límite. Rodri, epicentro del City y de la selección española campeona del mundo, jugó prácticamente cada minuto del torneo. Es el candidato número uno a pagar el peaje físico. La secuencia de partidos, en teoría asequibles incluso sin él, permite una reincorporación escalonada sin poner en riesgo la estructura.

Pero el regalo tiene letra pequeña. Precisamente porque son encuentros muy ganables sobre el papel, Maresca no puede permitirse arrancar con dudas. Ceder terreno en agosto sería un lujo imperdonable en una liga donde los márgenes se han vuelto microscópicos. Menos aún sabiendo lo que viene a continuación: Manchester United y Liverpool en dos de los siguientes tres compromisos de septiembre. No son solo partidos; son declaraciones de intenciones. Batallas que pesan en la clasificación y en el relato de la temporada.

El propio Maresca lo definió como una “situación de ensueño”: hereda una plantilla equilibrada, profunda, moldeada durante una década por Guardiola. “Me da la consistencia que necesito para hacer mi trabajo de forma efectiva”, apuntó. Esa frase encierra una verdad incómoda: las exigencias serán idénticas a las que soportó el técnico catalán… pero sin la misma coraza de poder.

Guardiola siempre manejó los tiempos a su manera. Su autoridad era absoluta. Maresca mantiene una relación estrecha con el presidente Khaldoon Al Mubarak, pero eso no garantiza el mismo blindaje. El margen de error, de entrada, parece menor.

Parecidos de familia… con matices importantes

Sobre el césped, el City no va a convertirse en un equipo irreconocible. Maresca bebe de la misma fuente que Guardiola: posesión como arma, control del ritmo, presión alta y agresiva. La pelota como escudo y como cuchillo.

La diferencia aparece en los detalles. El italiano tiende a ser más expansivo. Quiere extremos altos y abiertos, estirando el campo al máximo. En los últimos años, el City había virado hacia otra cosa: wingers que se meten por dentro, rotaciones constantes para generar superioridad en carriles interiores, un fútbol en el que casi todo orbita alrededor de Rodri y su capacidad para ordenar el caos.

Con Guardiola, el equipo era un organismo mutante. Centrales que se convertían en mediocentros, interiores que aparecían como delanteros, laterales que se cerraban por dentro para crear una superioridad invisible. Un tablero en permanente movimiento.

Maresca, en cambio, se inclina por un 4-2-3-1 más reconocible, más rígido en la pizarra. Roles más tradicionales, menos metamorfosis posicional. Esa estructura exige una pieza clave: un mediapunta capaz de unir líneas, recibir entre líneas, girar y acelerar. En el Chelsea de Maresca, ese papel fue para Cole Palmer. En el City, las cartas parecen claras: Phil Foden o Rayan Cherki, si decide replicar el mismo sistema.

La cuestión no es solo táctica. Es de tiempo. ¿Cuánto tardará un vestuario educado durante años en el “juego de posición” de Guardiola en adaptarse a los matices de Maresca? La base conceptual es similar, pero los automatismos cambian. Y en la élite, medio segundo de duda puede costar un título.

Un vestuario rejuvenecido… y un vacío de jerarquía

El City no llega a esta nueva etapa desarmado. Al contrario. En los últimos dos o tres mercados, bajo la dirección de Hugo Viana, el club ha rebajado de forma notable la media de edad: de 29 años a algo más de 25. Un rejuvenecimiento planificado, no improvisado.

El precio de ese giro es evidente: se ha abierto un hueco en el liderazgo. Este verano se han marchado Bernardo Silva y John Stones, y antes lo hizo Kevin De Bruyne. No son solo nombres; son voces, jerarquías, referencias en los momentos de tormenta.

La columna vertebral sigue siendo de élite. Rodri y Ruben Dias sostienen el armazón competitivo, mientras que la pasada temporada ya se vio a un Erling Haaland más involucrado en el liderazgo del grupo, no solo en el área. Marc Guehi y Josko Gvardiol aportan experiencia y estabilidad atrás, Mateo Kovacic suma oficio y lectura. El esqueleto del equipo continúa siendo temible.

