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Johan Martínez atacado en Cali: terror en el fútbol colombiano

Lo que debía ser un trayecto tranquilo en familia terminó convertido en una escena de pánico. Johan Martínez, jugador de Deportivo Cali, fue víctima de un violento ataque en la ciudad de Cali, donde fue amenazado a punta de pistola por presuntos hinchas del propio club, según informó Marca. El futbolista se desplazaba por la ciudad junto a sus familiares cuando fue interceptado y emboscado por hombres armados.

El episodio no solo dejó miedo. Dejó un mensaje brutal: ni siquiera los futbolistas y sus familias están a salvo en medio de la escalada de violencia que golpea al fútbol colombiano.

Condena tajante del club

La reacción del club fue inmediata. Desde la sede de Deportivo Cali no hubo matices ni medias tintas. En un comunicado oficial, la institución se plantó con firmeza:

“Club Profesional Deportivo Cali S.A. rechaza categóricamente los actos de violencia e intimidación a los que fue sometido nuestro jugador el día de ayer. Nuestra institución expresa su total respaldo y solidaridad con Johan y su familia. Ninguna forma de agresión, amenaza o intimidación tiene cabida en el fútbol ni en nuestra sociedad”.

El mensaje buscó algo más que cumplir con el protocolo. El club quiso marcar distancia con quienes se escudan en una camiseta para delinquir.

“Esto no puede pasar, no son hinchas”

La crudeza del ataque quedó retratada en el testimonio del director jurídico del club, Felipe Restrepo, en diálogo con Super Combo del Deporte. Sus palabras no dejaron lugar a dudas sobre la gravedad del hecho:

“Lo intimidaron con un arma de fuego, lo agredieron; esto no puede pasar, las personas que hacen esto no son hinchas”.

No se trató de un simple altercado ni de un cruce verbal encendido. Hubo arma, hubo agresión, hubo miedo real. Y eso reavivó un debate que el fútbol colombiano arrastra desde hace años.

Trauma, regreso y una herida abierta

El ataque contra Martínez volvió a encender con fuerza la discusión sobre las garantías de seguridad para los futbolistas profesionales y sus familias, en un contexto donde la violencia ligada al fútbol no deja de escalar.

Desde el club confirmaron que el jugador recibe acompañamiento psicológico intensivo para afrontar el impacto emocional del asalto. El golpe fue fuerte, también para sus seres queridos, que vivieron el episodio a su lado.

Pese a todo, y sin lesiones físicas de gravedad, Martínez ya se reincorporó a los entrenamientos con el primer equipo. El gesto habla de profesionalismo, pero también de la exigencia invisible que rodea a los jugadores: volver a la cancha mientras el recuerdo del arma aún está fresco.

Investigación en marcha y un vestuario bajo presión

La dirigencia de Deportivo Cali trabaja de la mano con las autoridades judiciales y con la Policía Metropolitana de Cali para esclarecer lo ocurrido. El objetivo es claro: identificar a los responsables del ataque y entender qué motivó una emboscada armada contra uno de sus futbolistas.

Mientras avanzan las pesquisas, la pelota no se detiene. Y ahí aparece otra presión: la que recae sobre el cuerpo técnico. Mantener la cohesión del grupo y el ánimo del vestuario no será sencillo después de un episodio tan extremo.

El próximo partido de liga ya no es solo un desafío deportivo. Es una prueba de resistencia emocional para un plantel que intenta volver a pensar en tácticas y resultados, mientras carga con la sombra de una pregunta incómoda: hasta dónde está dispuesto a llegar el fútbol colombiano antes de decir basta.