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CSKA Sofia supera a Maccabi Tel Aviv en la UEFA Europa League

Maccabi Tel Aviv se vio ampliamente superado en Batumi Arena por un CSKA Sofia que impuso su plan desde el primer tramo del partido y lo sostuvo con solvencia hasta el 0-3 final. En un cruce de la 3rd Qualifying Round de la UEFA Europa League, el conjunto israelí, con un 4-2-3-1 de partida, nunca logró transformar su posesión casi equilibrada (49%) en ocasiones claras, mientras que el 4-3-3 búlgaro fue mucho más vertical y clínico, capitalizando sus 7 tiros a puerta y una estructura muy compacta sin balón.

Desde el inicio, el dibujo de Kenny Miller buscó un bloque medio con salida limpia desde la línea de cuatro (I. Ben Hamo, M. Camara, Raz Shlomo, S. Rosen) y un doble pivote I. Noy – I. Shahar para conectar con la línea de tres mediapuntas (I. Sissokho, D. Peretz, H. Varela) por detrás de S. Abu Farkhi. Sin embargo, la presión de CSKA Sofia, con J. Gbamin muy agresivo saltando desde el lateral derecho del triángulo de mediocampo y B. Jordao ocupando bien los carriles interiores, forzó a Maccabi a jugar demasiado directo, desconectando a los mediocentros y obligando a dividir balones hacia el punta.

El 0-1 temprano de M. Ebong al 9’ fue la consecuencia lógica de esa superioridad en la segunda jugada: CSKA Sofia, con su 4-3-3, juntó líneas, robó en campo rival y castigó una zaga local mal protegida. La estructura visitante se veía clara: Pastor y A. Martino muy contenidos por fuera, T. Ivanov y F. Rodriguez mandando en el eje, y por delante un triángulo donde S. Sensi organizaba y Ebong y Jordao atacaban espacios. Arriba, L. Godoy e I. Pittas daban amplitud y profundidad, fijando a los centrales y obligando a los laterales de Maccabi a elegir entre cerrar por dentro o defender banda.

Maccabi Tel Aviv nunca encontró ventajas por fuera. Sus 2 saques de esquina ilustran la dificultad para llegar al último tercio con continuidad. Con solo 2 tiros a puerta y 4 fuera, el equipo israelí vivió más de impulsos individuales que de un patrón estable. La ausencia de datos de pases no impide ver, por el volumen de faltas (21), que el plan defensivo se volvió reactivo y a destiempo, cortando ataques de CSKA Sofia más que anticipando.

CSKA Sofia, con un 51% de posesión, no necesitó monopolizar el balón para ser dominante. Sus 7 tiros a puerta, respaldados por 6 remates bloqueados, hablan de una presencia constante en la frontal y dentro del área rival. La línea de tres en el medio permitió sumar siempre un hombre más a la circulación: Sensi bajaba a la base, Ebong atacaba la media luna y Jordao equilibraba el lado débil. Cuando la pelota llegaba a Godoy y Pittas, el equipo ya estaba bien escalonado detrás, preparado tanto para el centro como para la presión tras pérdida.

El 0-2 de L. Godoy al 29’, asistido por I. Pittas, reforzó esa sensación de control. Maccabi, por el contrario, se vio obligado a adelantar metros sin tener herramientas claras para romper el bloque 4-1-4-1 que CSKA formaba en fase defensiva (Gbamin hundiéndose como falso lateral/mediocentro según el lado del balón). La acumulación de amarillas en el tramo final (tres en total para Maccabi, cuatro para CSKA) refleja un partido cada vez más cortado, con el conjunto israelí intentando frenar las transiciones y el búlgaro gestionando la ventaja.

Las sustituciones de Miller al descanso y alrededor del 66’ —entradas de T. Asante, N. Ben Harush, E. Sokler y O. Davida— buscaron refrescar bandas y añadir presencia ofensiva, pero no alteraron el guion: Maccabi siguió produciendo poco, sin mejorar su volumen de remate ni su capacidad para fijar a los centrales rivales. La entrada posterior de E. Madmon por H. Varela fue otro intento de ganar energía entre líneas, igualmente insuficiente ante un rival bien estructurado.

En el otro banquillo, Hristo Yanev gestionó con inteligencia los esfuerzos. La sustitución de I. Pittas por J. Zwarts y de B. Jordao por J. Eto’o en el 66’ mantuvo la amenaza al espacio y el trabajo sin balón del frente de ataque. Más tarde, el relevo de L. Godoy por M. Brahimi permitió conservar piernas frescas en banda para seguir castigando una defensa local ya muy abierta. Incluso el cambio tardío de Pastor por Leo Pereira en el 90+1’ reforzó la banda justo antes de que Zwarts cerrara el 0-3 en el 90’, coronando una noche en la que CSKA Sofia leyó mejor cada fase del encuentro.

Sin datos específicos de paradas o goles evitados, la lectura global apunta a que el guardameta de Maccabi Tel Aviv se vio demasiado expuesto por el volumen de llegadas (7 tiros a puerta y 6 bloqueados) y por la fragilidad estructural de su bloque, mientras que el portero de CSKA Sofia vivió un partido relativamente cómodo, protegido por un sistema que limitó a Maccabi a solo 2 remates a portería y apenas 2 córners.

En términos estadísticos, el veredicto es claro: con posesión prácticamente pareja (49%-51%), la diferencia la marcaron la calidad y frecuencia de las llegadas. CSKA Sofia generó más del triple de tiros a puerta que Maccabi Tel Aviv (7 contra 2) y, además, forzó 6 bloqueos, indicador de presencia constante en zona de remate y de una defensa local obligada a achicar en el último instante. El reparto de córners (2-2) es engañoso: Maccabi no convirtió sus pocas incursiones en ocasiones claras, mientras que CSKA fue letal en las que tuvo.

La disciplina también pesó: 21 faltas de Maccabi frente a 17 de CSKA reflejan un equipo local persiguiendo el juego, obligado a interrumpir el ritmo rival, especialmente tras el 0-2. Aunque no hubo expulsiones, el mayor número de amarillas de CSKA (4 por 3) se explica por la gestión de los últimos minutos, con entradas tácticas para cortar posibles contras, pero sin comprometer el control global del partido. En una eliminatoria europea, un 0-3 con semejante diferencia en producción ofensiva subraya una cosa: el plan de CSKA Sofia fue más claro, más coherente y mucho mejor ejecutado que el de Maccabi Tel Aviv.