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James McClean critica la situación en Derry City: "El problema está en otra parte"

La noche en que Derry City cerró su puerta a Europa, James McClean volvió a abrir la suya a la polémica. Eliminados de la Conference League por Rijeka, derrotados 1-0 en el Brandywell y 2-0 en el global, el club se quedó sin competición continental y con un incendio interno que ya nadie disimula.

McClean, emblema del equipo y fichaje estrella para 2026, ni siquiera estuvo en la convocatoria en la vuelta ante los croatas. No pisó el césped, pero se hizo notar igual. Antes del partido, las cámaras lo captaron con la sudadera del club y una gorra con un mensaje inequívoco en la visera: “JOKER”. Un detalle pequeño, pero cargado de intención en un contexto en el que la paciencia se agota.

Europa se aleja, la frustración crece

El golpe ante Rijeka llegó después de una campaña europea que había empezado con dignidad y terminó en frustración. El equipo de Tiernan Lynch, subcampeón doméstico en 2025, había plantado cara en la eliminatoria de Europa League frente a CSKA Sofia, un cruce agitado que acabó 5-3 en el global y marcado por graves incidentes en la grada provocados por los aficionados visitantes en el Brandywell.

El sorteo de la Conference League tampoco tuvo piedad. Tocó Rijeka, verdugo de Shelbourne la temporada anterior en Europa. Esta vez, mientras Shels y Bohemians celebraban su clasificación en una noche positiva para otros clubes de la isla, Derry se despedía con cuatro partidos europeos, cuatro derrotas y demasiadas preguntas abiertas.

McClean, suplente no utilizado en la ida, vio desde fuera cómo se consumaba la eliminación. Después, decidió que el silencio ya no era una opción.

“No es un problema de esfuerzo”

En su cuenta de Instagram, el exinternacional irlandés lanzó un mensaje directo, sin anestesia, en el que eximió a la plantilla y apuntó más arriba.

“Rovers, Bohs, Shels, Larne han pasado todas eliminatorias en Europa este año. Nosotros jugamos cuatro, perdimos cuatro”, escribió, marcando la comparación con los rivales domésticos.

Y fue más allá: “Y lo siento, hay que decirlo, tenemos una plantilla igual de buena, si no mejor, sobre el papel [que esos clubes]”.

McClean insistió en que el vestuario no es el problema: “Si ves los partidos, los chicos no están perdiendo por falta de esfuerzo. Así que claramente hay un problema en algún sitio”.

Desde dentro, se siente con toda la autoridad para hablar: “Dado que estoy ahí cada día y tengo el currículum para dar mi opinión, la voy a dar, le guste a quien le guste”.

Y remató con un dardo a la grada y al ruido exterior: “Si no te gusta, discúlpame por no preocuparme por tu opinión, teniendo en cuenta que el 99,9% de los que tanto tienen que decir nunca han jugado un partido profesional en su vida”.

No dio nombres. No señaló directamente al banquillo ni a los despachos. Pero el mensaje quedó claro: para McClean, el problema no está ni en el compromiso ni en la calidad del grupo.

Un regreso soñado que se ha torcido

La vuelta de McClean a su club de infancia se había vendido como una historia redonda: el hijo pródigo, el internacional con una larga trayectoria que regresa a casa para liderar un proyecto ambicioso. La realidad, a mitad de temporada, es mucho más áspera.

Derry City deambula en la sexta plaza de la liga, lejos de la pelea por el título y muy por debajo de las expectativas generadas tras el subcampeonato de 2025. El equipo ha perdido colmillo, resultados y confianza. Y el fichaje bandera tampoco se ha salvado del naufragio.

A sus 37 años, McClean está firmando una campaña floja, lejos del impacto que se esperaba de él. En las últimas semanas ya había dejado caer su malestar en la cobertura del Mundial en RTÉ, con frases que sonaban a aviso.

“Mi familia ha disfrutado de estar en casa. Probablemente yo no tanto, si soy sincero”, admitió. “Tienes muchas conversaciones por teléfono. Luego vuelves y te das cuenta de que lo que oyes por teléfono no es lo que ves en realidad”.

Una confesión breve, pero demoledora. Lo que le prometieron y lo que se ha encontrado parecen dos mundos distintos.

Un vestuario en tensión y un club bajo el microscopio

El mensaje de McClean llega en un momento delicado, con la temporada descarrilando y la comparación con los otros clubes de la isla resultando dolorosa. Shamrock Rovers, Bohemians, Shelbourne y Larne han encontrado la manera de competir y avanzar en Europa. Derry, no.

El discurso del veterano extremo coloca el foco sobre la estructura del club, la gestión deportiva y las decisiones que se toman lejos del césped. Si la plantilla es “tan buena o mejor” que las demás y el esfuerzo no se discute, la conclusión que deja flotando es incómoda para quienes dirigen el proyecto.

En el Brandywell, el ruido ya no viene solo de la grada. Viene de dentro del vestuario, de una de sus voces más pesadas, que se siente con la espalda ancha para decir lo que muchos quizá solo susurran.

Derry ha perdido cuatro de cuatro en Europa y se ha caído de la pelea por el título. McClean, que volvió para vivir un último gran capítulo en casa, se encuentra atrapado en una temporada que no se parece en nada al guion que le vendieron.

La cuestión ya no es solo cómo reaccionará el equipo en el próximo partido. La verdadera incógnita es cuánto más está dispuesto a callar un jugador que, por lo que se ha visto, ha decidido que el silencio ya no forma parte de su juego.

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