Liverpool busca su futuro en Estados Unidos
En Nueva York, con la ciudad ardiendo en deporte y negocio, Liverpool se mira al espejo y decide que su futuro también pasa por Estados Unidos. No es casualidad: el club asegura tener más de 26 millones de seguidores en el país. Con esas cifras, la gira de pretemporada por territorio estadounidense no es una excursión, es una declaración de intenciones.
En la víspera del amistoso ante Wrexham en el legendario Yankee Stadium, Billy Hogan, director ejecutivo de Liverpool y de Fenway Sports Group (FSG), toma aire y contexto. Habla de un año “súper difícil” por “muchas razones diferentes”. Habla de cambio, de inversión, de identidad. Y, sobre todo, de la convicción de que el proyecto no ha tocado techo.
Un nuevo socio a la vista
El ruido, esta vez, no viene del césped. Llega desde los despachos. FSG confirmó la semana pasada que mantiene conversaciones con un consorcio liderado por Amit Bhatia, empresario británico-indio millonario, para una inversión minoritaria estratégica en el club. Las negociaciones siguen su curso y en el entorno del club crece la sensación de que el acuerdo terminará cerrándose.
Hogan no se sale del guion marcado en el comunicado oficial, pero sí recalca una idea: esto no va de una retirada silenciosa de FSG.
“John Henry y FSG siempre han dicho que, si surgía un interés de inversión que ayudara al club, lo considerarían. Eso se dijo hace muchos años y sigue siendo el caso”, explica. Y se mantiene firme en que la operación, de concretarse, sería una inyección para el proyecto, no una señal de fuga.
Según el Financial Times, el posible acuerdo con el grupo liderado por Bhatia situaría la valoración de Liverpool por encima de las 4.500 millones de libras. De los 300 millones que pagó FSG en 2010 a esta cifra astronómica. Una escalada que Hogan interpreta como punto de partida, no de llegada.
“Todavía hay una enorme oportunidad”, insiste. “Somos uno de los clubes más grandes de la liga más grande del deporte más grande del mundo. La Premier League tiene un impulso tremendo. No hemos alcanzado el pico”.
Un gigante que no quiere frenar
Los números respaldan ese discurso. Liverpool fue quinto en la Deloitte Football Money League y registró los mayores ingresos de la Premier League, con 702 millones de libras. Todo, insiste Hogan, se reinvierte.
“Desde 2010, toda la inversión vuelve al club. Se trata de gestionarlo de forma sostenible”, recalca. Sobre el césped, la meta es clara: ganar títulos cada temporada. Fuera de él, seguir aumentando ingresos, expandir la marca y consolidar la estructura.
El relato económico, sin embargo, choca con la realidad deportiva del último curso. Tras un gasto récord de 450 millones de libras el verano pasado, el equipo no respondió. El proyecto se desinfló. El desenlace fue contundente: destitución de Arne Slot al final de la temporada y salida, libre, de referentes como Mohamed Salah, Andy Robertson e Ibrahima Konaté. Un golpe duro en el vestuario y en el imaginario del aficionado.
Este verano ha sido, directamente, un terremoto silencioso.
Michael Edwards dejó su cargo como CEO de fútbol de FSG, en buena parte porque se abandonó el plan de convertir al grupo en un modelo de propiedad multiclub. Al mismo tiempo, el director deportivo Richard Hughes suena con fuerza para marcharse a Al Hilal, en Arabia Saudí. El concepto “estabilidad” se ha puesto bajo la lupa.
Hogan, sin embargo, prefiere hablar de transición, no de crisis.
“El cambio es inevitable en el fútbol. Con un nuevo entrenador, hay una ilusión real con la mentalidad y la filosofía de Andoni Iraola, que los aficionados disfrutarán”, apunta. Pide tiempo, pero transmite seguridad: “Estamos en un lugar muy saludable como club. El liderazgo desde la propiedad es muy estable y miramos con ganas a la próxima temporada y a las que vienen”.
