Graham Potter y el renacer de Suecia en el Mundial
Graham Potter apareció la semana pasada en el entrenamiento de Suecia con un sombrero tejano calado hasta las cejas. Una broma, un guiño al Mundial en Texas, puro atrezzo para entrar en ambiente. Pero detrás del Stetson había algo más que folclore: un entrenador señalado, recién expulsado de la élite inglesa, intentando reescribir su historia.
En el Estadio Monterrey, muy lejos de Londres y de sus viejas heridas, su equipo mandó un mensaje nítido. Nada de postureo. Nada de turismo. Suecia salió a competir y destrozó 5-1 a Túnez en su estreno en el Grupo F.
Cinco goles. Más de los que había marcado en toda la fase de grupos de la clasificación mundialista.
Un técnico cuestionado, un equipo renacido
Hace apenas unos meses, Potter abandonaba West Ham por la puerta de atrás tras ganar solo seis de 23 partidos de Premier League. Antes, había salido malherido de Chelsea, donde el proyecto le superó después de su etapa brillante en Brighton. Dos destituciones en 15 meses. Para muchos, estaba “bebiendo en el último bar” de la élite.
Y, sin embargo, ahí estaba anoche: al mando de una selección mundialista, firmando una goleada en su debut y devolviendo algo de brillo a un nombre que muchos daban por amortizado.
“Nunca se sabe, esa es la verdad. Nunca sabes cómo van a salir las cosas”, admitió Potter tras el 5-1. “Éramos optimistas porque confiábamos en el trabajo. Pero hasta que se juega el partido no lo sabes seguro. Esa es la belleza del deporte. Estamos encantados con cómo rendimos esta noche y es un gran inicio para nosotros”.
El contraste con el camino hasta aquí es brutal. Bajo el mando de Jon Dahl Tomasson, Suecia vio cómo se evaporaban sus opciones de clasificación directa. Con el danés, la selección se hundió hasta el último puesto del grupo, por detrás de Suiza, Kosovo y Eslovenia, sin una sola victoria en seis encuentros.
Tomasson se marchó, llegó Potter en octubre… y el daño ya estaba hecho. Solo el ranking en la Uefa Nations League (34) mantuvo vivo el hilo: acceso a una ruta de repesca que abría una rendija. Por ahí se coló Suecia.
Superó a Ucrania. Eliminó a Polonia. Y se plantó en este Mundial con el cartel de incógnita y un seleccionador con cuentas pendientes con el fútbol de élite.
El regreso del “técnico sueco”
Para Potter, este torneo no estaba en el guion. Comenzó la temporada en el banquillo de West Ham y la terminó en el de una selección a la que conoce como pocos extranjeros. En realidad, su gran construcción como entrenador no nació en Inglaterra, sino en el norte.
En Östersunds FK aprendió el idioma del fútbol sueco. Tomó al club en cuarta división y lo llevó a la Allsvenskan, conquistó la copa doméstica y lo lanzó a Europa. Siete años que le marcaron.
“Me siento muy sueco cuando trabajo. Incluso parezco un poco sueco”, confesó antes del torneo. “Dos de mis hijos nacieron en Suecia. Tuve siete años inolvidables en Östersunds, con recuerdos que se quedarán conmigo toda la vida. Llegué desde la cuarta categoría del fútbol sueco y fui subiendo por el sistema hasta la Allsvenskan. Casi te vuelves sueco en sentido futbolístico por las experiencias que vives. Ahora trabajo para la federación sueca como seleccionador, así que me siento muy sueco”.
Su Instagram lo muestra caminando por paisajes nórdicos, leyendo literatura local, participando en actos culturales. Pero el Potter que se vio en Monterrey no era un turista sentimental. Era un entrenador que había preparado a conciencia este debut. Y su equipo respondió.
Isak y Gyökeres, una dupla de lujo
La gran noticia deportiva tiene nombre y apellido: Alexander Isak. El delantero del Liverpool, tasado en 125 millones de libras, ha vuelto a su plenitud física y se nota. Frente a Túnez formó una sociedad amenazante con Viktor Gyökeres, referencia del Arsenal.
Se buscaron, se encontraron y se asistieron mutuamente en sus goles. Un intercambio de favores en el área que explica por qué Potter puede mirar al futuro con algo más que esperanza. Es un ataque carísimo, sí, pero sobre todo es un ataque temible.
Suecia vuelve al gran escenario tras perderse el Mundial de 2022 en Qatar. Y lo hace con una pareja ofensiva capaz de incomodar a cualquier defensa del torneo si mantiene este nivel. El reto del seleccionador ahora es otro: ensamblar al resto, dar estructura a un grupo con muy poca experiencia mundialista.
Solo Victor Lindelöf había jugado antes esta competición. El guardameta Kristoffer Nordfeldt estuvo en Rusia 2018, pero no disputó un solo minuto. El resto, debutantes. Un bloque que necesita guía en un contexto que no perdona errores.
El formato les ayuda: con este arranque, Suecia ya se coloca en una posición privilegiada para alcanzar los dieciseisavos de final. Pero el calendario no perdona.
El examen real: Países Bajos
Túnez, número 56 del ranking FIFA, fue un rival dócil, demasiado blando atrás para contener el vendaval sueco. El verdadero termómetro llegará el sábado, cuando se crucen con Países Bajos (18:00 BST), una de las grandes aspirantes al título.
“Nos centramos en lo que podemos hacer, en nuestro rendimiento”, insistió Potter tras el encuentro. “No importa lo que la gente piense desde fuera o las opiniones. Esa es la belleza del Mundial: todo el mundo tiene pronósticos y predicciones, pero nosotros tenemos que centrarnos en nuestro trabajo y en cómo jugamos como equipo. Nos enfrentaremos a otro gran equipo el fin de semana, uno de los favoritos al título”.
La historia sueca en los Mundiales marca el listón: dos terceros puestos, uno en 1958, con otro inglés, George Raynor, en el banquillo, y otro en 1994, en un torneo también disputado en Estados Unidos. Dos ediciones, dos podios, dos señales que alimentan el imaginario de un país que se siente cómodo cuando el Mundial cruza el Atlántico.
¿Buenos presagios para Potter? De momento, lo único tangible es un debut contundente, un vestuario que parece creer y un seleccionador que ha cambiado la mueca tensa de Londres por una sonrisa serena bajo un sombrero tejano.
El resto lo dirá la próxima parada: un duelo contra Países Bajos que aclarará si este Suecia es solo un buen arranque… o el inicio real de una campaña capaz de reescribir la carrera de Graham Potter.





