City y Jeglertz: Un Cambio de Era en la WSL
El primer título de City con Jeglertz no fue un accidente: fue un cambio de era. Durante años, el talento estaba ahí, las predicciones también. Cada verano, el mismo pronóstico: este será el equipo que por fin tumbe el dominio de Chelsea en la WSL. Cada primavera, la misma sensación: algo se rompía en el tramo final. O un derrumbe dramático. O un tropiezo más ruidoso.
Con Robert Vilahamn Jeglertz al mando, esa narrativa saltó por los aires.
Un vestuario que cambió el lenguaje
Alex Greenwood lo resumió mejor que nadie: hubo un “cambio de cultura” y una transformación en “el lenguaje” con el que el grupo se miraba a sí mismo. No se trataba solo de hablar de títulos. Se trataba de atreverse a hacerlo. De asumir la incomodidad de decir en voz alta que el objetivo era ganar… y ganar ya.
Mary Fowler lo vivió desde dentro. En temporadas anteriores, admitió, el problema estaba en la cabeza: “Quizá nos quedábamos cortas porque faltaba algo en la mentalidad, no sentíamos de verdad que fuéramos capaces de ganar”. Ahora el discurso es otro. “Ya lo hemos hecho. Eres muy capaz y puedes hacerlo otra vez”.
Ese matiz lo cambia todo. City no solo ha roto una sequía de cuatro años sin trofeos y ha levantado por fin la WSL. Ha descubierto cómo se siente ser campeón. Y ese recuerdo es adictivo.
Un campeón que vuelve con más hambre
Tras un breve descanso veraniego, Jeglertz se ha encontrado un escenario que cualquier entrenador firmaría: un grupo que no se ha relajado ni un milímetro. No hay rastro de complacencia. No hay señales de que el título haya rebajado la presión interna. Al contrario.
“Ya lo he visto en las jugadoras”, explicó el técnico. Detecta una confianza serena, nada estridente, pero acompañada de una curiosidad insistente: cómo dar el siguiente paso, qué detalles pulir para ser “un poco mejores”. Esa inquietud, insiste, debe durar todo el año.
El club, además, ha decidido alimentar esa cultura ganadora con perfiles que saben lo que es vivir en la cima. Niamh Charles llega de una máquina de títulos como Chelsea, donde ha encadenado cinco WSL seguidas y siete copas nacionales en seis años. No son solo medallas: son hábitos.
“Eso significa que tiene una parte de líder”, valora Jeglertz. Su experiencia no se mide solo en partidos, sino en algo más sutil: cómo se sostiene un vestuario campeón de una temporada a otra.
Beth Mead aporta otro tipo de pedigrí. Dos Eurocopas consecutivas con Inglaterra y un papel clave en el Arsenal que derrotó a Barcelona en la final de la Champions de 2025. El técnico se queda con un detalle: en su mirada sigue viendo hambre, el deseo de seguir aprendiendo incluso después de haberlo ganado casi todo.
En lo intangible —cultura, mentalidad, ambiente— City parece armado para defender la corona. La pregunta es si la plantilla está igual de preparada para el siguiente escalón.
El reto extra: la Champions y una plantilla más corta
Hay un matiz que nadie pudo obviar durante la conquista del título: City no tuvo que lidiar con la Champions. Mientras Chelsea, Arsenal y Manchester United exprimían sus recursos en Europa, el campeón vivía semanas más limpias, con menos carga y más tiempo para entrenar.
Esta vez será distinto. La Champions ya está en el calendario y la exigencia se dispara.
Y ahí aparece la primera alerta: más allá de las llegadas de Mead y Charles, el único refuerzo adicional ha sido Carlotta Wamser, capaz de cubrir ambos laterales. Nueve salidas del primer equipo y solo tres incorporaciones importantes dibujan un verano mucho menos agitado de lo que algunos esperaban, aunque desde dentro nunca se contempló una revolución.
“El fondo de armario está ahí”, defendió la directora deportiva O’Neill al cierre de la pasada campaña. “No se trata de transformar la plantilla, sino de añadir en las posiciones clave”. El discurso suena sólido… hasta que llegan las lesiones.
