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John Thomson: el día que el fútbol escocés se vistió de luto

En el fútbol se habla de “tragedia” con una ligereza que a menudo roza la falta de respeto. Se usa para una derrota, para un gol encajado en el último minuto, para una mala racha. El 5 de septiembre de 1931, en Ibrox, esa palabra recuperó todo su peso. Ese día, el legendario portero de Celtic, John Thomson, perdió la vida. Y muchos en Escocia siguen convencidos de que, en cierto modo, dos vidas se apagaron sobre el césped.

John Thomson nació el 28 de enero de 1909. No en Cardenden, como se suele repetir, sino en Kirkcaldy. Sin embargo, apenas cumplido su primer año, su familia se mudó a Cardenden, un pueblo minero de Fife. Allí creció, allí trabajó, allí se forjó el carácter que le acompañaría hasta el final. Y con ese lugar quedó para siempre identificado.

El entorno minero marcó su infancia y su juventud. Como tantos chicos del pueblo, bajó a la mina siendo adolescente y trabajó como peón en Bowhill Colliery. Entre el polvo del carbón y el ruido metálico de las vagonetas, soñaba con otra vida. Esa puerta, como para tantos escoceses de su época, tenía forma de balón.

De las minas al arco de Celtic

En el fútbol escolar ya destacaba, pero fue en los Juniors donde empezó a hacerse un nombre. Primero con Bowhill Rovers, luego con Wellesley Juniors, a partir de 1925. Sus actuaciones llamaron la atención de la prensa local, que no dudó en pronosticarle un futuro en la élite bajo los palos.

Probó suerte con partidos a prueba en Raith Rovers y Cowdenbeath. Nada se concretó. El giro decisivo llegó en octubre de 1926. El ojeador de Celtic, Steve Callaghan, acudió a un partido de la East of Fife Cup entre Wellesley Juniors y Denbeath Star. Iba a ver a otro portero. Volvió a Glasgow hablando de John Thomson.

Celtic no tardó. El 1 de noviembre de 1926 fichó al joven de 17 años por 10 libras. La anécdota es ya parte del folclore del club: firmó el contrato sobre una caja de fusibles, después de que un trayecto en tranvía sirviera para convencerlo de que su futuro estaba en el East End de Glasgow.

Debutó con el primer equipo el 12 de febrero de 1927, en Dens Park, ante Dundee. Victoria por 2-1 y una actuación que impresionó a la grada y al cuerpo técnico. Aun así, Thomson se culpó del gol encajado y se prometió a sí mismo que tenía que mejorar. Esa autoexigencia le acompañaría siempre.

Ese mismo año levantó su primer gran trofeo: la Scottish Cup de 1927, ganada por Celtic con un 3-1 ante East Fife frente a casi 80.000 espectadores. En 1931 sumó una segunda medalla de la Scottish Cup, tras un empate 2-2 y una victoria por 4-2 en el replay frente a Motherwell. A ello añadió tres Glasgow Cup y se convirtió en pilar indiscutible del equipo: 188 partidos con Celtic entre 1927 y 1931.

El “Príncipe de los porteros”

Su impacto no se limitó a Celtic. Entre 1930 y 1931 disputó cuatro partidos con la selección de Escocia, con un registro impresionante: tres porterías a cero y solo un gol encajado. Debutó en París en una victoria por 2-0, y se despidió de la camiseta nacional con otro 2-0, esta vez ante Inglaterra en Hampden, ante 131.000 personas.

También defendió la camiseta de la Scottish League XI en cuatro ocasiones. Su nombre corría de boca en boca más allá de la frontera. Clubes del sur, con Arsenal citado con frecuencia, intentaron seducirlo para llevarlo al fútbol inglés.

¿Qué le hacía tan especial? Agilidad, reflejos, una lectura del juego adelantada a su tiempo. Pero, sobre todo, valentía. En una época en la que los porteros tenían poca protección y cada salida a los pies del delantero era un riesgo real, Thomson se lanzaba sin dudar. Esa temeridad deportiva aterrorizaba a su madre. En 1930, una dura lesión ante Airdrie encendió todas las alarmas familiares. Sus miedos, lamentablemente, no eran exagerados.

Ibrox, 5 de septiembre de 1931

Aquella mañana, John Thomson salió de su piso en Victoria Road, su base en Glasgow. El destino era otro punto del sur de la ciudad: Ibrox Park. Allí esperaba un Old Firm de liga contra Rangers.