El mercado, por ahora, ha sido caro, pero coherente. Elliot Anderson, fichado por una cantidad muy elevada desde Nottingham Forest, llega para dar músculo, piernas y futuro al centro del campo. Jeremy Monga, reclutado desde Leicester, es otra apuesta de proyección.

En la lista de deseos aparece un lateral derecho y un extremo. También el nombre de Ayyoub Bouaddi, joya de Lille y uno de los grandes destacados con Marruecos en el Mundial. El City lo sigue de cerca, igual que Arsenal.

Las salidas dependerán de quién esté dispuesto a pagar lo que el club exige. Entre los candidatos figuran Savinho, Omar Marmoush, Nico Gonzalez, Jack Grealish, Tijjani Reijnders y Rico Lewis. Con el Mundial ya cerrado, se espera que el mercado citizen se acelere. Maresca necesita que la plantilla quede definida pronto para poder afinar su idea sin sobresaltos de última hora.

El gran desafío: mantener la cultura del título sin el arquitecto

Desde la llegada del capital de Abu Dhabi, el City siempre supo hacia dónde miraba. Durante años, todo se construyó con un objetivo: convencer a Guardiola para dirigir el proyecto en la Premier League. Esa visión ya se cumplió. Y se agotó. Ahora el club se asoma a una pregunta incómoda: ¿y después de Pep, qué?

El City ha creado una cultura en la que ganar trofeos no es un objetivo ambicioso, sino la norma. Cualquier cosa por debajo de eso no se tolera durante demasiado tiempo. La afición acude al Etihad con dos demandas claras: espectáculo y victorias. No una u otra. Las dos.

Ahí se encuentra una de las trampas del nuevo ciclo. Maresca ya vivió en Chelsea lo que supone intentar cuadrar ese círculo. Allí no logró encontrar el equilibrio entre control, creatividad y resultados. En Manchester, la paciencia será todavía más escasa.

Su ventaja es contextual. No es el único novato en la zona noble. La Premier se adentra en una especie de vacío de poder técnico: Andoni Iraola en Liverpool, Xabi Alonso en Chelsea y, en menor medida, Michael Carrick en Manchester United llegan con interrogantes. No hay un bloque hegemónico claro, ni una figura que imponga respeto automático en todos los banquillos.

Ese escenario abre una ventana. Una era de incógnitas es también un terreno fértil para quien se atreva a imponer su sello con rapidez. O se nada. O se se hunde.

El ruido de fondo: las 115 acusaciones que no desaparecen

Sobre todo esto planea una nube que no se disipa: las 115 acusaciones de la Premier League que siguen pesando sobre el club. No forman parte de la pizarra, pero condicionan el clima. Y Maresca tendrá que convivir con ello desde el primer día.

Guardiola manejó ese frente como un veterano de mil guerras. Acostumbrado a la presión mediática desde Barcelona y Bayern, supo cuándo confrontar, cuándo esquivar y cuándo cortar de raíz las preguntas incómodas. Conocía al detalle a la prensa que cubre al City y dominaba el escenario.

Maresca, en cambio, solo ha recibido fuego mediático intenso por cuestiones estrictamente futbolísticas durante su etapa en Chelsea. Ahora se enfrenta a algo distinto: ruedas de prensa en las que, muchas veces, la actualidad deportiva compartirá foco con la batalla legal y reputacional del club.

La forma en que gestione ese ruido externo puede marcar su primer año. Siempre que, claro, haya un veredicto dentro de ese periodo. Si llega una resolución, el impacto será inmediato. En el campo. En la grada. En la narrativa del proyecto.

Entre el legado de Guardiola, un vestuario poderoso, un calendario inicial que no perdona tropiezos y una Premier en plena recomposición, el margen para la duda es mínimo. Maresca tiene la estructura, el talento y el contexto para triunfar. Lo que no tiene es tiempo ilimitado.

La nueva era del City ya ha comenzado. La cuestión es si será una prolongación del dominio… o el inicio de una etapa mucho más frágil de lo que el club está acostumbrado a aceptar.