Ecuador cae en el minuto 90 ante Costa de Marfil
La racha se rompió cuando ya todos miraban el reloj. Ecuador, 19 partidos sin perder desde septiembre de 2024, cayó en el último suspiro ante una Costa de Marfil paciente, resistente y letal cuando se abrió la rendija.
Moises Caicedo mandó en el centro del campo desde el inicio. Ecuador se adueñó del ritmo y del territorio, y lo hizo con la agresividad que suele marcar al mediocentro: presión alta, duelos ganados, robos en campo rival. De uno de esos quites, marca registrada del ecuatoriano, nació la ocasión más clara del primer tiempo.
John Yeboah avisó primero con un disparo que se estrelló en el travesaño. El sonido del metal encendió al equipo sudamericano, que olió sangre y se lanzó a por el gol. Alan Minda tuvo la siguiente, también al larguero, tras esa recuperación de Caicedo en zona alta que desarmó a Costa de Marfil. Era la jugada perfecta, salvo por el detalle esencial: la pelota no quiso entrar.
Ecuador parecía más afilado, más vertical, con la sensación constante de que el 1-0 estaba al caer. Pero Costa de Marfil no viajó solo a defenderse. Cada vez que encontraba espacio, respondía con zarpazos frontales, directos, de los que obligan al rival a no confiarse ni un segundo.
Nada más arrancar el segundo tiempo, el guion dio un giro. Esta vez fue Elye Wahi quien acarició el gol para los africanos: control, disparo colocado y… otro impacto contra el travesaño. El partido ya tenía su propia banda sonora: madera, suspiros y rostros al cielo.
Con el reloj avanzando y las defensas imponiéndose a los ataques, el empate sin goles empezó a parecer el destino inevitable. Ecuador bajó medio paso, Costa de Marfil esperó su momento. El duelo se trabó, se hizo más físico, más táctico, con menos espacios y más precauciones.
Hasta que apareció Wilfried Singo.
El lateral derecho marfileño arrancó desde su banda con una carrera poderosa, rompiendo líneas a pura zancada. Nadie logró frenarlo. Cuando llegó al último tercio, levantó la cabeza y eligió a Amad Diallo. El extremo no necesitó controlar: definió de primera, con sutileza, guiando el balón al rincón más lejano, pegado al poste.
Minuto 90. Gol. Silencio ecuatoriano, celebración africana.
Ese derechazo de Diallo no solo decidió el amistoso. También tumbó una racha que se había convertido en carta de presentación de Ecuador: 19 partidos sin conocer la derrota, borrados en una jugada que combinó potencia, claridad y frialdad en el momento límite.
Ahora, el equipo sudamericano tendrá que reaccionar rápido. El próximo fin de semana le espera Curacao, herido tras encajar un 7-1 ante Alemania. Un rival golpeado, un Ecuador tocado en su orgullo y una pregunta inevitable: ¿fue solo un tropiezo en el último minuto o el inicio de un nuevo examen para la solidez de esta selección?





