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Brasil y Marruecos: un estreno mundialista con gran expectativa

La pelota echará a rodar el 13 de junio de 2026, a las 22:00 GMT, en East Rutherford. No es un simple inicio de grupo: es una declaración de intenciones. Brasil y Marruecos abren el fuego en el New York New Jersey Stadium con la sensación de que un tropiezo temprano puede costar carísimo en un Grupo C que también incluye a una Escocia poderosa y a una Haití desatada físicamente.

Brasil: el comienzo del juicio a Ancelotti

El camino de Brasil hacia Norteamérica fue todo lo contrario a la tradicional marcha triunfal. La CONMEBOL les golpeó duro. Derrotas inesperadas, dudas estructurales y una herida que todavía escuece: el 4-1 encajado ante Argentina que precipitó el cambio de rumbo.

Ahí entró en escena Carlo Ancelotti. Un gigante del banquillo, pero también una anomalía histórica: el primer técnico extranjero de alto perfil que dirige a la Canarinha en décadas. Recibió una selección en cuarta posición con 21 puntos, más temblorosa que dominante. Su misión: transformar talento disperso en un colectivo fiable sin renunciar al ADN ofensivo.

Brasil cerró la clasificación en quinto lugar, asegurando el billete directo y salvando la racha perfecta de presencias en los Mundiales. No fue una exhibición de superioridad, fue una supervivencia inteligente. Lo justo para llegar vivo… y con una narrativa de redención servida para la gran cita.

Ancelotti ha armado una lista de 26 hombres plagada de campeones de Europa. La gran incógnita es el de casi siempre: Neymar Jr. El regreso del 10 a un Mundial, tras dos años y medio fuera de la selección, llega condicionado por un edema muscular sufrido con Santos. El cuerpo médico lo mima, el técnico lo protege. Estará, convivirá con el grupo, pero nadie en la concentración se atreve a asegurar cuánto ni cuándo podrá influir sobre el césped.

Mientras tanto, el peso ofensivo se desplaza con claridad hacia dos extremos que llegan con galones de superestrella: Vinicius Junior y Raphinha. El primero, bandera de un Real Madrid campeón y candidato natural al Balón de Oro. El segundo, en plena explosión con Barcelona y señalado por Ancelotti como el mejor del mundo atacando el espacio profundo. El plan del italiano es claro: Raphinha, muy adelantado, casi como mediapunta vertical, para castigar cada metro que deje la zaga rival a su espalda.

Detrás de ese vértigo, una estructura que necesita equilibrio. Marquinhos, finalista de Champions, porta el brazalete y manda en la línea defensiva junto a Gabriel Magalhães, el central del Arsenal que debe imponer jerarquía en el área propia. Por delante, un doble pivote que tendrá que correr hacia atrás cada vez que los laterales se lancen al ataque. Si esa cobertura falla, el partido puede convertirse en un ida y vuelta peligroso incluso para una potencia como Brasil.

Marruecos: de muro legendario a motor desatado

Mientras Brasil sufría, Marruecos se paseó. La clasificación africana fue una exhibición de autoridad. Ocho victorias en ocho partidos en el Grupo E, una hoja de servicios inmaculada que confirmó lo que ya se intuía tras Qatar 2022: los Leones del Atlas no habían sido una sorpresa pasajera, sino el inicio de una era.

Walid Regragui construyó un bloque compacto, durísimo, que alcanzó un histórico cuarto puesto en el último Mundial. Sobre ese impulso psicológico, el equipo arrasó en la CAF: solidez defensiva, bandas incisivas, una estructura reconocible y eficaz. Cuando decidió dar un paso al lado en marzo de 2026, lo hizo dejando un grupo maduro, confiado y con hambre de más.

Ahí entra Mohamed Ouahbi. Bélgica como país de nacimiento, Marruecos en el corazón y una reputación labrada con la U-20, a la que llevó a un título mundial en 2025. La federación no dudó: ascenso exprés al primer equipo. Y un mensaje claro: continuidad en la competitividad, giro en la ambición ofensiva.

