Inglaterra y Noruega: Cuartos de final con colmillos
Inglaterra llega tocada y, al mismo tiempo, reforzada. La sanción de dos partidos a Jarell Quansah por su roja ante México golpea de lleno la rotación defensiva de Thomas Tuchel, justo cuando el calendario aprieta y el margen de error se reduce a cero. A eso se suman las dudas físicas de Marc Guehi, Declan Rice y Reece James antes del duelo de cuartos de final del sábado frente a Noruega. Demasiadas alarmas alrededor de una selección que, pese a todo, se ha ganado el derecho a creérselo.
Porque lo que hizo Inglaterra en el Azteca no fue una simple victoria. Fue una declaración. Ganar a México en su fortín mundialista, donde no conocían la derrota en este torneo, tiene un peso simbólico y competitivo enorme. Jude Bellingham y Harry Kane prolongaron su torneo sobresaliente, pero el verdadero mensaje llegó desde atrás: una actuación defensiva de enorme jerarquía, con un Jordan Pickford decisivo y un Dan Burn entrando desde el banquillo para cerrar grietas cuando Quansah vio la roja antes de la hora de partido.
Inglaterra supo sufrir con diez, gestionar la ventaja y resistir el empuje de un anfitrión herido. Ese tipo de noches forjan carácter en un vestuario. Y ahora, en el horizonte, aparece el reto que cualquiera habría firmado al inicio del campeonato: un cruce de cuartos ante Noruega… y ante Erling Haaland.
Tuchel ya puede centrarse en un único problema mayúsculo: cómo frenar al delantero más demoledor del planeta. El técnico alemán sabe que este es exactamente el tipo de eliminatoria que su selección habría aceptado encantada al arrancar el torneo. Hoy, con bajas, dudas físicas y un rival crecido, el escenario es bastante menos cómodo. Pero también mucho más interesante.
Noruega, el rugido de Haaland y la mano milagrosa de Nyland
Noruega ha dejado de ser una promesa exótica para convertirse en una amenaza real. Frente a Brasil, la selección nórdica demostró que tener a Haaland es mucho más que un lujo: es una condición competitiva en sí misma. Su doblete no solo tumbó a la pentacampeona, también metió a su país en los primeros cuartos de final de un Mundial de su historia. Ese dato lo cambia todo.
El equipo de Ståle Solbakken no vive solo del gol. Orjan Nyland está firmando un torneo descomunal bajo palos, encadenando paradas que sostienen al equipo en los momentos de mayor angustia. Y en Martin Odegaard tienen algo que no se compra: un director de orquesta capaz de marcar el ritmo del partido, acelerar o frenar, esconder la pelota o lanzarla al espacio con la misma naturalidad.
Noruega se siente cómoda con la posesión, pero también sabe bajar al barro físico ante cualquiera. No se encoge, no se intimida. En cada duelo, en cada choque, compite. Esa mezcla de talento y músculo convierte a este equipo en un rival incómodo para cualquier potencia.
El morbo está servido: Haaland, de Manchester City, y Odegaard, de Arsenal, se cruzarán con caras más que conocidas del fútbol inglés. Muchos de los protagonistas se enfrentan cada fin de semana en la Premier League; ahora lo harán con un billete a semifinales de la Copa del Mundo en juego. No hará falta mucha charla en el vestuario para entender lo que significa este partido.
Bélgica despierta, Suiza rompe su techo… y España y Argentina ya miran de reojo
Bélgica parecía vieja, cansada, superada por el tiempo. Sus partidos ante Egipto e Irán alimentaron la sensación de final de ciclo. De pronto, un 5-1 a Nueva Zelanda cerró la fase de grupos con un puñetazo en la mesa. Y después llegó la locura: una remontada improbable contra Senegal en los dieciseisavos y un triunfo de autoridad frente a Estados Unidos para plantarse en cuartos.
El relato ha cambiado: de equipo amortizado a selección en racha. Falta saber si esa inercia alcanza para tumbar a España, que parte como favorita. La noticia amarga llegó desde Birmingham: Amadou Onana, centrocampista de Aston Villa, sufre una rotura del ligamento cruzado anterior. Pérdida enorme en músculo, recorrido y presencia en la medular. Para un equipo que vive ahora de la ola emocional, perder un pilar así es un golpe serio.
