Myles Lewis-Skelly y el VAR: Un acto divino en el Arsenal
En la forma en que Myles Lewis-Skelly contó la historia, aquello fue poco menos que un acto divino. Y luego estaba Ian Wright. El mito del Arsenal, siempre dispuesto al dramatismo sin filtros, no falló el domingo cuando recordó el gol que no fue de West Ham: quizá el giro más trascendental jamás firmado por el VAR.
Sobre el césped del London Stadium, el árbitro Chris Kavanagh tomó aire, escuchó en su auricular, revisó, esperó… y finalmente habló por el micrófono del estadio. Falta de Pablo sobre el portero del Arsenal, David Raya. Gol anulado a Callum Wilson en el minuto 95. “Decisión final, tiro libre directo”.
Le preguntaron a Wright en Sky Sports si eran las palabras más dulces que había escuchado. Su respuesta fue puro Wright: “Las palabras más dulces desde el ‘I have a dream’ de Martin Luther King”.
Un vestuario al borde del éxtasis
Lewis-Skelly describió una escena eléctrica en el vestuario del Arsenal. La victoria por 1-0 les había acercado un paso más al título de Premier League que el club persigue con cada fibra de su ser. Cinco puntos de ventaja sobre Manchester City, dos partidos por jugar: Burnley en casa y Crystal Palace fuera. City, con un partido menos, todavía debe medirse a Palace en casa, Bournemouth a domicilio y Aston Villa en el Etihad.
“Es simplemente una sensación enorme de alivio”, empezó Lewis-Skelly. Pero se quedó corto. “Alegría, emoción, plenitud… todo lo que puedas describir. Estamos eufóricos, pero sabemos que el trabajo no está hecho. Nos quedan dos finales más”.
El momento del VAR fue casi una prueba de fe. Kavanagh tardó una eternidad en dictar sentencia, una eternidad en la que el corazón de West Ham se fue encogiendo y el del Arsenal latía a toda velocidad, con la zona de descenso acechando a los locales. “Ni siquiera sé… fue simplemente Dios de nuestro lado”, dijo Lewis-Skelly. “Estamos muy agradecidos”.
Un susto enorme, seguido de un final feliz, sostenido en la fe y la convicción. La metáfora encaja a la perfección con la propia temporada de Lewis-Skelly.
Del vértigo al olvido… y vuelta
Hasta el sábado de la semana pasada, el curso del joven de 19 años había sido, sobre todo, frustración. Su irrupción en la élite había tenido algo de guion de película: 15 titularidades en Premier League, momentos de pellizcarse para creerlo, su primer gol con el Arsenal en el 5-1 ante Manchester City y aquella celebración en la que pareció burlarse del “Zen” de Erling Haaland.
Lewis-Skelly nunca fue un jugador tímido. Marcó en su debut con Inglaterra ante Albania a los 20 minutos y, cuando brilló en el Bernabéu en los cuartos de final de la Champions League frente al Real Madrid, en los palcos algunos veteranos del club blanco solo preguntaban una cosa: “¿Quién es este chico?”.
Esta temporada, el decorado cambió. Los minutos en liga se evaporaron, el sitio en la selección inglesa desapareció. Cuando Mikel Arteta le devolvió al once frente a Bournemouth el 11 de abril, era apenas su segunda titularidad liguera del curso. El Arsenal perdió de forma dolorosa. Y para Lewis-Skelly empezó el examen definitivo a su concentración y carácter.
Arteta reconoció que había sido duro con él. Y, sin embargo, cuando el técnico decidió por pura “corazonada” incluirlo de inicio ante Fulham hace nueve días, el relato dio un giro. Por primera vez, el entrenador lo situó en el centro del campo, la posición en la que Lewis-Skelly se había formado en la academia antes de irrumpir en el primer equipo como lateral izquierdo. Su actuación, poderosa y vertical, en el 3-0 reavivó algo que parecía adormecido.
Arteta mantuvo su apuesta en la vuelta de semifinales de Champions ante Atlético de Madrid, 1-0 y billete para una final de alto voltaje frente a Paris Saint-Germain, y volvió a confiar en él en el London Stadium.
“Fue duro para mí al principio”, admitió Lewis-Skelly sobre esta temporada. “Pero me enorgullezco de mi fortaleza mental. El deporte no es un único camino, porque hay altibajos. Se trata de cómo respondes, de cómo eres en esos momentos de adversidad. Eso es lo que te define”.
Habló con los suyos. “Hablé con mi familia y mis amigos. Les dije: ‘No quiero escuchar todo el ruido que viene de las redes sociales. Dejadme estar en este momento, dejadme seguir afrontando esta adversidad y salir al otro lado’”.
Su receta fue simple y brutalmente exigente: estar siempre preparado. “Siempre siento que me preparo como titular porque nunca sabes cuándo va a llegar tu momento. Por suerte, llegó contra Fulham. Aproveché la oportunidad y ayudé al equipo tanto como pude”.
El centro del tablero
En cuestión de semanas, Lewis-Skelly ha escalado por delante de Martín Zubimendi en la jerarquía del mediocampo. Y, aun así, la competencia no afloja. El capitán, Martin Ødegaard, entró en el minuto 67 ante West Ham y cambió el tono de un Arsenal que empezaba a desinflarse. Con la entrada del noruego, Lewis-Skelly se desplazó al lateral izquierdo.
“Se siente tan natural para mí estar ahí [en el centro del campo]”, explicó. “He estado entrenando mucho en esa posición, así que [ante Fulham] me sentí cómodo. El míster me dijo: ‘Vas a jugar en el mediocampo, así que adelante’. Eso hice. Tenía que ser valiente y jugar con coraje, porque es lo que exige esta liga”.
Su futuro se ha puesto en duda en los últimos meses. Han aparecido esas dos palabras que ningún canterano quiere escuchar: “puro” y “beneficio”, la jerga contable que convierte a un chico del club en una oportunidad de cuadrar balances. Esa conversación, por ahora, queda aparcada.
Lewis-Skelly tiene otra prioridad. Un título que defender hasta el último suspiro y quizá algo más, con una final de Champions League en el horizonte. “Estoy centrado en los partidos que vienen”, remató. “Y en devolver a este club a la gloria”.
El resto, para él, puede esperar. El reloj del Arsenal, no.






