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Celtic cae 3-1 ante Ferencvaros: Problemas defensivos

Celtic Park volvió a ser escenario de un aviso serio. Tras caer en el Old Firm ante Rangers, el equipo de Martin O'Neill abrió su andadura en la Europa League con una derrota por 3-1 en casa ante Ferencvaros, marcada por los mismos errores defensivos que ya le están costando caro esta temporada.

O'Neill había prometido reacción después del batacazo en la League Cup. Sobre el césped, sin embargo, la historia se repitió.

Buen inicio, mismo desenlace

El arranque no fue malo. Celtic tuvo la pelota, se instaló en campo rival y James Forrest, activo por la izquierda, parecía rejuvenecido. Ferencvaros sufría con sus conducciones y centros. El primer aviso serio llegó pronto: centro de Forrest, control de Camilo Duran dentro del área y remate que se marchó rozando el poste en el minuto 8. Era el tipo de ocasión que debía marcar el tono de la noche.

Pero el primer golpe cayó en la portería equivocada.

Al 20’, Kieran Tierney no logró despejar un centro lateral, el balón cayó a Bamidele Yusuf y su disparo, que ya llevaba peligro, rebotó en Liam Scales antes de colarse en la red. Autogol, 0-1 y otra vez Celtic persiguiendo el marcador después de un error propio.

Ferencvaros olió sangre. Daniel Arzani, incisivo por la derecha, dejó atrás a Cameron Carter-Vickers y obligó a Viljami Sinisalo a una gran estirada para evitar el segundo. El portero, que regresaba al once, sostuvo a los suyos en ese tramo.

Celtic respondió con empuje. Forrest siguió castigando por banda, Haissem Hassan rozó el remate en el segundo palo y Callum McGregor vio cómo un disparo desde la frontal se desviaba a córner. La grada se encendió. El empate parecía cuestión de tiempo.

Gol, respiro… y otro mazazo inmediato

El premio llegó justo antes del descanso. Minuto 44: Tierney se proyectó por la izquierda y puso un centro tenso al área. Allí apareció Mika Baur, que atacó la pelota con decisión y la reventó al fondo de la portería. 1-1. Celtic Park rugió. El momento no podía ser mejor.

Pero la alegría duró segundos.

En el 45+1, la defensa volvió a derrumbarse. Yusuf superó a Tierney, McGregor llegó tarde a la ayuda y el balón quedó para Kristoffer Zachariassen, que definió con un sutil toque ante Sinisalo. 1-2 y sensación de déjà vu: cada vez que Celtic se levantaba, su propia fragilidad le volvía a tumbar.

El descanso llegó con más preguntas que certezas. Y lo peor estaba por venir.

Arzani sentencia nada más volver

La segunda parte ni siquiera dio tiempo a asentarse. En el 47’, Celtic perdió el balón con una facilidad alarmante en la salida. Colby Donovan, recién llamado por Escocia esta semana, quedó expuesto y Ferencvaros no perdonó. La jugada terminó en los pies de Arzani, que soltó un disparo brutal a la escuadra. 1-3, silencio en las gradas y una defensa completamente descompuesta.

A partir de ahí, el partido se convirtió en un examen de carácter para los de O'Neill. Ferencvaros, cómodo con la renta, esperó y buscó transiciones. Celtic, obligado a ir a la desesperada, se lanzó hacia adelante con más corazón que claridad.

Carter-Vickers encontró a Duran en la derecha en el 67’ y su centro se paseó frente a la portería sin que Kasper Hogh lograra conectar el remate por centímetros. Benjamin Nygren probó suerte poco después con un disparo enroscado que se marchó cerca del poste. Las ocasiones llegaban, pero siempre faltaba el toque final.

En el otro área, Adam Varga sostuvo a los húngaros cuando más apretaba Celtic. En el 72’, desvió un potente disparo de Sebastian Tounekti. Un minuto después, Nygren intentó sorprenderle desde larga distancia con el guardameta muy adelantado, pero el balón se fue por encima del larguero.

La reacción existió en términos de empuje, no en el marcador. Cuando el árbitro señaló el final, los aficionados que se quedaron hasta el último segundo no se guardaron nada: abucheos claros, gestos de frustración y una sensación de inquietud creciente.

Una defensa que hace saltar las alarmas

La noche dejó una conclusión evidente: los problemas atrás son graves. Los tres goles encajados fueron, en gran medida, autoinfligidos. Fallos en despejes, llegadas tarde a las coberturas, pérdidas evitables en zonas sensibles. El tipo de errores que en Europa se pagan sin piedad.

O'Neill había introducido cuatro cambios respecto al once que perdió ante Rangers. No se notó. Ni el ajuste de nombres ni la charla tras la derrota del fin de semana lograron cambiar la dinámica. Las grandes incorporaciones ofensivas del verano, como Duran y Hogh, siguen sin marcar diferencias en los partidos grandes. Y la paciencia de la grada empieza a desgastarse.

El propio técnico lo reconoció tras el encuentro: fue “una lección europea en muchos aspectos”. Habló de la necesidad de no regalar la posesión cuando el equipo la maneja bien y de asumir riesgos, pero “en las zonas correctas del campo”. También admitió que sigue buscando su mejor once inicial. El calendario, sin embargo, no le concede tiempo.

Los abucheos finales no le sorprendieron. Recordó que ya vivió algo parecido hace 25 años y que entiende la frustración cuando el equipo retrocede el balón una y otra vez en lugar de atacar con decisión. “Es algo que tendremos que pulir”, asumió.

Rangers en el horizonte… y la presión al alza

El contexto no ayuda. Son dos derrotas consecutivas, con errores repetidos y bajo los focos más intensos del fútbol escocés. El domingo espera otro capítulo del Old Firm, esta vez en la Premiership, con el partido televisado y la clasificación en juego.

Celtic llegará a ese duelo como líder antes del parón internacional, pase lo que pase. El dato, frío, no calma el ambiente. Una segunda derrota ante Rangers en apenas ocho días, sumada a este tropiezo europeo en casa, sería difícil de digerir para una afición que hace solo unos meses celebraba un doblete de liga y copa.

La pregunta ya no es solo cómo corregir la defensa. La cuestión, a estas alturas, es cuánto tiempo tiene Martin O'Neill para encontrar respuestas antes de que la temporada cambie de tono por completo.