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Aston Villa y el riesgo en el mercado: ¿un nuevo déjà vu?

Aston Villa vuelve a jugar con fuego en el mercado. Y lo hace con un déjà vu demasiado reciente como para ignorarlo.

El verano pasado, en el último día de mercado, el club cerró la cesión de Harvey Elliott desde Liverpool, con una obligación de compra condicionada. Sobre el papel, un movimiento lógico: jugador del torneo en el Europeo sub-21, talento contrastado y una plantilla de Unai Emery que pedía refuerzos a gritos.

La letra pequeña lo estropeó todo. Si Elliott alcanzaba las diez apariciones, el traspaso se hacía permanente por 35 millones de libras. El resultado fue una temporada casi fantasma: apenas 278 minutos sobre el césped. Un fichaje congelado para no activar la cláusula. Un proyecto deportivo y un jugador dañados por una ecuación financiera.

Ahora, Villa regresa al mismo terreno resbaladizo. Pero esta vez, el escenario es todavía más grande.

Garnacho, el nuevo experimento caro

El club de Birmingham ha cerrado la llegada de Alejandro Garnacho desde Chelsea en una cesión de una temporada con obligación de compra condicionada. La fórmula se repite, aunque con matices. Según la información de talkSPORT, la obligación se basa en objetivos de participación y es fácilmente alcanzable. En otras palabras: todos actúan como si el acuerdo fuera, en realidad, un traspaso definitivo camuflado.

El paquete total —cesión más obligación— ronda los 43 millones de libras. Una cifra importante por un extremo que llega para elevar el techo competitivo del campeón vigente de la Europa League.

El contexto financiero lo explica casi todo. Apenas dos días antes, Morgan Rogers había tomado el camino inverso hacia Chelsea por 117 millones de libras, una operación que lo convirtió en el futbolista británico más caro de la historia y que dejó a Aston Villa con un beneficio gigantesco respecto a los 8 millones pagados a Middlesbrough en enero de 2024.

Un negocio redondo en apariencia. Y una maniobra que, contablemente, le da aire al club para esquivar el filo de las regulaciones financieras de la UEFA.

El filo de la norma: ¿intercambio encubierto?

Las cejas se levantan rápido cuando dos clubes cierran operaciones millonarias entre sí con apenas días de diferencia. El reglamento de la UEFA también mira ahí.

Las normas son claras: si dos clubes completan múltiples operaciones entre ellos en un periodo de 45 días, esas transacciones se consideran un intercambio a efectos de control financiero. En ese caso, el beneficio contable no se calcula por cada venta de forma aislada, sino por la diferencia neta entre lo ingresado y lo gastado entre ambas partes.

Traducido al caso Villa: si la llegada de Garnacho se considerara parte del mismo paquete que la venta de Rogers, el beneficio registrado por la salida del inglés se reduciría al margen entre los 117 millones cobrados y lo que se pague finalmente por el argentino. Mucho menos margen, mucho menos oxígeno para el Fair Play Financiero.

Ahí entra en juego la estructura del acuerdo. Al inscribir a Garnacho inicialmente como cedido, Aston Villa gana tiempo. Si las condiciones que activan la obligación de compra se cumplen fuera de esa ventana de 45 días, el club puede registrar ahora la venta de Rogers como un beneficio pleno y diferir el impacto del fichaje de Garnacho.

El ‘agujero’ en el reglamento de la UEFA

El periodista Ben Jacobs, en el programa Transfer Insiders de talkSPORT, detalló cómo el club ha aprovechado un resquicio de la normativa de la UEFA sobre Fair Play Financiero.

El objetivo del organismo europeo es frenar las operaciones “mutuamente beneficiosas” que, aunque se presenten como negocios separados, permiten a ambos clubes maquillar sus cuentas: una gran venta que entra de golpe en el balance anual y una compra amortizada a lo largo de varios años de contrato.

Para atajar ese juego de espejos, la UEFA introdujo la regla de los 45 días: si hay operaciones “espejo” entre los mismos clubes en ese plazo, deben analizarse como si fueran casi un intercambio, calculando el efecto neto y no cada movimiento por separado.

En el caso de Rogers y Garnacho, la clave está en la naturaleza del segundo acuerdo. Una venta por 117 millones cerrada ya, frente a una cesión con obligación de compra condicionada que, a nivel formal, todavía no se ha convertido en traspaso definitivo. Cuando la obligación se active y el dinero cambie realmente de manos, el plazo de 45 días ya habrá quedado atrás.

Según la interpretación expuesta por Jacobs, todas las partes —Aston Villa, Chelsea y el propio Garnacho— entienden que se trata de un traspaso permanente envuelto en la estructura de una cesión con obligación. Una operación diseñada tanto sobre el césped como sobre el Excel.

La letra pequeña que aún puede castigar a Villa

El plan, sin embargo, no está blindado. La UEFA también se reserva margen de maniobra.

Las normas establecen que, si las condiciones que activan una obligación de compra se consideran “virtualmente ciertas” desde el inicio, el acuerdo debe registrarse como un traspaso permanente desde el primer día, y no como una simple cesión. Es decir, si para cualquier observador razonable está claro que la obligación se cumplirá, no hay disfraz que valga.

Para Aston Villa, ese matiz es crucial. Si la UEFA interpreta que la operación de Garnacho era, en la práctica, una compra garantizada desde el principio, el club podría verse obligado a contabilizarla de inmediato como traspaso definitivo. El efecto directo: el enorme beneficio generado por la venta de Rogers se reduciría, y la maniobra para ganar margen financiero perdería buena parte de su impacto.

La única forma de que el acuerdo se mantenga como cesión en los libros desde el inicio es que el cumplimiento de las condiciones no pueda evaluarse “con suficiente certeza” en el momento de firmar. Ahí se jugará otra batalla, esta vez en los despachos y no en el área rival.

El efecto dominó sobre Nicolas Jackson

Todo esto no solo afecta a Garnacho. También condiciona los próximos pasos de Aston Villa en el mercado.

Con la ventana de 45 días aún muy presente, el club ha visto cómo se complicaba otro posible movimiento con Chelsea: la llegada del delantero Nicolas Jackson. El jugador ha sido ofrecido a Villa, y Emery lo conoce bien de su etapa en Villarreal. El encaje deportivo es evidente.

El problema es contable. Cerrar otra operación de calado con los londinenses en este mismo tramo temporal acercaría aún más la lupa de la UEFA sobre el conjunto de negocios entre ambos clubes. Y, en consecuencia, aumentaría el riesgo de que la venta de Rogers y la llegada de Garnacho se tratasen como un paquete global.

El escenario que se dibuja es claro: si Aston Villa quiere ir a por Jackson sin comprometer el beneficio máximo ya registrado por Rogers, puede que tenga que esperar a enero. O equilibrar la balanza con otra gran venta en esta misma ventana para absorber el impacto.

Emery ya ha demostrado que sabe exprimir al límite una plantilla. Ahora, la pregunta es si el club sabrá hacer lo mismo con las normas de la UEFA sin cruzar la línea. Porque entre la creatividad financiera y el castigo ejemplar, la distancia es cada vez más corta.