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Inglaterra y el virus antes del duelo contra Noruega

La selección inglesa vive días de nervios. Muy tensos. A dos jornadas del duelo de cuartos de final del Mundial ante Noruega, la gran preocupación no es táctica ni anímica, sino médica: Declan Rice se ha perdido su segundo entrenamiento consecutivo y el ambiente en la concentración se ha llenado de inquietud.

El centrocampista de 27 años sufre un virus estomacal que ha golpeado justo donde más duele: en un jugador clave y sobre una base física ya castigada por un problema neural en el isquiotibial y la zona lumbar. El cuadro no es sencillo. La enfermedad ha agravado unas molestias previas y ha encendido todas las alarmas.

El cuerpo médico de Inglaterra ha reaccionado con urgencia. Aislamiento, controles y protocolos estrictos para evitar que el brote se extienda por el vestuario y arruine el plan de un equipo que llega a Miami con una racha de siete partidos sin perder y una oportunidad dorada de meterse en semifinales. Cada gesto, cada mascarilla, cada puerta cerrada en la ciudad deportiva responde al mismo miedo: que el virus no se quede solo en Rice.

No es el único frente abierto. Thomas Tuchel también vigila de cerca el estado de Marc Guehi, tocado en los isquiotibiales. El central arrastra molestias y su disponibilidad se ha convertido en otra incógnita en una línea defensiva ya tocada por la sanción de Jarell Quansah, expulsado en el último encuentro. La buena noticia para el técnico llega por la derecha: Reece James ha completado el entrenamiento con normalidad y se perfila como pieza imprescindible para recomponer una zaga que tendrá delante a un depredador.

Porque al otro lado espera Erling Haaland. Siete goles en este Mundial, un delantero que vive de castigar cualquier duda, cualquier mala lectura, cualquier segundo de indecisión. La defensa inglesa no solo deberá estar concentrada: tendrá que ser agresiva, valiente y limpia en cada duelo, consciente de que un error puede costar el torneo.

El virus, además, no es un asunto exclusivo de Inglaterra. En el campamento de Noruega, instalado en Estados Unidos, también han aparecido síntomas. Martin Odegaard reconoció que varios compañeros se habían encontrado mal en los últimos días, afectados por los bruscos cambios de temperatura y el uso constante del aire acondicionado.

“Ha sido un poco. Cuando cambias de temperatura y aire acondicionado y todo eso, es normal. No es nada grave, la verdad. Hemos tenido a algunas personas un poco enfermas, pero nada serio y deberíamos estar bien para el sábado”, explicó el capitán, rebajando el dramatismo.

Stale Solbakken, sin embargo, fue aún más contundente. El seleccionador quiso cortar de raíz cualquier sensación de brote interno antes de que la historia creciera en los titulares. Para él, la palabra “epidemia” no tiene cabida en su vestuario.

“El problema de la enfermedad es un rumor. El Odegaard que está enfermo es el tío de Martin, que es fisio. Él está enfermo, no Martin. Todo está bien, cada jugador está bien, no hay enfermedad entre los jugadores. Ha habido una o dos personas del cuerpo técnico afectadas. En este momento, estamos todos listos”, sentenció el técnico de 58 años.

Noruega quiere que se hable de fútbol, no de termómetros. De Haaland, de Odegaard, de su agresividad en campo rival. Inglaterra, en cambio, se ve obligada a mirar primero a la enfermería y al gimnasio antes que al césped del Miami Stadium, escenario de un cruce que se presenta como examen de carácter y de profundidad de plantilla.

La cita no admite coartadas. Entre mascarillas, tratamientos y planes de contingencia, el cuerpo técnico inglés sabe que el sábado no solo se juega un pase a semifinales. Se juega demostrar si este grupo puede sobrevivir incluso cuando su motor del centro del campo está en duda y el rival llega con su goleador en plena ebullición.