FIFA abre expediente disciplinario contra Argentina tras la final
La resaca de la final mundialista entre España y Argentina no se detuvo en el pitido final en el New York New Jersey Stadium. Semanas después de aquel 1-0 que coronó a las españolas en julio, el foco se ha desplazado del césped a los despachos: FIFA ha abierto un procedimiento disciplinario contra la selección argentina por su comportamiento tras la derrota y a lo largo del torneo.
La tensión que se respiró en los minutos posteriores al encuentro, con varios cruces encendidos entre jugadoras, jugadores del entorno y miembros de los cuerpos técnicos, ya estaba bajo la lupa. La semana pasada, el máximo organismo del fútbol mundial nombró a un fiscal disciplinario y de ética para reconstruir al detalle lo ocurrido tras el silbatazo final, cuando se produjeron altercados entre integrantes de Argentina y España camino de vestuarios y en la zona mixta.
El informe preliminar de ese fiscal ha desembocado ahora en una investigación formal con nombres y apellidos. FIFA ha decidido actuar contra los argentinos Nahuel Molina, con dos cargos en su contra, y Leandro Paredes, con tres, además del asistente técnico Roberto Ayala, al que se le imputa un cargo. A los tres se les investiga por presunta agresión al amparo del artículo 14 del Código Disciplinario de FIFA.
El caso de Molina no termina ahí. El lateral se expone también a una posible sanción por un cargo adicional de supuesto comportamiento antideportivo, igualmente bajo el paraguas del artículo 14. No es el único señalado por esa figura: su compañero Thiago Almada y el centrocampista español Gavi también han sido acusados del mismo tipo de infracción.
Consecuencias
La letra del Código Disciplinario de FIFA es clara y, sobre todo, severa. Para la “conducta antideportiva”, el mínimo castigo contemplado es un partido de suspensión. Cuando la acusación escala a “agresión”, el listón sube de inmediato: al menos tres encuentros de sanción para futbolistas y oficiales.
El expediente abre un capítulo incómodo para una selección argentina que venía de instalarse en la élite competitiva y emocional del fútbol mundial. Ahora, mientras el balón aguarda el próximo gran torneo, serán los comités disciplinarios quienes dicten una sentencia que puede condicionar convocatorias, alineaciones y jerarquías en los meses que vienen.