El golpe más duro, el de Vivianne Miedema. Según distintas informaciones, la delantera no reaparecería hasta 2027. Un contratiempo enorme para una plantilla que ya ha visto cómo las molestias de inicio de curso empiezan a poner a prueba esa profundidad que el club defiende. Que City intentara moverse en el último día de mercado sin lograr cerrar ningún fichaje revela que la preocupación existe.
Ajustes mínimos, máxima exigencia
Los movimientos han sido quirúrgicos. El lateral izquierdo, zona sensible tras la marcha de Leila Ouahabi, queda reforzado con Charles y Wamser. En ataque, Mead llega para ocupar el vacío que deja Kerolin, rumbo a Barcelona.
El resto del plan de Jeglertz pasa por mirar hacia dentro y exigir más a quienes ya estaban. Risa Shimizu, cedida el curso pasado al Liverpool, deberá aportar profundidad en los laterales. Se esperan temporadas más influyentes de Sydney Lohmann y Grace Clinton, dos apuestas del verano anterior que no alcanzaron el nivel previsto, frenadas por molestias físicas y por la dificultad para afianzarse cuando tuvieron oportunidades.
Mary Fowler es otro nombre subrayado en rojo. En su primera temporada completa tras una grave lesión de ligamento cruzado, ya dejó destellos de su calidad desde febrero. Ahora se le pedirá continuidad, impacto, liderazgo con balón.
En la línea ofensiva, la palabra clave es versatilidad. Mead, Fowler, Lauren Hemp, Aoba Fujino e Iman Beney pueden ocupar varias posiciones, incluida la de delantera centro en varios casos. Con ese abanico, el club ha decidido no fichar una ‘9’ específica para vivir a la sombra de Khadija Shaw toda la temporada.
El futuro también asoma. Sacha Lewis, Amelia Oldroyd y Aoibhe Brennan han firmado sus primeros contratos profesionales este verano. Mayzee Davies, internacional absoluta con Gales y profesional desde el año pasado, podría convertirse en una pieza de fondo de armario muy útil a lo largo del curso.
Y luego están las intocables. En la cúspide del proyecto siguen Shaw, Greenwood, Hemp, Kerstin Casparij, Jade Rose y Yui Hasegawa. Un once tipo que, línea por línea, compite con cualquiera en la WSL. Cuando Miedema vuelva, el techo será aún más alto.
¿Plantilla corta o grupo perfecto para competir?
La incógnita es clara: ¿bastará con esto? El año pasado City disfrutó de un registro de lesiones casi impecable, algo poco habitual en el fútbol de élite. ¿Se puede repetir esa fortuna con la Champions de vuelta y un calendario más comprimido?
O’Neill lanza un mensaje de seguridad: “Hemos aprendido y estaremos absolutamente listas la próxima temporada”. Jeglertz, por su parte, ve el vaso medio lleno. Para él, la plantilla era demasiado amplia el curso pasado, así que agradece la ampliación del calendario. Más partidos, más minutos para repartir, menos talento infrautilizado. “Tenemos demasiadas buenas jugadoras para tan pocos encuentros”, dijo en mayo. “El año que viene será diferente, hay más partidos. La plantilla está construida para eso”.
El matiz es que hay posiciones donde una lesión puede ser devastadora. Y otras en las que, si perfiles llamados a dar un salto —como Lohmann, recién operada de la cadera, o la propia Clinton— no responden, la manta se quedará corta. Empezar el curso con varias dudas físicas y con Miedema sabiendo que lo verá desde la grada no es el escenario ideal.
Aun así, hay algo que juega a favor de City frente a otros gigantes de la WSL: la coherencia. Puede que haya equipos con más fondo de armario, pero arrastran interrogantes sobre su cultura interna o sobre la química en el césped que este City no tiene.
Levantar una dinastía al estilo Chelsea en una liga tan salvaje como la actual parece una quimera. El nivel medio ha subido. Los errores se pagan más caro. Los márgenes se han estrechado.
Pero si hay un equipo preparado para seguir peleando por los grandes trofeos esta temporada, es este. El mejor conjunto de Inglaterra el curso pasado, con diferencia, ahora entra en el nuevo año con algo que no se compra: la certeza de que sabe ganar. Y con esa mezcla de confianza, títulos recientes y caras nuevas, una cosa parece clara: City no está dispuesto a esperar otra década para volver a coronarse en la WSL.






