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Iraola enfrenta el desafío de Liverpool en la Carabao Cup

Andoni Iraola apenas ha aterrizado en Anfield y ya se mueve sobre una cuerda floja: competir por todos los títulos sin reventar a su plantilla. La visita de Tottenham en la Carabao Cup no llega en un vacío, sino en plena prueba de estrés para un equipo que empieza a notar el peso de jugar cada tres días.

El técnico lo admite sin rodeos. No puede alinear siempre a los mismos, por mucho que le tiente esa idea. “Puedes decidir y poner a los mismos jugadores en cada partido. El problema es que llegará un momento en el que estén realmente cansados. Y aumenta el riesgo de lesión”, explicó.

Hay futbolistas que parecen de acero. Aguantan el ritmo, no se caen físicamente y mantienen un nivel similar cada 72 horas. Otros no. En ellos, el rendimiento se desploma y el riesgo de problemas musculares se dispara. Esa es la radiografía que Iraola está trazando a toda velocidad.

“Hay jugadores que pueden jugar cada tres días sin problemas. Son muy robustos, sus actuaciones no cambian demasiado. Hay otros en los que el riesgo es mayor y el rendimiento es diferente. Tengo que aprender quién está listo para jugar cada tres días y quién necesita descanso para que su nivel no se vea afectado”, añadió. Y remató con una confesión honesta: pensaba tenerlo claro con algunos, pero con otros todo es nuevo, incluso para los propios futbolistas, que nunca habían encadenado tantos minutos. Liverpool está aprendiendo sobre la marcha.

Carabao Cup sin red: Tottenham, un cruce incómodo

En la Carabao Cup, muchos equipos de la Premier League suelen respirar en las primeras rondas. Rivales de divisiones inferiores, minutos para suplentes, escaparate para la cantera. No esta vez.

El sorteo emparejó a Liverpool con Tottenham. Un duelo entre equipos de la élite, en un momento en el que los de Iraola llegan tocados por sensaciones, más que por resultados. Los Spurs no atraviesan su mejor arranque de curso, pero la rotación masiva ante un rival de este calibre se convierte en una apuesta mucho más arriesgada.

La disyuntiva es clara. ¿Apostar por un once fuerte para sacudirse el sabor del empate del sábado en Anfield y recuperar impulso? ¿O priorizar la rotación ante un calendario que ya asoma con semanas saturadas, Champions League incluida?

La grada no lo ve como un simple partido de copa. Es una oportunidad para medir el carácter del grupo… y para comprobar hasta dónde está dispuesto Iraola a tensar la cuerda de sus titulares.

Una Copa que habla en rojo

Si hay un torneo que conecta con la memoria colectiva de Anfield, es la League Cup. Liverpool mira esa competición desde lo alto: 10 títulos, más que nadie.

El idilio empezó en 1980-81, con la primera de cuatro coronas consecutivas, una racha que se alargó hasta 1984 y marcó una época. Después llegó el vacío, más de una década sin levantar el trofeo, hasta que Steve McManaman apareció en Wembley en 1995 con un doblete ante Bolton que devolvió la copa a las vitrinas del club.

El nuevo milenio reactivó la relación. En 2001, bajo la dirección de Gerard Houllier, Liverpool volvió a reinar. Dos años después, el técnico francés sumó otro título, esta vez ante el eterno rival, Manchester United, en una final que aún se saborea en el Merseyside.

En 2012, en su segunda etapa en el banquillo, Kenny Dalglish añadió otra pieza a la colección tras superar a Cardiff City en una tanda de penaltis de alta tensión.

El siguiente capítulo llegó con Jürgen Klopp. En 2022, Liverpool se impuso a Chelsea en una tanda memorable, 11-10 desde los once metros, en una noche que pareció no tener fin. Y en 2024, de nuevo ante Chelsea, Klopp firmó el décimo y hasta ahora último título del club en la competición.

La pregunta se impone sola: ¿puede Andoni Iraola llevar a Liverpool al número 11?

Un arranque en casa que enciende las alarmas, sin ser incendio

Dos partidos de Premier League en Anfield. Dos empates. No es habitual. De hecho, es apenas la tercera vez en 63 años que Liverpool no gana ninguno de sus dos primeros encuentros ligueros como local. No es un drama, pero sí un aviso.

El 0-0 ante Fulham dejó un poso incómodo. Venían de firmar una actuación poderosa ante Atlético de Madrid en la Champions League, con energía, presión alta y una sensación de equipo afilado. Tres días después, el contraste fue brutal. Fulham, tocado anímicamente tras encajar siete goles en las tres primeras jornadas, salió de Anfield con un punto y la impresión de que pudo ser más.