Ouahbi no ha tocado el corazón del equipo, pero sí su pulso. Mantiene el respeto por el bloque bajo compacto que hizo célebre a Marruecos, aunque ha introducido una versión más vertical y dominante con balón. Su idea pasa por un mediocampo de tres hombres muy atléticos, agresivos en la disputa de segundas jugadas, y un uso masivo de las bandas: laterales largos, extremos que se meten por dentro, combinaciones rápidas para romper líneas.

Llega al Mundial sin grandes sobresaltos físicos. El 2-1 ante Kosovo en el amistoso de preparación dejó buenas sensaciones y ninguna lesión importante. Eso le permite presentar un once experimentado y coordinado, apoyado en pilares que ya conocen lo que es competir contra gigantes.

La gran figura estructural vuelve a ser Achraf Hakimi. El lateral derecho del Paris Saint-Germain es el eje sobre el que gira el sistema: defiende, corre, rompe por fuera, finaliza, inicia contras. Es el jugador que conecta el Marruecos de 2022 con este nuevo Marruecos más expansivo.

El otro foco está en la sangre nueva. Othmane Maamma y Yassir Zabiri, campeones con Ouahbi en la U-20, se han ganado un hueco en la lista absoluta. No parten como titulares, pero su entrada desde el banquillo promete añadir energía, descaro y piernas frescas en un torneo largo.

Dos pizarras, un mismo escenario

Ancelotti se presenta con un 4-2-3-1 maleable, pensado para mutar en un arma de contraataque vertical. Su obsesión: que, al recuperar el balón, los mediocentros miren hacia adelante sin dudar, evitando la posesión horizontal estéril. Quiere que Brasil sea un equipo que hiere rápido, que ataque el espacio a la espalda de la defensa rival con la velocidad de Vinicius, Raphinha y las llegadas desde segunda línea.

El riesgo está claro: cada subida de los laterales abre un hueco a su espalda. En East Rutherford, el reto será que el doble pivote tape esas grietas antes de que Marruecos pueda explotar las transiciones.

Ouahbi, por su parte, propone un fútbol de alto ritmo. Un equipo que no renuncia a tener la pelota, que presiona las segundas jugadas y que busca superioridades constantes en las bandas. Respeta la identidad defensiva heredada, pero no quiere vivir encerrado atrás. Su Marruecos es más ambicioso, más alto, más dispuesto a discutir la posesión.

El choque de estilos promete un duelo táctico intenso. Brasil, directa y letal cuando encuentra metros. Marruecos, paciente pero agresiva, con un plan claro para castigar cualquier desajuste.

Duelo de estrellas: Vinicius vs Hakimi

Hay emparejamientos que definen un partido. Este huele a uno de ellos. Vinicius Junior, en la plenitud de su carrera, llega dispuesto a confirmar con la camiseta de Brasil lo que ya demuestra cada semana en Europa. Velocidad, cambio de ritmo, regate, capacidad para decidir partidos.

Frente a él, Achraf Hakimi. Uno de los pocos laterales del planeta con la zancada, el físico y la lectura táctica necesarios para mirarle a los ojos en el uno contra uno. No se trata solo de velocidad, sino de concentración y temple: cada vez que Vinicius reciba abierto, la respuesta de Hakimi marcará el pulso del encuentro.

Quien domine esa banda puede inclinar todo el grupo. Si Vinicius rompe el muro, Marruecos sufrirá. Si Hakimi lo contiene y, además, consigue proyectarse al ataque, Brasil tendrá que reajustar medio plan.

Raphinha contra el corazón marroquí

Con Neymar entre algodones, Raphinha gana centralidad. No solo como extremo, sino como arma para atacar el espacio entre líneas. Ancelotti ha deslizado que quiere al jugador del Barcelona muy cerca de la línea defensiva rival, listo para recibir de espaldas, girar y lanzar a los hombres que llegan desde atrás.

