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Alemania asume el viaje de 600 aficionados ante precios abusivos

La protesta de los aficionados alemanes por los precios del transporte en el Mundial ha encontrado un aliado inesperado: sus propios jugadores. La selección de Alemania asumirá el coste del desplazamiento en autobús de 600 hinchas para el último partido de la fase de grupos, un gesto contundente en medio del creciente malestar por las tarifas infladas alrededor del torneo.

El duelo es de peso: Alemania contra Ecuador, el 25 de junio, en el último encuentro del Grupo E, en el Met Life Stadium de New Jersey. El problema no está en el césped, sino en llegar hasta allí.

De 12,90 a 150 dólares: el viaje que se convirtió en lujo

El trayecto en tren desde el centro de New York hasta el estadio, un desplazamiento corto y rutinario en cualquier otro momento del año, suele costar 12,90 dólares. Para el Mundial, el precio se disparó hasta los 150. Después de las críticas, la tarifa bajó, pero solo hasta los 98 dólares. Sigue siendo casi ocho veces más cara que la habitual.

Los autobuses lanzadera tampoco se libraron del escándalo. El billete, inicialmente fijado en 80 dólares para una ruta similar, se redujo a 20 tras el revuelo público. Aun así, el daño en la percepción ya estaba hecho: el viaje al estadio se había convertido en un lujo para muchos seguidores.

El gobernador de New Jersey señaló directamente al organizador del torneo. Según su versión, los precios se han inflado porque Fifa se ha negado a subvencionar los costes del transporte, a diferencia de lo que se vio en otras ediciones recientes.

Kimmich y el vestuario responden

En ese contexto, la Federación Alemana de Fútbol anunció una decisión que habla tanto de imagen como de compromiso con la grada.

«A la luz del elevado coste del viaje en autobús y tren en New York durante el Mundial, los jugadores de la selección nacional alemana han organizado transporte gratuito al último partido de la fase de grupos para 600 aficionados», comunicó la DFB.

El mensaje fue claro: si el sistema encarece el acceso, el equipo lo compensa. «El capitán Joshua Kimmich y sus compañeros cubren el coste de los autobuses que llevarán a los seguidores desde New York hasta el estadio en New Jersey para el partido contra Ecuador», añadió el organismo.

No hay cifras detalladas del desembolso, pero el impacto simbólico es evidente. En un torneo donde cada gasto parece multiplicarse, el vestuario alemán se coloca del lado de quienes llenan las gradas, cantan el himno y siguen al equipo a miles de kilómetros de casa.

De la gratuidad a la factura: un cambio de reglas que pesa

En Rusia y Qatar, los aficionados disponían de transporte gratuito para acudir a los partidos y a las fan zones. Formaba parte del paquete Mundial: entrada, ciudad anfitriona y desplazamientos básicos cubiertos, al menos en los trayectos oficiales.

Estados Unidos había asumido ese mismo compromiso en el acuerdo de sede de 2018. El aficionado viajaba sabiendo que, una vez en la ciudad del partido, el acceso al estadio no se convertiría en un segundo billete de avión.

Todo cambió con una modificación del acuerdo en 2023. La letra pequeña se movió y, con ella, el bolsillo del hincha. Se decidió que los seguidores pagarían el transporte “a coste”, una fórmula que, en la práctica, ha abierto la puerta a tarifas muy alejadas del precio habitual.

Un gesto que va más allá de un autobús

En este escenario, la decisión de la selección alemana no es solo logística. Es política, emocional y, sobre todo, muy visible. En un Mundial en el que los debates sobre precios, accesibilidad y negocio rodean cada sede, que un grupo de jugadores asuma el coste del viaje de 600 personas envía un mensaje potente.

Para esos aficionados, el camino de New York a New Jersey ya no será una carga extra. Para el resto, queda una pregunta incómoda: si los futbolistas pueden aliviar la factura de la grada, ¿hasta cuándo podrán las organizaciones seguir mirando hacia otro lado mientras el viaje al fútbol se convierte en un lujo reservado a unos pocos?

Alemania asume el viaje de 600 aficionados ante precios abusivos