Suiza, mientras tanto, ha roto su techo histórico. Acostumbrada a despedirse en octavos —tres Mundiales seguidos cayendo en esa ronda—, esta vez sobrevivió a Colombia en una tanda de penaltis que ya forma parte de su memoria colectiva. Es su primer pase a cuartos desde que organizaron el torneo en 1954.
Lo hizo, además, sin Johan Manzambi, lesionado, máximo generador ofensivo del equipo en este Mundial con tres goles y dos asistencias. Sin él, la creatividad se apagó: solo dos tiros a puerta en todo el encuentro ante Colombia. Pero la solidez defensiva sostuvo al grupo hasta el final. Suiza no brilló, resistió. Y eso también cuenta. Ahora les espera Argentina. Saben que volverán a sufrir. Y, visto lo visto, no les importa.
Marruecos, otra vez en la élite africana
Marruecos no repitió la hazaña de 2022, cuando se coló en semifinales, pero volvió a marcar territorio. Primera selección africana en alcanzar dos cuartos de final de Mundial de manera consecutiva, un logro que consolida a esta generación en la élite.
El camino no fue un espejismo: una fase de grupos asequible, sí, pero con un empate de peso ante Brasil en el debut; triunfo posterior en penaltis ante Países Bajos y un 3-0 quirúrgico para eliminar a la coanfitriona Canadá, con apenas cinco remates totales. Máxima eficacia.
Frente a Francia, sin embargo, se estrellaron. El equipo no encontró su mejor versión y echó de menos, y mucho, la presencia de Ismael Saibari en ataque. Sin su amenaza, el conjunto perdió filo. Aun así, el balance es notable para una selección que carga con una presión descomunal desde casa. No hicieron historia como en 2022, pero confirmaron que lo de entonces no fue casualidad.
Paraguay, México, Colombia y Estados Unidos: historias de oportunidad y frustración
Paraguay firmó una de las noches más grandes de su historia al eliminar a Alemania en los dieciseisavos. Un hito. Pero la montaña resultó demasiado alta ante Francia. Apenas inquietaron al equipo de Didier Deschamps, aunque se atrincheraron con una disciplina defensiva que puede servir de manual para quienes vengan después. Teniendo en cuenta el 4-1 encajado ante Estados Unidos en el debut, su torneo ha sido mejor de lo esperado.
México vivió un drama en casa. Derrota en el Azteca por primera vez en un Mundial tras diez partidos invictos en ese estadio. Llegaban sin haber encajado un solo gol en el torneo hasta que Jude Bellingham firmó un doblete relámpago. Con Inglaterra en inferioridad numérica desde antes de la hora de juego, el escenario era ideal para la remontada. Pero el plan se redujo a una catarata de centros laterales sin precisión ni rematador. Faltó calidad en los metros finales. Queda el nombre de Julian Quiñones: cuatro goles en cinco partidos, el recuerdo más luminoso de una campaña amarga.
Colombia se marchó con la sensación de haber dejado escapar algo grande. Tuvo mejores ocasiones que Suiza en los octavos, pero cayó en penaltis. Soñaba con una revancha contra Argentina tras la final de Copa América perdida hace dos años. No llegó. En la fase de grupos, había dominado a Portugal en un 0-0 engañoso y superado a Ghana en dieciseisavos. El techo parecía más alto. El torneo se les fue por detalles.
Para Estados Unidos, la caída fue más seca. Bélgica los desbordó en octavos y volvió a evidenciar la distancia competitiva con las grandes potencias europeas. El ruido alrededor del caso Folarin Balogun —su presencia en el once, la polémica que lo rodeó— planea sobre el análisis, pero lo cierto es que el nivel mostrado no se pareció al de la fase de grupos ni al del triunfo ante Bosnia y Herzegovina en la ronda previa. En un Mundial en casa, la eliminación deja un poso de decepción difícil de maquillar.
Egipto, Canadá y Cabo Verde: estrenos, golpes y una aventura inolvidable
Egipto llegó con la etiqueta de eterna decepción mundialista. La rompió a base de valentía. Logró su primera victoria en un Mundial ante Nueva Zelanda, luego su primer pase de ronda al eliminar a Australia en penaltis. En octavos, miró a los ojos a la campeona Argentina: contragolpe venenoso, 2-0 arriba y el partido en la mano. Se desmoronó en el tramo final. Le faltó oficio para cerrar el duelo, asegurar la retaguardia y quemar minutos. Se va con el corazón roto, pero también con una nueva identidad.
