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Chelsea y su crisis defensiva: análisis tras el parón de selecciones

El parón de selecciones llega como un alivio incómodo para un Chelsea que encadena tres jornadas sin ganar en liga y que se marcha castigado por su derrota en el derbi, con la lupa cada vez más fija en el trabajo de Xabi Alonso y en una defensa que hace agua por todos los costados.

En el Gtech Community Stadium, las grietas quedaron expuestas sin piedad. El 3-0 encajado no fue un accidente aislado, sino el resumen de todos los males del equipo. El gol inicial de Jaidon Anthony y el tercero de Fabio Carvalho nacen de lo mismo: desconexiones groseras a balón parado, marcajes blandos, segundas jugadas regaladas en el área propia. Entre medias, el tanto de Igor Thiago, a puerta casi vacía tras un rechace, llegó después de que Kevin Schade destrozara la línea defensiva con un desmarque sencillo pero letal. Demasiado fácil. Demasiado repetido.

No es solo una cuestión táctica. Es una cuestión de carácter. La actitud del equipo volvió a quedar en entredicho en el oeste de Londres: tras el 1-0, las cabezas se agacharon, la energía se evaporó y el conjunto se descompuso con una rapidez alarmante. La sensación de que, en cuanto recibe un golpe, este Chelsea se derrumba, se hace cada vez más fuerte.

Gary Cahill, voz autorizada por su pasado glorioso en Stamford Bridge —campeón de Champions y dos veces de la Premier League con el club—, no escondió su preocupación al analizar el partido como experto de Sky Sports.

“Hay un cierto elemento de fragilidad”, arrancó, apuntando directamente al problema mental que rodea al equipo. “Una vez que han concedido ese balón parado, no quieres que se convierta en un estado mental, pero es un escenario de ‘otra vez lo mismo’”.

La imagen de Levi Colwill tras el encuentro, abatido frente a las cámaras, reforzó el diagnóstico del excentral. Cahill se detuvo en ese gesto: el joven defensa, visiblemente hundido, reflejaba el dolor de una línea de atrás que no consigue sostener al equipo ni en lo básico. “Se le ve plano, y con razón. Es defensor y no quiere encajar goles. Duele, de verdad que duele”, subrayó.

Aun así, Cahill no ve el panorama como una condena, sino como una advertencia urgente para Alonso. El parón internacional, de casi tres semanas, aparece como una ventana clave para corregir el rumbo. Tiempo para revisar vídeos, ajustar automatismos, reforzar la estructura y, sobre todo, endurecer el equipo.

“Estoy seguro de que el entrenador lo abordará en los vídeos y en el campo de entrenamiento”, explicó. “Obviamente, como portero y como línea de cuatro, sientes una gran responsabilidad cuando están entrando goles”.

La receta, para él, no tiene misterio ni atajos: trabajo y dureza competitiva. “La única forma de salir de eso es trabajando duro juntos y asegurándote de que eres más difícil de enfrentar, y de que eres más implacable”, insistió.

Su crítica más dura llegó al definir el problema con una palabra que duele en cualquier vestuario de élite: “blandura”. “Parece haber una especie de suavidad en este momento en la forma en que encajan los goles”, lamentó. Demasiado permisivos en el área propia, demasiado vulnerables cuando el rival aprieta un poco.

El calendario ofrece ahora una pausa, aunque no todos los jugadores estarán disponibles por los compromisos con sus selecciones. Aun así, Cahill considera que el margen es suficiente para empezar a cambiar dinámicas: “Tienes unas semanas ahora durante el parón internacional, aunque algunos no estarán, pero tendrán tiempo”.

Tiempo para ajustar la zaga. Tiempo para recuperar orgullo. Tiempo para que Xabi Alonso demuestre si puede convertir a este Chelsea frágil en un equipo al que, por fin, cueste hacerle daño.