Bayern Múnich sin goles: Karius detiene el récord en Gelsenkirchen
El récord se rompe en Gelsenkirchen: Karius frena a un Bayern sin colmillo
La noche en el Veltins-Arena dejó una imagen tan inesperada como contundente: Bayern Múnich, el gigante que había marcado en 59 partidos oficiales consecutivos, se marchó sin ver puerta. Y el gran responsable tuvo nombre y apellidos: Loris Karius.
Pero el primer giro del guion llegó incluso antes del pitido inicial. En la hoja de alineaciones no aparecían Harry Kane ni Michael Olise. Ambos, en el banquillo. La decisión de Vincent Kompany no tardó en levantar cejas, sobre todo cuando el vigente campeón se atascó una y otra vez contra el bloque bajo de Schalke.
Kane y Olise, tarde y casi
Kane entró tras el descanso, sustituyendo a Nathaniel Brown, con la misión de desatascar un partido que empezaba a oler a problema. Y casi lo consigue. En los minutos finales, el inglés se inventó un disparo lejano, seco, con trayectoria de escuadra. Parecía gol. Parecía el tanto que alargaría la racha.
Hasta que apareció Karius. Mano firme, vuelo perfecto, balón por encima del larguero. Un paradón de los que congelan estadios.
Olise también dejó su huella. Saltó al campo en la segunda parte por Lennart Karl y, desde un ángulo muy cerrado, obligó de nuevo al guardameta alemán a intervenir. Otro aviso, otro intento frustrado, otra confirmación de que esa portería no se iba a abrir fácilmente.
Tras el encuentro, Kompany defendió sin titubeos su apuesta inicial: “La decisión con Michael y Harry fue completamente racional. Los dos volvieron muy, muy tarde de sus vacaciones después del Mundial. No puedes simplemente decir: ‘Juegas 90 minutos, 90 minutos, 90 minutos’. El partido de copa en Osnabrück también les quitó energía. No puedes cargar siempre con todo ese trabajo a estos chicos”.
Fin de una era goleadora
El empate sin goles no fue un tropiezo cualquiera. Supuso el final de una racha histórica. Bayern llevaba 59 partidos oficiales seguidos marcando. Una serie que arrancó después de la derrota por 2-0 ante Paris Saint-Germain en el Mundial de Clubes, en julio de 2025. Desde entonces, siempre había encontrado la forma de hacer daño.
En Gelsenkirchen, no. Karius y el muro de Schalke apagaron esa maquinaria. El dato es frío, pero el impacto es enorme: se rompió una de las señas de identidad más imponentes del Rekordmeister reciente.
Kompany lo explicó desde la pizarra y desde la autocrítica. Admitió que a su equipo le faltó continuidad en la presión y constancia en el ritmo para derribar un bloque tan hundido: “Cada partido tiene su propia historia. La nuestra fue que no marcamos y el rival se fue a casa sin un solo disparo. Pero eso no debe quitarle nada a Schalke. He visto muchos partidos así. Necesitas 90 minutos de presión contra defensas como esta hasta que se rompen. Hoy no lo logramos del todo porque varias veces le quitamos el tempo al juego”.
El mensaje era claro: no bastan ráfagas, hace falta un asedio sostenido. Bayern no lo tuvo.
La noche de Karius
Más allá del debate sobre la rotación, el gran relato del césped fue el del portero de Schalke. Karius, que ha reconstruido su carrera en la Bundesliga, firmó una actuación de esas que se guardan en el archivo de una temporada. No fue solo la estirada a Kane. Fueron varias intervenciones de altísimo nivel, siempre bien colocado, siempre con una respuesta a cada intento del campeón.
Kompany no se escondió a la hora de reconocer el mérito del rival. Subrayó la disciplina defensiva local y la atmósfera que envolvió el partido: “Fue un hermoso partido de fútbol, con emoción y pasión. Hubo muchas situaciones defensivas en las que siempre tenía que pasar algo especial. Schalke lo consiguió esta noche, así que felicitaciones. Hicieron un gran trabajo y lo dieron todo. Se pudo ver”.
La descripción encajaba con lo que se vio: un Bayern dominante en territorio, pero sin la chispa final, frente a un Schalke que defendió su área como si fuera una final.
Europa espera respuesta
El calendario no concede consuelo. No hay tiempo para lamentos ni para recrearse en la estadística rota. La próxima semana arranca la aventura continental y el escenario cambia de inmediato.
El Allianz Arena recibirá el jueves al Bodo/Glimt noruego. Un estreno europeo que llega en el momento perfecto para medir la reacción del campeón. El reto es evidente: transformar la frustración de Gelsenkirchen en una respuesta feroz, recuperar el instinto dentro del área y empezar la Champions League con un golpe de autoridad antes de volver al pulso de la Bundesliga.
La racha ya es historia. La cuestión ahora es cuánto tardará este Bayern en escribir la siguiente.