Canadá vive en el terreno de la duda. Por un lado, primer punto en una Copa del Mundo y primer pase a las eliminatorias. Por otro, un 3-0 ante Marruecos en octavos tras desperdiciar una cascada de ocasiones en la primera parte. Sus únicas victorias llegaron frente a Qatar y Sudáfrica en una de las zonas más amables del cuadro. A la vista de la inversión y el proyecto de país anfitrión, la pregunta queda flotando: ¿ha sido suficiente?
Cabo Verde, en cambio, se marcha con la certeza de haber conquistado al planeta fútbol. Empató sin goles con la campeona de Europa, España, y terminó por delante de Uruguay para colarse en octavos tras tres empates en la fase de grupos. Y cuando llegaron los cruces, firmó su mejor actuación: dos veces por detrás ante Argentina, dos veces de vuelta al partido. Vozinha se confirmó como uno de los porteros del torneo con ocho paradas, incluido un mano a mano ante Messi. Roberto ‘Pico’ Lopes volvió a mandar en la zaga, pero el momento icónico fue la rosca imposible de Sidny Lopes Cabral, candidata clara a gol del torneo. Difícil pedir más a una selección de su tamaño.
Brasil, Portugal y Países Bajos: gigantes que se encogen
Brasil vuelve a casa con la maleta llena de frustración. La nación con más títulos mundiales encadena ya una sequía que llegará a 28 años en la próxima edición, la más larga de su historia. Ni siquiera Carlo Ancelotti, sinónimo de finales ganadas, evitó una eliminación temprana en octavos. Ante Noruega, el equipo se mostró plano, pasivo, incapaz de imponerse a un rival al que no ha logrado vencer en cinco enfrentamientos.
Neymar apareció en el tramo final, marcó de penalti y se enzarzó con Nyland y Odegaard. Palabras, gestos, tensión… y lágrimas cuando el árbitro señaló el final. Una imagen potente de un ciclo que parece agotado.
Portugal, con una constelación de nombres propios, solo pareció muy superior a su rival en la goleada 5-0 a Uzbekistán. En octavos, ante España, el equipo de Roberto Martínez se quedó atrapado en un ritmo bajo, sin intención clara. Despertó tarde, cuando ya perdía por un gol en el descuento. El dato que quedará para la historia es el adiós de Cristiano Ronaldo a los Mundiales: marcó en su sexta participación y logró, al fin, un gol en eliminatorias —de penalti frente a Croacia—, pero apenas influyó en el juego abierto.
Países Bajos también se despidió con la sensación de haber desaprovechado una oportunidad. La fase de grupos había ilusionado: un 5-1 a Suecia, un ataque fluido con Cody Gakpo, Brian Brobbey y Crysencio Summerville. Tuvieron la mala fortuna de cruzarse en octavos con una Marruecos del top-10 del ranking. Ronald Koeman viró a una defensa de cinco y el plan contuvo a los africanos… hasta el empate tardío. En la tanda, tres penaltis fallados sellaron la eliminación y precipitaron la dimisión del seleccionador. La pregunta es inevitable: ¿debieron mantener la propuesta que tan bien funcionó en la primera fase?
Alemania y Japón: promesas rotas y un déjà vu amargo
Alemania creyó haber encontrado el camino con un arranque convincente: goleada a Curazao, triunfo agónico ante Costa de Marfil. Luego llegó el tropiezo ante Ecuador, derrota 2-1 con un once muy cercano al ideal, que encendió las alarmas. En dieciseisavos, Paraguay les mandó a casa. El gol de Jonathan Tah en la prórroga fue anulado por una supuesta obstrucción al portero. Pueden sentirse perjudicados, sí, pero nunca debieron llegar a esa situación frente a un rival que había sido arrollado 4-1 por Estados Unidos.
El golpe se suma a una serie ya preocupante: dos Mundiales seguidos sin superar la fase de grupos desde el título de 2014 y ahora una eliminación temprana por penaltis, la primera tanda perdida en su historia en la competición. Julian Nagelsmann ya ha dejado el cargo. Alemania, un país acostumbrado a la fiabilidad en estos escenarios, se mira al espejo y no se reconoce.
Japón, en cambio, se va con reconocimiento, pero también con la incómoda sensación del “qué hubiera pasado si…”. Su fútbol alegre, sin egos, cautivó en la fase de grupos y muchos creían que podía poner contra las cuerdas a Brasil en dieciseisavos. Y lo hizo. Se adelantó con un gol de Kaishu Sano y mantuvo el pulso hasta el añadido, cuando la calidad ofensiva brasileña terminó por imponerse.
