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Franco Baresi: Un Último Adiós en Milán

Mediaba la mañana en Milán y las calles parecían detenerse. Miles de personas se agolparon alrededor de la Basílica de Sant'Ambrogio para despedir a Franco Baresi, el defensa que durante décadas encarnó el alma del AC Milan y de la selección italiana. No era solo un funeral. Era el adiós a un símbolo.

Baresi, fallecido la semana pasada a los 66 años tras un periodo de problemas de salud, fue mucho más que un gran central. Fue el capitán que sostuvo una era. Quince temporadas con el brazalete del Milan, 719 partidos, 33 goles y una vitrina que cuenta su historia mejor que cualquier adjetivo: 18 títulos con los rossoneri.

Seis Scudetti. Tres Copas de Europa/Champions League. Cuatro Supercopas de Italia. Tres Supercopas de la UEFA. Dos Mundiales de Clubes. Todo desde la misma trinchera, en la misma zaga, con el mismo número a la espalda: el 6, retirado por el club cuando colgó las botas. Un dorsal convertido en patrimonio.

Dentro de Sant'Ambrogio, el silencio pesaba tanto como los recuerdos. En los bancos, leyendas del Milan y del fútbol italiano: Paolo Maldini, heredero natural de esa defensa de hierro; Marco van Basten, el goleador de una época irrepetible; Clarence Seedorf, Alessandro Costacurta, Roberto Baggio. Nombres que llenaron estadios, hoy reunidos para honrar a quien durante años los protegió desde atrás.

El respeto cruzó generaciones. La actual plantilla del AC Milan se encuentra en Australia, inmersa en la gira de pretemporada, pero algunos jugadores del primer equipo que no viajaron quisieron estar presentes. Entre ellos, Christian Pulisic, delantero de la selección de Estados Unidos, como representación de un vestuario que conoce la leyenda antes que al hombre, pero que entiende el peso del escudo que Baresi ayudó a engrandecer.

Su legado no se limita al club. Con la selección italiana, Baresi sumó 81 internacionalidades y formó parte del grupo que se coronó campeón del mundo en 1982. Doce años después, en 1994, volvió a una final de Copa del Mundo ya como capitán, liderando a Italia hasta el último peldaño antes de caer ante Brasil en la tanda de penaltis. Aquella imagen, con el brazalete apretado en el brazo y la mirada fija, sigue siendo una de las estampas más poderosas del fútbol azzurro.

En 2020, el Milan le nombró presidente de honor, un reconocimiento institucional a una figura que, en realidad, ya ocupaba ese lugar en el corazón de la hinchada desde mucho antes. Para varias generaciones de tifosi, el Milan se explicaba desde atrás: primero Baresi, luego todo lo demás.

Hoy, la ciudad que le vio crecer como jugador y como mito se paró para acompañarle en su último trayecto. Afuera, los cánticos se mezclaban con el murmullo de los que contaban anécdotas, recordaban partidos, repasaban títulos. Adentro, el ambiente era de recogimiento, pero también de orgullo. No todos los clubes pueden despedir a un futbolista que definió una forma de defender, una manera de competir, casi una identidad.

El homenaje no termina en la basílica. El AC Milan rendirá tributo a su excapitán el miércoles, antes del amistoso frente al Inter. Un derby de pretemporada que, por una noche, tendrá un significado distinto: dos equipos históricos, una ciudad dividida por colores, unida por el respeto a uno de los grandes defensores que haya pisado un campo de fútbol.

El Milan seguirá adelante, como siempre. Pero a partir de ahora, cada vez que la zaga rossonera cierre filas y el equipo defienda junto, habrá una sombra elegante y firme proyectándose sobre el césped. La de Franco Baresi, el hombre que convirtió la defensa en arte y el brazalete en responsabilidad eterna.