El giro táctico de Barry con Rice en el lateral
En un encuentro que se había convertido en un intercambio frenético de golpes, la selección de Inglaterra encontró oxígeno gracias a una idea que no nació del técnico principal, sino de su mano derecha. Thomas Tuchel no dudó en señalar al verdadero autor del ajuste que inclinó el campo: su asistente, Anthony Barry.
Según explicó el propio seleccionador, fue Barry quien propuso desplazar a Declan Rice al costado derecho, una variación que transformó la forma de atacar por banda y dio solidez a un flanco que estaba sufriendo. La lógica era sencilla, pero valiente: colocar la calidad de Rice en una zona desde la que pudiera cargar el área con centros más envenenados y, al mismo tiempo, proteger mejor ese lado.
Tuchel lo reconoció abiertamente. La idea buscaba “tener su calidad desde el costado” para generar centros más difíciles de defender, más balones tensos, más outswingers que obligaran a la defensa rival a recular. El cambio no solo mejoró la precisión de los envíos desde la derecha; también dio aire a un equipo que necesitaba ordenar el caos.
La presencia de Rice en esa banda liberó a Bukayo Saka, que encontró más apoyo para encarar, y conectó mejor con Eberechi Eze, clave para tejer sociedades en ese sector. Inglaterra empezó a juntar pases, a fijar rivales, a abrir pasillos donde antes solo había carreras desesperadas. Tuchel no dudó en repartir méritos: todo el crédito, dijo, para su asistente.
Detrás de la pizarra, sin embargo, hubo un esfuerzo enorme sobre el césped. Rice, acostumbrado a gobernar el centro del campo, tuvo que reconvertirse en pleno torbellino. Lo admitió sin rodeos al término del encuentro: esos minutos como lateral derecho fueron probablemente los más duros del partido, tanto en lo físico como en lo mental.
El choque se había convertido por momentos en un auténtico partido de baloncesto: ida y vuelta constante, transiciones vertiginosas, espacios gigantescos a la espalda de las defensas. Ante unos extremos rapidísimos, Inglaterra necesitaba bajar pulsaciones, enfriar la locura, quitarle ritmo a un duelo que amenazaba con romperse definitivamente.
Rice fue pieza clave en la jugada que desembocó en el empate, pero su aportación no se limitó a una acción aislada. Su lectura táctica y su disciplina en un rol que no es el suyo sostuvieron al equipo cuando las piernas pesaban y la cabeza ardía. Aun así, fue autocrítico: reconoció que la selección se complicó el partido más de lo necesario.
No es una posición desconocida para él. Esta temporada ya había ocupado ese costado dos o tres veces, lo suficiente para entender las exigencias del rol, aunque también para saber que no es donde mejor luce su repertorio. Lo dejó claro: no es su mayor fortaleza, pero está dispuesto a hacer lo que haga falta por el equipo y por el seleccionador.
Con apenas doce minutos por disputarse, aceptó el reto. Se ofreció, se colocó en el lateral y se vació. A su juicio, cumplió. El resultado y la reacción del equipo le dan la razón.
Ahora se abre otra cuestión: ¿repetirá Inglaterra ese movimiento en el próximo partido o el experimento quedará como un recurso puntual para una noche de emergencia? Rice, por si acaso, ya dejó un deseo entre líneas: que no le toque volver a ser lateral derecho. Pero cuando la pizarra y el césped se alinean, pocos entrenadores renuncian a una solución que ya les salvó una vez.