Las lesiones golpearon en los peores momentos: Kaoru Mitoma, Takefusa Kubo y Wataru Endo llegaron tocados o cayeron durante el torneo. Con todos sanos, quizá el techo habría sido otro.
Africa y el resto del mundo: señales de futuro
Senegal rozó una gesta ante Bélgica. Ganaba 2-0 en el minuto 86 y acabó eliminada tras un penalti transformado por Youri Tielemans en la prórroga. El desplome fue brutal, con lágrimas sobre el césped, pocos meses después de perder el título de la AFCON. Pero en el desarrollo del partido dejaron claro su nivel: un golazo de Ismaila Sarr, control orientado en el pecho y volea letal, y tramos de dominio ante Bélgica y Francia que hablan de un techo aún por alcanzar.
Costa de Marfil también se marcha con la cabeza alta. Solo perdió contra Alemania y Noruega, ganó a Ecuador y Curazao y, con la plantilla más joven del torneo, dejó claro que su margen de mejora es enorme. Amad brilló con un gol decisivo ante Ecuador y una acción individual fantástica frente a Noruega; Yan Diomande mostró destellos de un talento que puede llevarlo a un gran traspaso este verano. El gran lunar: ningún delantero centro marcó. Demasiada dependencia de los mediapuntas.
Ghana, que llegó como penúltima del ranking FIFA entre las participantes, demostró que esa cifra no hacía justicia. Venció a Panamá, sacó un 0-0 heroico ante Inglaterra con un penalti no señalado en el tramo final y solo cedió ante la calidad de Colombia, lastrada por la ausencia de Mohammed Kudus. Esta actuación puede ser el punto de partida para reconstruir un proyecto irregular en los últimos años.
Más atrás, Argelia decepcionó ante Suiza, sin apenas generar peligro, pero se marcha con el consuelo de los primeros goles mundialistas de Riyad Mahrez y la irrupción de Anis Hadj Moussa. DR Congo, en su segundo Mundial desde los tiempos de Zaire, alcanzó por primera vez las eliminatorias y llegó a adelantarse ante Inglaterra con un tanto de Brian Cipenga, impulsado por un Lionel Mpasi que rozó el estatus de héroe antes de ceder. Y Cabo Verde, ya mencionado, elevó el listón de lo que puede soñar una selección emergente.
Europa, Asia, América: entre regresos, estrenos y despedidas
Suecia pasó de hacer el ridículo en la clasificación —última de grupo detrás de Kosovo, Eslovenia y Suiza— a mostrar una cara muy distinta bajo Graham Potter. Venció a Ucrania y Polonia en la repesca, arrasó a Túnez 5-1 y empató con Japón. Francia la frenó en dieciseisavos, pero el mensaje es claro: con Alexander Isak, Viktor Gyökeres y Anthony Elanga, esta selección tiene materia prima para competir de verdad.
Ecuador confirmó su fortaleza defensiva, pero pagó muy caro su falta de gol: solo dos tantos en cuatro partidos, ambos en la victoria 2-1 ante Alemania. En los cruces, México le pasó por encima en eficacia. Enner Valencia, a sus 36 años, no encontró su mejor versión y el resto de figuras —Moises Caicedo, William Pacho, Piero Hincapié— son especialistas defensivos. La roja a Hincapié en el añadido por una confrontación innecesaria cerró un torneo tan sólido atrás como romo arriba.
Austria, de vuelta a un Mundial desde 1998, se coló en las eliminatorias con sufrimiento extremo en un duelo dramático ante Argelia, pero España la expuso en dieciseisavos. Ralf Rangnick logró que su equipo amenazara en fase de grupos, con dos partidos de tres goles, pero ante rivales del máximo nivel —Argentina y la propia España— se vio la distancia.
Australia, en cambio, se reafirmó como selección competitiva. El 2-0 a Turquía fue uno de los primeros grandes golpes del torneo. Orden, bloque bajo, contragolpe. La fórmula casi les sirve también ante Egipto, a quien llevaron hasta los penaltis en dieciseisavos. Segunda clasificación consecutiva a la fase de cruces y una identidad clara.
Uruguay, con Marcelo Bielsa en el banquillo, nunca terminó de arrancar. Llegó al último partido de grupo obligado a sacar algo ante España tras empatar con Arabia Saudí y Cabo Verde. No dio la talla. Un error grosero en la portería y una expulsión sellaron un torneo frustrante para un equipo que, en la clasificación sudamericana, había estado a la altura de Brasil y Colombia.
