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Egipto estalla tras eliminación: ‘Nos han engañado’

LOS ÁNGELES — El grito de Hossam Hassan retumbó mucho después del pitido final. En el césped, Argentina celebraba una remontada de campeón. En la sala de prensa, el seleccionador de Egipto hablaba de “engaño”, “injusticia” y “falta de respeto”. Dos mundos opuestos separados por 90 minutos salvajes y un puñado de decisiones arbitrales que encendieron a todo un país.

Egipto ganaba 2-0. Rozaba con la yema de los dedos sus primeros cuartos de final de un Mundial. Terminó eliminado, 3-2, y con su entrenador prometiendo que no volverá a ver un solo partido más del torneo.

Un gol anulado que cambió el relato

El partido giró cuando los faraones ya mandaban 1-0, tras el cabezazo de Yasser Ibrahim. Mostafa Zico cazó el segundo, el que parecía romper la baraja. Pero el VAR rebobinó la jugada muy atrás, hasta encontrar una falta sobre Lisandro Martínez. Gol anulado. Aviso serio.

Hassan no lo digirió.

“Nos han engañado injustamente hoy, hemos sufrido una injusticia”, lanzó, sin matices, en una rueda de prensa incendiaria. No quiso hablar de mala suerte. Habló de “engaño”.

Zico, sin embargo, volvió a aparecer. Esta vez sí, el delantero colocó a Egipto con un 2-0 que heló a la grada albiceleste y dejó al campeón contra las cuerdas. El sueño egipcio ya no era una quimera: estaba a media hora de hacerse realidad.

Messi falla, pero Argentina despierta

La reacción argentina llegó a base de orgullo. Antes del festival final, el campeón ya había tenido una bala de oro. Penalti para Argentina por un derribo sobre Nicolás Tagliafico. Lionel Messi frente a Mostafa Shobeir. Un duelo que la historia suele resolver del mismo lado.

No esta vez.

El portero egipcio adivinó la intención y detuvo el lanzamiento. Otro capítulo en la extraña relación de Messi con los penaltis mundialistas: ha fallado cuatro de sus ocho penas máximas en juego, dos de ellas en este mismo torneo.

El fallo, lejos de hundir a Argentina, la encendió. Cristian Romero recortó distancias y devolvió el pulso al campeón. El 2-1 abrió una grieta en la resistencia egipcia. El 2-2 la rompió.

Messi, herido, apareció donde más duele. Control, zurdazo y empate. Octavo gol del torneo para el ocho veces Balón de Oro. Argentina volvía a vivir.

El gol decisivo y la jugada que desató la furia

Con el 2-2, el partido se convirtió en una montaña rusa emocional. Egipto acusó el golpe, pero no se rindió. Cada contra parecía su última oportunidad. Cada ataque argentino, una amenaza de sentencia.

El golpe final llegó con el tanto de Enzo Fernández. El campeón culminó la remontada, pero en el banquillo egipcio nadie miraba al marcador. Miraban a la pantalla gigante, a una repetición concreta: el agarrón de Alexis Mac Allister sobre Hamdy Fathy en la jugada previa.

Para Hassan, ahí estaba el punto de ruptura.

“Un penalti fue anulado, ni siquiera revisado por el VAR. Un segundo gol fue anulado de forma increíble. Ni siquiera ha habido revisión del VAR cuando todos hemos visto la imagen de la camiseta siendo tirada hacia atrás”, denunció.

Insistió una y otra vez en la misma idea: “No hemos visto respeto ni juego limpio. No ha habido respeto ni juego limpio”.

Sospechas, presión y el peso del campeón

Con el ánimo ya desbordado, el seleccionador egipcio dio un paso más y apuntó a lo que considera fuerzas externas protegiendo al campeón del mundo y a su gran estrella.

“Quizás querían mantener a los campeones del mundo en la competición. Quizás querían que Messi siguiera en la lucha”, dijo en declaraciones a BeIn Sports.

Y remató con una frase que deja claro hasta dónde llega su desconfianza: “En el fútbol, a veces hay factores externos que van más allá de los aspectos técnicos. Los campeones del mundo recibieron apoyo a todos los niveles”.

No presentó pruebas. Tampoco las matizó. Habló desde la rabia de una eliminación que Egipto sintió como un robo en la puerta de la historia.

El horario, otra batalla para Egipto

Hassan no solo cargó contra el arbitraje. También apuntó al calendario, al considerar que el horario del partido —mediodía local, 16.00 GMT— castigó a sus jugadores tras el esfuerzo de los octavos.

“Quien programa esos partidos nunca ha jugado al fútbol. Nunca programas un partido a las 12. A mediodía sales a caminar o a tomar un brunch, no a jugar al fútbol”, disparó.

“¿Cuándo se supone que deben comer los jugadores? ¿A las 7.30 de la mañana?”, añadió, encadenando preguntas que buscaban más denunciar que obtener respuesta.

Para él, el caso es claro: “Ha habido muchas cosas que cuestionar dentro y fuera del campo”.

Un técnico que se baja del Mundial

La noche terminó con una declaración contundente. No táctica, no deportiva. Personal.

“No voy a seguir viendo los partidos de este Mundial, viendo los partidos de este Mundial”, aseguró. “Esta es mi forma de alzar la voz”.

Mientras Argentina avanza a los cuartos de final con el aura indestructible de los campeones que sobreviven al borde del abismo, Egipto se marcha con la sensación de haber tocado el cielo y haber sido empujado al vacío.

La clasificación dirá que Argentina remontó un 2-0 y que Messi volvió a aparecer cuando más le necesitaban. En El Cairo, durante mucho tiempo, se recordará otra cosa: la tarde en la que los faraones creen que el sueño mundialista les fue arrebatado, no solo perdido.