El modelo no se toca
En un verano en el que solo ha llegado una incorporación —Federico Chiesa, por 12,5 millones de libras— el contraste con el gasto del año anterior es brutal. Para Hogan, es coherencia, no recorte.
“Es importante recordar que la temporada pasada se invirtió mucho, pero también se generó mucho con ventas”, explica. “Bajo la gestión de FSG, la inversión siempre ha estado enfocada en lo que es mejor para ponernos en posición de ganar. A veces eso implica un gasto significativo y otras no, como en el verano de 2024. Depende de dónde esté el club y de las mejoras necesarias”. El peso final de cada decisión, recuerda, recae en Mike Gordon, el verdadero “managing owner” del proyecto.
El mensaje es claro: no habrá volantazos. El modelo, basado en sostenibilidad, análisis y control del gasto, seguirá siendo la brújula, aunque el mercado se dispare y la presión externa reclame grandes nombres.
La deuda con el equipo femenino
Hogan también abre un capítulo incómodo: el del equipo femenino. Liverpool terminó 11º en la WSL la pasada temporada y no levanta el título de la máxima categoría desde 2014. Para un club que presume de estructura y ambición global, la distancia con la élite femenina es evidente.
“Siendo autocríticos, probablemente es un área en la que apartamos la vista del balón hace varios años, pero eso lo hemos cambiado”, admite. El club presume ahora de uno de los mejores centros de entrenamiento en AXA Melwood, aumenta la inversión en la plantilla y promete aplicar los mismos criterios que con el equipo masculino: sostenibilidad, pero con ambición y crecimiento.
El fútbol femenino vive un boom mundial. Hogan lo ve como un campo abierto: “Hay un crecimiento tremendo y una enorme oportunidad para impulsarlo de verdad”.
De la bancarrota al coloso moderno
El contraste con 2010 sigue siendo casi difícil de imaginar. Cuando FSG tomó el control, el club estaba al borde de la administración, con la amenaza real de bancarrota. Hoy, la fotografía es radicalmente distinta: un gigante con una base financiera sólida, un estadio renovado y una marca global que se pasea por Nueva York como en su propia casa.
No todo han sido aciertos. Este mismo año, Hogan tuvo que escribir a los aficionados para explicar las subidas de precios de las entradas. Las protestas llevaron al club a recortar el aumento previsto para las próximas temporadas. Un recordatorio de que, en Liverpool, la grada no se calla.
En paralelo, Anfield ha cambiado de piel sin perder su alma. Dos de sus cuatro gradas han sido remodeladas en la última década. El objetivo ahora va más allá de las tribunas: mejorar el entorno del estadio, la infraestructura, el transporte y la vida del barrio también en días sin partido. Un estadio como epicentro de comunidad, no solo de negocio.
“Estamos orgullosos de cómo hemos ampliado el estadio manteniendo su alma, pero modernizándolo de una forma acorde al club”, resume Hogan. Lo que más le enorgullece, dice, es la salud financiera actual: “Si miras atrás, el club estaba literalmente al borde de la bancarrota. Ahora tiene los cimientos correctos bajo sus pies”.
Títulos, recuerdos y la próxima página
En el fondo, todo se reduce a lo mismo: ganar. Hogan no esconde que le gustaría haber levantado más trofeos, pero se aferra a las noches grandes, a las finales de Champions, incluso a las perdidas, y a las imágenes de los fan parks repletos de hinchas. “La alegría, los recuerdos, la diversión… es algo de lo que todo el mundo asociado a Liverpool debería sentirse orgulloso”, reflexiona. Porque, recuerda, “pasa porque lo hacemos juntos”.
Tras un año áspero, con decepciones en el campo y sacudidas en los despachos, Liverpool elige mirar hacia adelante desde Nueva York, la ciudad de los sueños y de los grandes negocios. La pregunta ya no es si el club ha sobrevivido a la tormenta. La cuestión es otra: con un nuevo entrenador, un posible socio estratégico y un modelo que se niega a cambiar, ¿hasta dónde está dispuesto a llegar este Liverpool en la próxima década?