Arabia Saudí dio un paso atrás respecto a 2018 y 2022, sin victorias pero con dos empates que hablan de su dureza competitiva. Con el impulso de su liga doméstica y el horizonte de 2034 como país anfitrión, su evolución será uno de los focos de la próxima década. Corea del Sur, por su parte, arrancó con un triunfo ante la República Checa y luego se apagó con derrotas sin marcar ante México y Sudáfrica. Son Heung-min, capitán y referencia, terminó incluso fuera del once en el último partido.
En Europa, Escocia volvió a un Mundial tras 28 años y se marcha con un sabor amargo: solo tres puntos, ante Haití, y un 3-0 demoledor de Brasil que hundió su diferencia de goles y sus opciones de pasar como una de las mejores terceras. Steve Clarke presentó su dimisión tras siete años en el cargo.
Curazao, la selección más pequeña del torneo, resistió el golpe del 7-1 ante Alemania y se rehízo con un empate ante Ecuador gracias a un recital de Eloy Room y el primer gol mundialista de su historia, obra de Livano Comenencia. República Checa, en cambio, no logró trasladar a la fase final el carácter que mostró en la repesca europea ante Irlanda y Dinamarca: un solo punto, ante Sudáfrica, y derrota contundente frente a México cuando necesitaba ganar.
Uzbekistán debutó sin puntos, pero no sin señales: se adelantó a DR Congo y plantó cara a Colombia por momentos. Tuvo su foto con Cristiano Ronaldo, testigo de su sexto Mundial y goleador en el 5-0 de Portugal. El problema fue otro: once goles encajados en tres partidos pese a tener a Fabio Cannavaro en el banquillo.
Panamá, también sin marcar, se marchó como el único equipo del torneo sin ver puerta, pero con una mejora evidente respecto a 2018, cuando recibió once tantos. Esta vez compitió mejor, perdió por la mínima ante Ghana y Croacia y obligó a Inglaterra a apretar en un 2-0 más trabajado de lo que indica el marcador.
El resto del pelotón: Jordan, Haití, Qatar, Irak y Túnez
Jordan se estrenó en un Mundial con tres derrotas, pero al menos marcó en todos los partidos, incluido el último ante Argentina. Le faltó lo que sí tuvieron otros debutantes: un portero en estado de gracia capaz de sostener al equipo cuando todo se tambalea.
Haití jugó sin red. Llegó ya eliminada al partido contra Marruecos y se soltó, perdió 4-2, pero dejó un gol memorable de Wilson Isidor. En su primera presencia desde 1974, el sorteo fue cruel: dos selecciones del top-10 mundial, Marruecos y Brasil. Pedir algo más habría sido casi una utopía.
Qatar arrancó con un empate ante Suiza que invitaba al optimismo, pero se desmoronó con un 6-0 y dos expulsiones frente a Canadá. El 3-1 ante Bosnia y Herzegovina certificó la eliminación de un equipo que no logró dar continuidad a su primer buen resultado.
Irak, de vuelta a un Mundial por primera vez desde 1986, se encontró con un grupo imposible: Haaland por un lado, Mbappé por el otro. Su gran momento fue el gol de Aymen Hussein ante Noruega, marcado después de haber sido retenido varias horas por las autoridades de inmigración estadounidenses a su llegada al país. Frente a Senegal, la roja temprana tras encajar a los cuatro minutos los dejó sin opciones. El torneo se cerró con un 5-0 doloroso.
Túnez vivió un calvario. El 5-1 inicial ante Suecia costó el puesto a Sabri Lamouchi. La llegada de Hervé Renard no cambió la dinámica: goleadas también frente a Japón y Países Bajos. Un balance de menos diez en la diferencia de goles, solo empeorado por Irak, resume el tamaño del problema.
Un Mundial que reordena jerarquías
Entre las sorpresas de Cabo Verde, las confirmaciones de Marruecos y Senegal, las dudas de Brasil y Alemania y la irrupción de Noruega, este Mundial ha movido placas tectónicas en el mapa del fútbol de selecciones. Inglaterra y Noruega se preparan para un duelo que enfrentará estilos, generaciones y estados de ánimo opuestos.
Una pregunta flota sobre el torneo: cuando la próxima Copa del Mundo eche a rodar, ¿seguiremos hablando de estos mismos gigantes… o serán estos nuevos aspirantes quienes marquen el paso?