Ese movimiento apunta directamente al mediocampo marroquí. Sofyan Amrabat, ancla del equipo, tendrá que seguir de cerca los desplazamientos de Raphinha, impedir que reciba limpio, ensuciar cada giro. A su alrededor, Azzedine Ounahi, Bilal El Khannouss o Ismael Saibari deberán cerrar líneas de pase, saltar a tiempo, elegir bien cuándo morder y cuándo proteger.

Si Marruecos logra aislar a Raphinha y cortar ese canal interior, obligará a Brasil a vivir más por fuera, donde sus centros deberán superar a una defensa fuerte en el juego aéreo. Si no lo consigue, la zaga africana quedará expuesta a carreras diagonales imposibles de sostener durante noventa minutos.

La batalla del área: Gabriel Magalhães y el nueve marroquí

En el área contraria se espera un duelo de pura fricción. Youssef En-Nesyri, referencia habitual del ataque marroquí, es un delantero que vive del salto, del choque, de la insistencia. No necesita muchas ocasiones para hacer daño si el servicio desde las bandas es constante.

Gabriel Magalhães, acostumbrado a la exigencia de la Premier League, deberá imponer su físico y su lectura para dominar el territorio. Cada centro lateral, cada balón parado, será un examen. Brasil no puede permitirse conceder segundas jugadas en su área ante un equipo que exprime al máximo cada balón colgado.

Plantillas con fondo de armario

Brasil presenta una nómina de porteros de lujo: Alisson, Ederson y Weverton garantizan seguridad bajo palos. En defensa, nombres como Alex Sandro, Danilo, Bremer, Douglas Santos, Roger Ibañez, Léo Pereira o Wesley complementan el eje Marquinhos–Gabriel.

En la sala de máquinas, Bruno Guimarães, Casemiro, Danilo Santos, Fabinho y Lucas Paquetá ofrecen una mezcla de músculo, pase y llegada. Arriba, el abanico es amplio: Endrick, Gabriel Martinelli, Igor Thiago, Luiz Henrique, Matheus Cunha, Rayan y, por supuesto, Neymar Jr., Raphinha y Vinicius Junior.

Marruecos responde con una estructura igual de reconocible. Yassine Bounou, Munir El Kajoui y Ahmed Reda Tagnaouti custodian la portería. En defensa, además de Hakimi, aparecen Noussair Mazraoui, Anass Salah-Eddine, Youssef Belammari, Zakaria El Ouahdi, Nayef Aguerd, Chadi Riad, Redouane Halhal e Issa Diop.

El centro del campo se sostiene con Samir El Mourabet, Ayyoub Bouaddi, Neil El Aynaoui, Sofyan Amrabat, Azzedine Ounahi, Bilal El Khannouss e Ismael Saibari. En ataque, una batería variada: Abde Ezzalzouli, Chemsdine Talbi, Soufiane Rahimi, Ayoub El Kaabi, Brahim Díaz, Gessime Yassine y Ayoube Amaimouni.

Son plantillas largas, con recursos para cambiar partidos desde el banquillo. Y en un debut mundialista, donde los nervios pesan y las piernas se cargan, los segundos tiempos suelen decidir más que los primeros.

Un grupo sin red y un estreno sin margen

Con Escocia acechando y Haití dispuesta a correr hasta el último minuto, Brasil y Marruecos saben que el margen de error es mínimo. El estreno en East Rutherford no es solo una cuestión de puntos: es una cuestión de autoridad.

Brasil busca confirmar que el turbulento camino sudamericano fue solo un prólogo incómodo antes de una gran obra bajo el mando de Ancelotti. Marruecos quiere demostrar que su cuarto puesto en Qatar no fue el techo, sino el inicio de una selección capaz de mirar a los ojos a cualquier potencia.

Cuando las luces del New York New Jersey Stadium se enciendan y el himno suene, la pregunta será inevitable: ¿impondrá su peso la historia de la pentacampeona o se abrirá definitivamente la puerta a un nuevo orden liderado por los Leones del Atlas?