El Madrid de Mourinho gana en el 91’ tras un partido complicado
El estreno liguero de José Mourinho con el Real Madrid tuvo de todo en el RCDE Stadium: un inicio arrollador, un largo atasco y un desenlace marca de la casa, resuelto en el descuento. Dieciocho temporadas seguidas sin perder en la primera jornada de La Liga. Y siete debuts ganadores de forma consecutiva para el técnico portugués. El guion, esta vez, volvió a inclinarse de su lado.
Bellingham golpea pronto
El partido no pudo arrancar mejor para los blancos. Minuto 9. Falta lateral botada con seda por Arda Guler, balón tenso, preciso. Jude Bellingham se elevó por encima de todos y martilleó de cabeza al fondo de la red. Un remate limpio, dominante, que silenció al estadio y dio la sensación de que el Madrid venía para arrasar.
Espanyol acusó el golpe. La presión alta del equipo de Mourinho mordía, robaba arriba, obligaba a jugar largo. Parecía que el encuentro se encaminaba hacia una tarde plácida para los visitantes.
Hasta que el partido se abrió de golpe.
Clemens Riedel se atrevió desde casi 30 metros con un disparo brutal que obligó a Thibaut Courtois a una estirada de reflejos felinos. El belga voló a su derecha para evitar un golazo. Esa acción encendió a la grada y dio vida a los locales.
Un parón para atender un corte sobre el ojo de Dean Huijsen enfrió algo el ritmo blanco y permitió a Espanyol respirar, reorganizarse y empezar a ganar duelos. El Madrid dejó de mandar con tanta claridad. El choque, de pronto, se equilibró.
Golpe de talento de Javi Hernández
La recompensa al crecimiento perico llegó en el minuto 30. Javi Hernández se inventó una jugada que cambió el partido. Conducción pegado a la línea, regates en corto, potencia para llegar a la línea de fondo y un pase atrás medido. Alex Calatrava apareció en el corazón del área para barrer el balón a la red. Empate y partido nuevo.
El Madrid acusó el impacto. Durante varios minutos, el equipo de Mourinho se vio superado. Impreciso con balón, blando en las segundas jugadas. Espanyol olió la sangre.
Pudo llegar el 2-1 antes del descanso. Centro perfecto al área y Roberto Fernández, completamente solo, se encontró con una ocasión de oro. Su cabezazo, con Courtois vendido y la portería abierta, se marchó incomprensiblemente desviado. El RCDE Stadium se llevó las manos a la cabeza. El Madrid, al vestuario, respirando aliviado.
Mbappé se topa con Dmitrovic
En la reanudación, todas las miradas apuntaron a Kylian Mbappé. Debut liguero con Mourinho, escenario ideal para un golpe de autoridad. Pero se encontró con un muro: Marko Dmitrovic.
El guardameta serbio sostuvo a Espanyol en los momentos más delicados. Primero, achicó espacios y, con una estirada con las piernas, frustró el mano a mano del francés. Después, volvió a negarle el gol con una parada abajo a un disparo raso que buscaba el palo.
Mbappé lo intentaba, se movía por todo el frente de ataque, caía a banda, buscaba diagonales. No encontraba el camino. Y el Madrid, pese a la posesión, tampoco hallaba claridad en los últimos metros.
Mourinho agita el banquillo
Con el partido atascado, Mourinho miró al banquillo. Entró Yan Diomande, fichaje récord, para cambiar el ritmo en la recta final. El impacto fue inmediato.
Una internada por la derecha terminó en un centro desviado que cayó perfecto para Federico Valverde en la frontal. El uruguayo armó el disparo con rabia. Su latigazo se estrelló en la parte exterior del poste. Dmitrovic solo pudo mirar. El aviso era serio: el Madrid apretaba de nuevo.
La sensación de asedio se acentuó poco después. De nuevo Guler, esta vez desde el córner, dibujó un envío preciso. Otra vez Bellingham se impuso en el aire. Y otra vez el travesaño negó el gol. El balón se estrelló en la madera con un estruendo que resumía la frustración blanca.
El encuentro entró en los últimos diez minutos con el Madrid volcado y Espanyol defendiendo cada balón como si fuera el último. Mbappé, nervioso, enganchó una media volea dentro del área que se marchó mansamente hacia la zona del banderín de córner. Un disparo que simbolizaba el bloqueo ofensivo del equipo.
Espi decide en el descuento
Cuando el empate parecía escrito y el punto se celebraba ya en la grada local, apareció el héroe inesperado. Minuto 91. Balón colgado al área, Mbappé recibe rodeado de defensores, sin espacio para girarse. La jugada parece morir ahí.
Pero el rechace queda suelto. Y ahí entra en escena Espi, recién salido del banquillo. Sin pensárselo, engancha el balón y lo fusila a la red. Gol. Estallido visitante. Silencio y rabia contenida en el RCDE Stadium. Un debut soñado para el canterano, una puñalada para un Espanyol que había rozado el punto.
El Madrid cerró así otra primera jornada sin derrota, estirando una racha que ya abarca 18 temporadas. Para Mourinho, una victoria que refuerza su leyenda de irrumpir ganando allá donde llega.
El juego dejó dudas, la integración de los fichajes aún está verde, Mbappé todavía busca su primer gran golpe en La Liga con el técnico portugués. Pero el final recordó algo que el “Special One” nunca perdió: esa vieja costumbre de encontrar la forma de ganar cuando el reloj ya parece haberse quedado sin tiempo.