El análisis es duro: el equipo pareció cansado física y mentalmente, casi irreconocible respecto al que se había impuesto a un conjunto de Diego Simeone semifinalista de la Champions la temporada pasada. La primera gran prueba de cómo aguanta el estilo Iraola dos partidos por semana dejó dudas.

Liverpool sigue invicto, no hay crisis, pero seis puntos de doce en Premier saben a poco. Cuatro de esos puntos se han escapado en casa, ante Nottingham Forest y Fulham. Fuera, un empate en Newcastle y una única victoria, en Ipswich. No es el ritmo de un aspirante que quiera mirar de frente a los títulos en mayo.

Un ataque millonario que aún no carbura

El sábado, Iraola juntó por primera vez en liga a su trío ofensivo de lujo: Alexander Isak, Bradley Barcola y Florian Wirtz. 364 millones en talento sobre el césped. El impacto, de momento, no se corresponde con la inversión.

Liverpool generó algunas ocasiones, pero muy lejos del volumen y la claridad que se espera de un frente de ataque de ese calibre. El dato que retrata el problema lo firma Isak: 16 toques en 90 minutos, la segunda cifra más baja para un jugador de campo del club desde que hay registros. La más baja también es suya: 14 toques contra Forest hace apenas dos semanas.

Wirtz, brillante ante Atlético, se apagó. Apenas dejó destellos del futbolista que había dominado en Europa días antes. Barcola e Isak mostraron chispazos, movimientos prometedores, pero la sociedad entre ellos todavía está en fase de boceto. Hace falta tiempo, automatismos, y eso choca con la urgencia del calendario.

Iraola y sus jugadores empiezan a asumir que, con tan poco margen entre partidos, quizá el camino pase por ser más pragmáticos, por encontrar maneras de sumar incluso cuando las piernas pesan y el plan ideal no aparece.

Fulham resiste y Arbeloa respira

El empate dejó otra historia: el primer punto de Fulham en la temporada y un respiro para Álvaro Arbeloa, que llegaba a Anfield bajo presión tras tres derrotas en sus tres primeros partidos de Premier desde que asumió el cargo en verano.

El técnico, que disputó 98 encuentros con Liverpool entre 2007 y 2009, regresó a su antiguo estadio con un plan claro. Orden, solidez y castigo a los errores del rival. Y Liverpool le dio uno muy pronto.

Una mala comunicación entre Alisson y Ryan Gravenberch dejó la portería expuesta y obligó a Jeremy Jacquet a sacar bajo palos un disparo de Gonzalo García. Un susto que encendió las alarmas y recordó que, más allá del cansancio, también se están cometiendo fallos básicos.

Fulham fue mejor en la primera parte. Josh King obligó a intervenir a Alisson desde dentro del área y Antonee Robinson cabeceó desviado en otra buena ocasión. Liverpool respondió con un cabezazo de Víctor Muñoz, bien repelido por Bernd Leno, y una volea de Barcola desviada por Timothy Castagne a córner.

Iraola movió el banquillo al descanso: Milos Kerkez por un Kostas Tsimikas que había sufrido en el primer acto. A la hora de juego, más cambios: Alexis Mac Allister y Cody Gakpo por Gravenberch y Muñoz para intentar cambiar la dinámica.

Hubo cierto empuje. Isak se fabricó una ocasión, pero Leno la detuvo sin apuros. Después, el alemán volvió a responder ante un disparo potente de Dominik Szoboszlai. No bastó.

En el minuto 72, nuevas piezas: Rio Ngumoha y Jeremie Frimpong al césped. Más piernas, más velocidad. El muro de Fulham, sin embargo, no se resquebrajó. En el añadido, Isak cabeceó fuera un córner y, al otro lado, King y Kevin amenazaron con dar un golpe todavía más duro. El punto, visto el desarrollo, supo a botín para Arbeloa.

Iraola, entre la historia y el desgaste

El escenario es claro. Con al menos siete partidos más de Champions por delante y el cruce de Carabao Cup ante Tottenham ya encima, Liverpool no tiene margen para seguir dudando. El equipo debe adaptarse, y rápido, si quiere pelear por algo más que sensaciones.

Iraola se enfrenta a un doble reto: honrar la tradición de un club que domina la historia de la League Cup y, al mismo tiempo, proteger a una plantilla que ya empieza a dar señales de fatiga. Saber quién es “robusto” y quién no ya no es un ejercicio teórico. Es una decisión que puede marcar una temporada entera.

La próxima alineación ante Tottenham no será solo una lista de nombres. Será una declaración de intenciones.