Al descanso, el marcador seguía 0-0. Thomson cumplía como casi siempre: seguro, sobrio, dando confianza a la defensa y sostén para que Celtic se atreviera a atacar a los Light Blues.

Nada hacía presagiar lo que venía.

Poco después de iniciarse la segunda parte, Sam English, delantero de Rangers, rompió la zaga de Celtic y encaró portería. Thomson reaccionó como tantas veces. Salió disparado, se lanzó a los pies del atacante para arrebatarle el balón. Hubo choque. Violento. English golpeó accidentalmente la cabeza del portero.

En un primer momento, muchos en la grada pensaron que solo estaba aturdido. Ese tipo de colisiones eran habituales en la época. Pero algo no encajaba. Thomson no se movía.

Los servicios médicos entraron a toda prisa. Lo retiraron en camilla. Y, en una decisión que hoy resulta incomprensible, el partido siguió. Sin cambios permitidos, el defensa Chic Geatons, también de Fife, se colocó bajo palos. El duelo terminó 0-0. Nadie recordaría el resultado. La preocupación ya estaba en el hospital.

La noticia que nadie quería escuchar

A Thomson lo trasladaron a la Victoria Infirmary de Glasgow. Los médicos lucharon por su vida, pero el daño era devastador: fractura de cráneo y lesiones cerebrales graves. Se organizó un coche para traer a sus padres desde Fife. Llegaron a tiempo para despedirse. Poco después, su hijo moría. Tenía 22 años.

La investigación posterior fue clara: muerte accidental. Sam English quedó profundamente marcado. No había actuado con mala intención; testigos y oficiales coincidieron en que fue un choque fruto de la entrega de ambos por el balón. Pero el peso de aquel instante lo acompañaría siempre.

El impacto en el fútbol escocés fue inmediato. Aficionados de Celtic, seguidores de Rangers y neutrales compartieron el duelo. Se organizó un servicio conmemorativo en la Trinity Church, en el West End de Glasgow. Acudieron las plantillas de Celtic y Rangers, incluido el propio English. La afluencia fue tal que la policía tuvo que abrir paso entre la multitud para que los equipos pudieran entrar.

Un entierro multitudinario en Cardenden

El funeral se celebró en Cardenden el 9 de septiembre de 1931. Se calcula que unas 40.000 personas asistieron. Miles viajaron desde Glasgow; algunos hicieron a pie los casi 90 kilómetros hasta Fife. Sus compañeros de Celtic llevaron el féretro. La imagen, jugadores destrozados cargando a su portero, quedó grabada en la memoria colectiva.

En la lápida se lee una frase que se convirtió en emblema de su recuerdo:

“Ellos nunca mueren, quienes viven en los corazones que dejan atrás”.

Ese epitafio resume el lugar que ocupa John Thomson en la historia del club y del fútbol escocés.

Para Sam English, el golpe fue también permanente. Continuó su carrera, pero nunca se liberó del recuerdo de aquella tarde. Sufrió insultos y acusaciones desde las gradas rivales, a pesar de que los propios padres de Thomson habían declarado que lo perdonaban y que no lo consideraban culpable.

El vacío en Celtic y una memoria que no se apaga

Tras el funeral, Celtic tuvo que seguir compitiendo, pero el vestuario estaba roto. El hueco bajo palos lo ocupó con el tiempo el canadiense Joe Kennaway. El hueco emocional, ese, nadie lo llenó.

Se escribieron poemas y canciones en honor a Thomson. Muchas siguen ligadas al club y se entonan todavía hoy. Se publicaron artículos, libros, investigaciones. Años después, los seguidores de Celtic continúan peregrinando a su tumba en Cardenden. No faltan los actos benéficos y las iniciativas que utilizan su memoria como motor solidario.

Porque, frente a cualquier decepción deportiva, siempre pesa más la pérdida de una vida. En el caso de John Thomson, esa verdad se hace incontestable: murió haciendo lo que amaba, defendiendo la portería de Celtic.

Décadas después, los aficionados verdiblancos siguen hablando de él con un título que no necesita traducción: su propio “Prince of goalkeepers”. Y mientras su nombre se siga cantando, la pregunta seguirá flotando en el aire del fútbol escocés: ¿cómo habría sido la historia si aquel balón en Ibrox nunca hubiera llegado a cruzarse en su camino?